Sociedad

GENTE DE AQUÍ

María Cruz Erro: "El trabajo de asistir a los enfermos me ha dado mucha paz en la vida"

La superiora de las Siervas de María cumple este domingo 60 años de profesión religiosa y lo hace en la casa de Barbastro, que en su etapa ha atendido a 230.000 pacientes

María Cruz Erro: "El trabajo de asistir a los enfermos me ha dado mucha paz en la vida"
María Cruz Erro: "El trabajo de asistir a los enfermos me ha dado mucha paz en la vida"
Á.H.

BARBASTRO.- María Cruz Erro, superiora de las Siervas de María, cumple este domingo 60 años de profesión religiosa y lo hace en la casa de Barbastro inaugurada el 19 de octubre de 1984 que se construyó tras el derribo -por estado ruinoso- de la primera, abierta el 1 de febrero de 1895. En su etapa vivió de superiora los actos conmemorativos de 125 años en Barbastro que se celebraron en la parroquia de San Francisco de Asís en noviembre de 2014 en una ceremonia que presidió el obispo Alfonso Milián.

El nombre de María Cruz Erro consta en la Bendición Apostólica del Papa Francisco, firmada en Roma el 31 de octubre de 2014, con motivo del 125 Aniversario. En la historia de 131 años en Barbastro es la sucesora de las cuatro primeras Siervas de María que llegaron a la ciudad el 31 de octubre de 1889. En el transcurso de su estancia, las Siervas han asistido a más de 230.000 enfermos, entre domicilios particulares y centros donde realizaron su labor abnegada, entre ellos Atades, durante 20 años, y Casa Amparo desde diciembre de 1989.

En más de un siglo han pasado 130 hermanas por la casa de Barbastro, la única abierta en la provincia desde que cerraron la de Huesca por falta de vocaciones. María Cruz Erro es natural de Burlada (Navarra), pero ha pasado más de media vida religiosa entre Huesca y Barbastro. "La profesión de 60 años es la consagración perpetua a Jesús. A partir de ahora, debe pedirse la dispensa si una religiosa quiere salir, pero hasta ahora no se me ha ocurrido porque estoy contenta y feliz".

En su caso concreto, tuvo clara la vocación desde que entró en el Colegio Apostólico, en Burlada. "Estuve año y medio y con 16 años me fui al noviciado. En ese tiempo, se leían libros de la fundadora santa María Soledad Torres Acosta, sobre el apostolado y labores de las Siervas. Me gustó mucho, pensé que era el camino a seguir en mi vida y así lo hice tras profesar con 19 años. En el noviciado estudiamos nociones de enfermería, más tarde tres años de ATS en Madrid y me gustaba la labor".

En sus inicios pasó por Sarriá hasta que la trasladaron a Huesca. "Estuve varios años en el colegio con chicas internas y asistía a enfermos que, en realidad, era lo que me gustaba. Me mandaron a Burlada y después a Valencia antes de venir a Barbastro, entre 2003 a 2010, en primera estancia. De nuevo a Valencia donde hice los votos y tuve la oportunidad de ir a Roma, por primera vez. El regreso a Barbastro fue posterior y aquí seguimos".

Su labor le ha permitido conocer de cerca a los enfermos en asistencias y cuidados de noche, "cada mes nos cambiaban, sobre todo si eran enfermos crónicos. Ahora como la mayoría de religiosas somos mayores solo va una hermana fija a la Casa Amparo y donde nos llaman, a veces en el Hospital. Al principio, al enfermo le cuesta algo coger la confianza y aunque sufre en su interior, se desahoga poco a poco. Las hermanas transmiten mucha serenidad y se nota. A veces te das cuenta que sufren sin decir nada".

Según su experiencia, "el enfermo quiere que se esté por él, se le atienda, sentirse comprendido y querido por la hermana. Se viven momentos tristes cuando la familia llora pero si vemos que el enfermo está sereno y preparado te quedas más conforme. Son situaciones propias de vida y te das cuenta que llegan momentos difíciles de afrontar".

La vida es tranquila en la casa, "me siento bien y contenta en Barbastro donde la gente ha sido muy cariñosa y cercana con las Siervas desde que llegaron a la ciudad. He estado en otras casas más grandes y la diferencia es notable". Viven ocho religiosas de edad media alta, entre ellas una con 90 años, "las tareas cotidianas comienzan a las seis de la mañana para rezar oraciones, laudes y desayuno, Eucaristía y trabajos de día, entre ellos poner inyecciones y tomar la tensión a quienes vienen, cada vez menos".

Los tiempos y costumbres han cambiado y decrece la imagen vespertina de la hermana con su cartera de camino hacia algún domicilio para asistir a enfermos, "aún sigue pero menos".

María Cruz Erro celebrará 60 años de profesión de forma sencilla, "con dar gracias a Dios es suficiente y he cumplido lo mejor posible. El trabajo de asistir a los enfermos me ha dado mucha paz en la vida, al principio me costaba un poco porque al terminar entraba sueño, en casa". Una de sus grandes satisfacciones ha sido "ver que los enfermos se sentían apoyados".

En cuanto a la continuidad de la casa en Barbastro, "de momento los superiores no han dicho nada -señala- y la Madre General en su última visita dijo que le daría mucha pena cerrar la casa porque es tierra de mártires". En la historia local destaca la referencia de Aurelia Arambarri, vitoriana que fue superiora en Mataró y Consejera Provincial, estuvo en la casa de Barbastro y figura entre las cuatro religiosas beatificadas por el Papa Francisco, el 13 de octubre de 2013, en la misma ceremonia que beatificaron a los benedictinos de El Pueyo.

Etiquetas