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CRISIS DEL CORONAVIRUS

Suecia analiza la gestión de la covid y cree que fracasó en proteger a los ancianos en las residencias

El país, con un enfoque laxo en torno a la pandemia, está siendo golpeado por la segunda ola

Máximo histórico del índice de envejecimiento en España
Máximo histórico del índice de envejecimiento en España
S.E.

COPENHAGUE.- Suecia fracasó en proteger a los ancianos, concluyó este martes una comisión impulsada por el Gobierno sueco mientras el país, con un enfoque laxo contra el coronavirus hasta hace poco, es golpeado por la segunda ola, con el sistema sanitario saturado y un contagio creciente.

Las conclusiones, la primera parte de un informe que debe estar listo antes de 2022, apuntan a que el factor principal del elevado número de muertos en las residencias (la mitad del total) son "las deficiencias estructurales conocidas desde hace tiempo", aparte de la propagación extensa del virus en la sociedad.

Y aunque la proporción de muertos en residencias respecto al total no es distinta a la de otros países, es "evidente" que la estrategia de tratar de proteger a los ancianos ha "fracasado", señala el informe, que hace una crítica general a las autoridades.

"La responsabilidad última por estas deficiencias descansa en el Gobierno en el poder y en los anteriores, que también poseían esta información", apunta el informe.

Entre esos problemas la comisión menciona la falta de comunicación entre diferentes autoridades, de estudios previos sobre los medios disponibles en las residencias, de material protector y de personal y la tardía puesta en práctica de medidas como prohibir las visitas o hacer test a médicos y enfermeras.

"El personal de las residencias fue abandonado para enfrentarse solo a la crisis", denunció la comisión presidida por el jurista Mats Melin, que hace una crítica generalizada a municipios y regiones (responsables de la gestión), pero también a Asuntos Sociales o a la Agencia de Salud Pública (FHM), encargada de la estrategia general

La comisión, que critica la capacidad del personal y el exceso de empleados a tiempo parcial, considera "inaceptable" los casos de residentes que no recibieron atención médica individualizada o ni siquiera fueron examinados, algo ya denunciado hace unas semanas en otro informe el Servicio de Inspección de Sanidad.

Dos estudios de Kommunal, principal central sindical, revelaron esta semana que las residencias con más contagio eran también las que disponían de menos personal en general y más eventuales contratados.

Durante la presentación del informe, la ministra de Asuntos Sociales, Lena Hallengren, admitió la falta de unas reglas claras para las residencias y un cuidado "desigual" y anunció una reforma legal para el sector tras "décadas" de "descuidos".

CONTAGIO CRECIENTE EN EL PAÍS

Suecia, el país más golpeado en Escandinavia por la pandemia, notificó hoy 153 fallecidos desde el viernes, hasta un total de 7.667, y 341.029 casos, con una incidencia de 774 por 100.000 habitantes los últimos 14 días.

Aunque el escenario presentado hace tres semanas por la FHM apuntaba a que la segunda ola alcanzaría su pico a mediados de diciembre, Sara Byfors, experta de esta agencia, admitió hoy en rueda de prensa que el contagio sigue siendo "creciente".

De las 21 regiones suecas, diez están en situación de "refuerzo", pero ninguna en estado "crítico", y hay una capacidad disponible de UCI del 21 %, aunque con diferencias regionales importantes y una sanidad "duramente saturada" en todo el país, señaló Johanna Sandwall, de Asuntos Sociales.

El director de Sanidad de la región de Estocolmo, Björn Eriksson, habló en otra comparecencia de situación "histórica" y "muy grave", peor que la primera ola, con las UCI saturadas, aunque se ha ampliado capacidad, y falta de personal, lo que le ha llevado a proponer que se aplacen operaciones no urgentes y a recurrir a la sanidad privada.

"Esperamos lo mejor, pero nos preparamos para lo peor", dijo Eriksson, cuya región junto con las 20 restantes acordó hace un par de días un plan para incrementar las camas en UCI en el país.

GIRO A LA ESTRATEGIA SUECA

A diferencia del resto de países nórdicos, Suecia optó de inicio por muchas recomendaciones apelando a la responsabilidad individual y alguna prohibición, pero con la llegada de la segunda ola de coronavirus el Gobierno ha decidido un papel más protagonista.

Así, se han prohibido las reuniones públicas de más de ocho personas y la venta de alcohol a partir de las 22 horas, además de fijar el cierre del ocio nocturno a las 22.30 y establecer la enseñanza virtual en institutos y universidades hasta enero, que en Estocolmo se ha extendido también a las escuelas.

La Agencia de Salud Pública, encargada de marcar las directrices, sigue sin embargo sin recomendar el uso de mascarillas fuera de hospitales o residencias de ancianos, al considerar que no hay evidencia científica suficiente.

"Creo que la mayoría no vio venir una segunda ola, se hablaba de brotes por grupos", dijo hoy en una entrevista al diario Aftonbladet el primer ministro socialdemócrata Stefan Löfven, en una crítica velada a la FHM, que ha perdido protagonismo en las últimas semanas.

El Gobierno socialdemócrata presentó la semana pasada un proyecto de nueva ley epidémica que permitiría cerrar la hostelería y espacios públicos, una posibilidad que ya le concedía otra ley temporal de urgencia vigente hasta junio que nunca fue aplicada ni renovada.

El Ejecutivo sueco lanzó además ayer una campaña en la que se informa a través de mensajes de texto enviados a 22 millones de móviles de nuevas recomendaciones nacionales de la FHM.

Aunque durante el principio de verano hubo algunos ataques de la oposición al Gobierno y una veintena de científicos que trabajan en Suecia han sido muy duros con las autoridades, la mayoría de las críticas han llegado del exterior, mientras el apoyo al Ejecutivo no parece haberse resentido en los sondeos.

Suecia ha sido el Estado más afectado en Escandinavia, aunque lejos de países como España, Italia, Francia o el Reino Unido, si bien su tasa de mortalidad de 73,79 por 100.000 habitantes es cinco veces superior a la de Dinamarca y diez a la de Noruega y Finlandia.

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