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Marcos Lera: “Me siento comprometido con Jaca, con la Iglesia y con mi comunidad”

En 2015, comenzó a dirigir Cáritas de Jaca, que desde el inicio de la crisis de la covid-19 redobla sus esfuerzos y atiende a unas 500 familias entre la capital jaquesa y Sabiñánigo

Marcos Lera: “Me siento comprometido con Jaca, con la Iglesia y con mi comunidad”
Marcos Lera: “Me siento comprometido con Jaca, con la Iglesia y con mi comunidad”
R.G.

Marcos Lera (Jaca, 1965) lleva tiempo desarrollando su fe y su compromiso con los más necesitados a través de la Iglesia. Ya era parte activa en el culto a Santa Orosia y pertenecía al consejo pastoral de la parroquia de Santiago y al de la Diócesis, en representación del Arciprestazgo Jaca-Berdún, cuando en 2015 se convirtió en director de Cáritas Diocesana de Jaca, que engloba Jacetania, Alto Gállego y parte de las Cinco Villas.

"Cuando me lo propuso el obispo, don Julián, me lo pensé, porque ya me imaginaba que trabajo había y es algo que influye en la familia, porque le dedico un tiempo que no tienen mi mujer y mis dos hijos", aseguró el jaqués, que se siente "comprometido con la sociedad de Jaca, la Iglesia y mi comunidad", por lo que aceptó una responsabilidad que compatibiliza con su labor como perito veterinario, trabajando fundamentalmente con Agroseguro.

Vista con perspectiva, la decisión fue más que acertada. "Siempre he vivido mi fe y el compromiso con la comunidad, sobre todo con los pobres y las personas en riesgo de exclusión, pero que te ofrezcan trabajar para Cáritas es un honor para cualquier católico. Es lo mejor que te puede pasar. Conoces gente nueva, haces amigos y dedicas parte del tiempo a ayudar. Es una labor que te llena y te realiza".

En la Diócesis de Jaca, hay 89 voluntarios. "Para cualquier organización del tercer sector, el reto es involucrar a la gente joven y que vean las cosas buenas que tiene el voluntariado", afirmó Marcos Lera, que anima a la ciudadanía a sumarse a la causa, porque "recibes mucho más de lo que das y más en la Iglesia".

"Se puede trabajar dando alimentos, acompañando a gente, cogiendo el teléfono, llamando a personas mayores para ver cómo están, atendiendo a chavales con problemas de drogadicción... Tareas hay un montón", agregó el jaqués. Para unirse a la familia de Cáritas se realiza un curso que informa de que "es una entidad de la Iglesia y da a conocer nuestros valores y la labor que se realiza".

"Cáritas es un reflejo de lo que es la sociedad rural y de la provincia de Huesca", por lo que su labor se ve influenciada por "la despoblación, el envejecimiento, la inmigración o la gente que viene a trabajar en el turismo". En el caso de Jaca, "es una diócesis rural, normal por extensión y pequeña por población". De hecho, "es una de las más pequeñas de España", junto a la de Ciudad Rodrigo, en Castilla y León.

Según Marcos Lera, "Jaca y Sabiñánigo son ciudades muy diferentes". Sin ir más lejos, "la crisis del Covid-19 afecta mucho más a Jaca, porque en Sabiñánigo las fábricas no han cerrado y muchas han contratado gente y trabajan con más intensidad que antes, mientras que la Jacetania depende mucho del turismo y tiene a más personas afectadas por un ERTE".

Otro factor diferencial es que "en Jaca siempre ha habido mucha población de etnia gitana, relacionada con Cáritas a través del barrio de San Jorge". Por contra, "en Sabiñánigo, hay más inmigrantes, sobre todo subsaharianos y magrebíes". En la capital jaquesa, "la mayoría de los inmigrantes que se atienden son de Sudamérica y el este de Europa".

La crisis del Covid-19 obliga a Cáritas a redoblar sus esfuerzos. "En la diócesis, estábamos atendiendo a 250 familias. Ahora, son 500. De las 250 nuevas, 200 son de Jaca y 50 de Sabiñánigo", detalló el jaqués, cuya organización realiza un seguimiento de los afectados para conocer su necesidad de alimentos o acompañamiento.

"Hay gente que estaba en un ERTE, retomó su trabajo y no necesita ayuda, pero otros trabajan en condiciones precarias, estando fijos-discontinuos o de temporada, y van a tardar más", explicó Marcos Lera. En la despensa solidaria, "ha bajado el volumen, pero sigue habiendo más demanda que antes".

Uno de sus retos es terminar con la infravivienda en el barrio de San Jorge. "A través de la fundación (Thomas de Sabba), estamos comprando pisos y recolocando a la gente, pero quedan unas 27 familias, cuando 27 pisos en Jaca valen muchísimo dinero", dijo el jaqués, para el que "hay un grave problema de vivienda en Jaca, porque es cara y escasa". "Si queremos que la gente joven y que no tiene trabajos muy buenos siga viviendo en la comarca tiene que haber vivienda más barata".

Las otras grandes lacras son la despoblación y el envejecimiento de la población. "Hay gente mayor que vive en los pueblos y que no tiene que participar en programas de Cáritas porque no tenga dinero, sino por la soledad, porque necesitan acompañamiento y por la falta de servicios. Eso también va a ser un problema en la zona".

Cáritas gestiona el albergue de transeúntes de Jaca, por el que "pasan personas que tienen problemas económicos, familiares o psicológicos y se ven abocados a vivir en la calle". Con el estado de alarma, cinco personas pasaron el confinamiento en el albergue. El perfil habitual es "un hombre de mediana edad". "Cuando vuelva la normalidad, habrá que ver si esto sigue así".

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