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¿QUIÉN SOY?

Paz Agraz: una exploradora guiada por la naturaleza

"Cuando alguien avisaba de que venía un coche, acabábamos el tanto y nos apartábamos"

HUESCA.- Cuando Paz Agraz Castillo vuelve a su infancia, se ve disfrutando en el monte con su familia y con sus amigos, siempre explorando, descubriendo, jugando. Aunque haya estado lejos, nunca le ha abandonado ese amor por la naturaleza y Lafortunada, donde nació el 23 de enero de 1964. Es la primera hija de Saturnino, que trabajaba en la hidroeléctrica de Iberduero, y de Alegría, núcleo familiar que completó su hermano Fernando.

"Mi padre me enseñó a amar la naturaleza", dice Paz, y recuerda los ratos que pasaba ya desde los tres años descubriendo todo lo que le rodeaba mientras él pescaba o cuando le adentraba en distintos paisajes montada en el manillar de su bici. Sus padres y sus abuelos son las personas que más le han influido y por quienes vivía arropada en una localidad llena de niños con quienes disfrutaba de una "total libertad" lograda porque eran "muy prudentes" y conocían los peligros, como el canal.

El grupo de siete u ocho amigos salía al monte, "barranco arriba, barranco abajo", y se inventaban aventuras al estilo de "Los Cinco" "pero en Lafortunada". Uno de los amigos "hacía los dibujos. Y luego jugábamos con la historia que nos estábamos inventando", recuerda. Practicaba también en el frontón y tenis en la carretera porque casi no pasaban coches. "Se oían mucho antes de llegar y cuando alguien avisaba de que venía uno, acabábamos el tanto y nos apartábamos". El escondite, polis y cacos, el pañuelo y la goma eran otros juegos de su infancia, y en invierno, también los de mesa como el ajedrez y el parchís.

La escuela de Lafortunada tenía entonces dos clases y cerca de 40 alumnos. Paz era buena estudiante y, de las materias, la que más le gustaba, claro, era Ciencias Naturales. En el colegio se divertía mucho. El recreo lo pasaban en la calle haciendo carreras, jugando al baloncesto, en los columpios o tirándose por un enorme tubo que había cerca. También aprendió a tocar la guitarra. "Bueno, empecé con la bandurria porque era pequeña y luego ya pasé a la guitarra. Según el tamaño del alumno se le asignaba bandurria, laúd o guitarra".

Esta niña alegre y divertida disfrutaba en Lafortunada en cualquier momento del año. "Cuando eres niño, no tienes frío ni calor y aprendes a exprimir el día a tope", dice. Sus salidas en familia aquellos años fueron en una ocasión a la playa, en otra a Bilbao -con Iberduero- y viajes a Zaragoza que para ella eran "muy emocionantes. La noche de antes no dormía", asegura.

Acabó la etapa escolar y siguió sus estudios en el Instituto de Aínsa. Luego se fue a Madrid y a Zaragoza, siempre recordando los paisajes de su tierra . "El día que me fui sabía que iba a volver, que no sería enseguida, pero que volvería" a Lafortunada, donde guarda todavía la colección de cuentos que se incluían en el chocolate y que le devuelven ese olor de su infancia. Ahora lleva desde este rincón del Pirineo su empresa, Alea Comunicación, y preside la Asociación de Empresarios del Sobrarbe desde 2015.

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