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DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

Indignadas de todos los países

Indignadas de todos los países
Indignadas de todos los países

Tengo que empezar estas líneas diciendo que creo firmemente en la igualdad esencial entre todos los seres humanos, lo que significa que considero de forma innegociable que todos gozamos de la misma dignidad y que es natural, bueno y admirable que todas las personas, sin distinción, aspiren a cumplir sus mejores ambiciones. Sin embargo, no me gusta marcar lineas en el suelo para enfrentar a unos contra otros ni a otras contra unos. Y, por supuesto, tampoco estoy de acuerdo con la manipulación infantil del idioma justificada por razones ideológicas. Las cosas están en un punto que hace falta decir esto antes de expresar tu opinión, no vaya a ser que venga alguien armado con este pensamiento inquisitorial de lo que se llama políticamente correcto y empiece a crucificarme.

Con lo que aquí he dicho hasta ahora, se puede deducir que el viernes tampoco fui a ninguna manifestación con motivo del Día de la Mujer, como tampoco espero que vaya nadie a una marcha que se convocase en el día del Padre, el 19. Si uno observa las estadísticas con objetividad, España es uno de los países donde las cosas se pueden considerar con mayor optimismo, porque estamos en la zona del mundo donde ya nadie admite que se pueda discriminar a las mujeres -aunque en ocasiones eso suceda- ni la sociedad admite que se pase por alto o se justifiquen de alguna manera los crímenes ahora llamados "de género", una perversidad que en España es estadísticamente muy poco frecuente si se compara con lo que sucede en el resto del mundo. Y, si, un solo asesinato es un asesinato de más, pero si hay un grupo de países donde las mujeres pueden sentirse más seguras, España está sin duda incluída.

Entonces ¿por qué se producen estas reacciones públicas tan agudas, que se podrían atribuir a una especie de necesidad de expresar una indignación profunda? Yo entendería que fueran las mujeres de Arabia Saudí o de Senegal las que salieran a manifestar su hartazgo ante una inaceptable carga de opresión real y porque ellas si que son obligadas por los varones a renunciar a tener una vida autónoma y libre. A diferencia de lo que sucede entre nosotros, si las mujeres de Afganistán quisieran protestar públicamente, deberían enfrentarse a consecuencias terribles. Para nosotros, en las sociedades modernas como la nuestra, es tan fácil indignarse que solo hay que escoger contra qué mito quiere uno gritar, lo cual no tiene nada que ver con oponerse ante una verdadera situación de opresión y maldad. En las noticias de las manifestaciones de este viernes vi una fotografía de una joven, que supongo era musulmana porque se cubría con el pañuelo que imponen las reglas "heteropatriarcales" del islam (por usar esta definición que en este caso tiene más sentido que el que se le está dando en estos días) y que exhibía un cartel diciendo: "yo también soy una mujer, respétame", que es precisamente la expresión de lo que estoy diciendo, porque donde es fácil indignarse para una mujer es en Europa, no tanto en el país de origen de esa manifestante, donde verdaderamente las mujeres son vilmente maltratadas desde la cuna a la tumba.

Tal vez lo que sucede es que hay una parte de este ambiente efervescente que actúa de buena fe en la reafirmación de los principios de igualdad que yo comparto plenamente, pero se están dejando llevar en una dirección por otros que tienen extraños planes de ingeniería social que yo personalmente no creo que sean buenos. El éxito de una sociedad desde el punto de vista antropológico se mide por dos factores esenciales: que garantice la felicidad de sus miembros y que crezca desde el punto de vista demográfico. Si uno de las dos no funciona, esa sociedad fracasará y desaparecerá. Con esta manía de promover la indignación permanente no somos más felices y si seguimos sin tener hijos suficientes, que es lo que debería estar en el centro del debate sobre la felicidad de las mujeres, ya veremos dentro de unas décadas qué tipos de sociedades han sobrevivido y cuales han progresado. Y tal vez nos llevaremos una sorpresa desagradable.

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