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Vicente Murillo Risueño: “Me siento un Guardia Civil más, no voy a poder desvincularme nunca”

Este militar ha ocupado durante más de 35 años la plaza de enfermero en el Comandancia de la Guardia Civil de Huesca y en el cuartel ha sido una de las personas más queridas

Vicente Murillo Risueño: “Me siento un Guardia Civil más, no voy a poder desvincularme nunca”
Vicente Murillo Risueño: “Me siento un Guardia Civil más, no voy a poder desvincularme nunca”
S.E.

Durante más de tres décadas entre los uniformes de color verde que llevan los integrantes del cuartel de la Guardia Civil de Huesca, destacaba uno de color blanco. Pero lejos de desentonar era una parte más que importante en el día a día de todos ellos y ejercía de engranaje y pieza indispensable en la Comandancia oscense. Por su dispensario han pasado en estos años tanto quienes estaban destinados en Huesca, como sus mujeres, hijos... y con todos ellos siempre ha tenido un trato exquisito: les ha escuchado, le ha ayudado, les ha dedicado su tiempo y ha estado disponible en todo momento ejerciendo en muchas ocasiones de paño de lágrimas y confesor.

Vicente Murillo Risueño (Lérida, 1958) estudió en ATS -actual enfermería- en su ciudad natal y empezó a trabajar en el hospital de Lérida. No había tenido ninguna relación con el ámbito militar, pero la decisión de pedir una vacante en Huesca le cambió la vida. Y lo hizo en lo laboral y en lo personal, ya que se autoproclama como "catalán de nacimiento y oscense de corazón" y afirma haber encontrado en la ciudad "un gran sitio en el que vivir del que me gusta todo, a Huesca no le puedo poner ninguna pega".

En diciembre de 1982 le destinaron a la capital, y un mes más tarde se incorporó a su puesto, llegó como "sargento de complemento" y desempó su labor hasta abril de 1985, en sus primeros días dice que se sintió "asustado" si bien, detalla, "mi inicio en la carrera militar supuso la inmersión en un ambiente desconocido, y por ello un tanto incierto, pero doy gracias a Dios por haber tenido la oportunidad de desarrollar mi faceta como enfermero trabajando con la Guardia Civil".

Tras dejar la capital se fue a la Academia de Sanidad para hacerse profesional y después, añade, "estuve un periodo fuera del ámbito Guardia Civil y tras completar mi formación ocupé una plaza en el batallón Estella de Navarra", hasta que en septiembre de 1987 regresó a la Comandancia donde ha ejercido hasta principio de este mes.

Tomar la decisión de dejarlo fue muy duro para él, pero sus problemas de espalda le llevaron a dar el paso, y más después de lo vivido en estos últimos meses con la pandemia en los que "todo ha sido muy laborioso al tener que cumplir a la vez con varios protocolos".

Hace casi un mes que recogió las cosas de su dispensario, y en este tiempo las muestras de cariño no han cesado y han sido muchas las ocasiones en las que, dice, "mi mujer y yo nos hemos emocionado e incluso hemos llorado con los mensajes de cariño". Aún le siguen haciendo pequeños actos de despedida y todavía "son muchos los que me llaman para hacerme consulta, sobre problemas de salud".

Y tal ha sido su implicación y dedicación que uno de los jefes que ha tenido en estos años le dijo en una ocasión: "Vicente, te vamos a regalar una estola, porque no solo nos cuidas, nos escuchas y ejerces como confesor".

Reconoce que tuvo oportunidades de cambiar y acceder a otros destinos, pero afirma, "las desestimé". Tal ha sido su vínculo con la Benemérita que reconoce: "No voy a poder desvincularme nunca, me siento un Guardia Civil más, en mí siempre tendrán un colaborador".

En casi 35 años de carrera ha vivido todo tipo de situaciones, buenas y malas, y habla de los momentos más duros. "El atentado de Sallent nos dejó a todos muy tocados, y cada vez que se ha muerto un compañero, en especial cuando no ha sido por causa natural, también ha sido muy duro". Pero también recuerda anécdotas. "El año en que estábamos celebrando los actos de la patrona en la plaza de toros, se nos escapó una vaquilla y lo curioso es que al día siguiente salió en el telediario y Carrascal decía que había sido en Huelva".

Vicente ha sido una persona muy activa, durante 12 años estuvo en Cruz Roja impartiendo cursos y llegó a ser responsable de formación y también pasó 25 años en el servicio de atención domiciliaria. Además, en el Colegio de Enfermería ostentó el puesto de tesorero formando parte de la junta de Gobierno.

Y de la mano de su hijo, en 1987, se unió a la Cofradía del Cristo Atado a la Columna donde también estuvo vinculado a su órgano de gestión.

Ahora, lejos de aburrirse ya tiene muchos planes en los que ocupar su tiempo. "Mi asignatura pendiente es la cocina, pero también quiero hacer las típicas cosas que todos decimos como andar, leer...". Gran aficionado a las manualidades, a las que desde hace años se entrega con mucha paciencia, ahora desea "mejorar en mi faceta de pintor y empezar a hacer algún trabajo con la madera".

Y sobre todo, "quiero estar con mi mujer, disfrutar de mi hijo y la familia que he formado; y de la de mi hermano, que es Guardia Civil y está destinado en Huesca", y se le ilumina la cara al hablar de "la pequeña Cayetana", su nieta.

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