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Jacobo Morlán: Prendado de un camión de bomberos

"Mis amigos se marchaban a esquiar y yo iba con la ambulancia a donde hiciera falta apoyo"

Jacobo Morlán: Prendado de un camión de bomberos
Jacobo Morlán: Prendado de un camión de bomberos
S.E.

HUESCA.- Un carricoche con cojinetes baja a todo lo que da de sí por la cuesta de Santa Rosa. Dentro va gozando Jacobo Morlán Avellanas, un niño tímido, que disfruta en familia, con una marcada tendencia a ayudar a los demás y que afronta los riesgos ("no era tan peligroso porque había pocos coches en Huesca", dice). Todos esos rasgos se mantienen en el Jacobo actual, salvo el primero que superó con la edad.

Es el cuarto de los cinco hijos de Manuel y Josefina y nació el 10 de enero de 1957. La familia vivía en el número 8 de Ramón y Cajal -una casa de tres plantas que todavía conservaba las grietas causadas por una bomba que cayó durante la guerra-, donde formaron una gran comunidad con los vecinos y aún mantienen la costumbre de reunirse a cenar todos los años. Su padre trabajaba en la farmacia del Hospital Provincial y su madre, que falleció el mismo día que él cumplió 17, se encargaba de la casa.

Fue a San Viator -al inicio al colegio que tenían en Villahermosa-, una época de la que guarda buen recuerdo "a pesar de que era un poco duro". Ahora piensa que no aprovechó lo suficiente, aunque tampoco se lo pusieron fácil, considera. Junto con su hermano pequeño y de la mano de José Santolaria y Manuel Malo, ejercía de monaguillo en Santo Domingo todas las misas de los domingos. Rememora que en las bodas se llevaba la tarta a la iglesia para bendecir, y a ellos les gustaba devolverla a los novios para que les dieran "una propina, un céntimo o dos reales", para comprar regaliz y sidral.

Con sus amigos, con los que ha recuperado el contacto después de años, iba al Isuela a jugar y a coger higos en las huertas, una de ellas de su abuela, y a veces tenían que salir corriendo delante de los de la vaquería. La zona de la badina del río en El Pedregal era también punto de reunión en verano, meses en los que las salidas eran a Igriés, y en invierno a las fiestas de Apiés. Esa época sin colegio era "un salvavidas", y también tiene un recuerdo "que no se olvida" de la Navidad en casa con sus tíos y primos.

Se siente muy orgulloso de la estrecha relación que mantiene con sus hermanos -actualmente cuatro tras el fallecimiento de una hermana-, que se arroparon mucho siendo pequeños.

Empezó a trabajar muy pronto en la oficina que abrió uno de ellos y se apuntó con 18 años como voluntario en Cruz Roja. "Mi vocación de ayudar a los demás fue algo que se despertó en mí muy pronto. Mis amigos se marchaban a esquiar y yo iba con la ambulancia a donde hiciera falta apoyo".

A Jacobo Morlán no le castigaron más que una vez en su infancia y fue porque se quedó pegado al escaparate de la tienda de juguetes Las Vegas del Coso atrapado por un camión de bomberos, lo que hizo que se rezagara de su padre y hermanos. No podía imaginar entonces que llegaría a ser el jefe del Parque de Bomberos de Huesca, donde ha podido "ayudar a otros en circunstancias extremas" y sabe que su vida "ha servido para algo".

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