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DOMINGO - OJO AVIZOR

Los bebés del año de la covid, unos alumbramientos en medio del caos

Veintisiete niñas y niños han disfrutado sus primeras navidades en Sariñena, en las que se reunieron con sus madres y padres para simbolizar el gran contraste de la vida

Los bebés del año de la covid, unos alumbramientos en medio del caos
Los bebés del año de la covid, unos alumbramientos en medio del caos
M.B.

Dentro de unos años, a estos niños y niñas les dirán que llegaron en el año de las mascarillas, de estar confinados en casa, de las noticias diarias sobre los contagiados y sobre los que se iban, el año en que el mundo estaba al revé... si bien, también les dirán que fue el año de escuchar a quienes más queremos por teléfono o vídeo llamada, de salir al balcón y emocionarnos con los aplausos y las historias de vecinos que apenas conocíamos, el año en que se demostró la solidaridad del ser humano.

A estos 27 niños y niñas, empadronados en Sariñena y nacidos en 2020, la vida les sorprenderá igual que a todos los pequeños nacidos en otros años, con sus caídas al comenzar a andar, de las que se levantarán una y otra vez y de las que se volverán más fuertes, de las que aprenderán a correr, a confiar en su poder para cambiar lo que parece imposible de cambiar. Les recordarán que uno de los símbolos fue el arcoíris, un puente de solidaridad y fraternidad donde antes solo había nubes.

Por ello, sus mamás y papás, esta Navidad tuvieron una especial iniciativa. "Empezó en el grupo de las que íbamos juntas a clases de preparto para hacernos una foto con nuestros bebés en el tradicional Papá Noel de la Floristería Canales y de este grupo sumamos a los veintisiete nacidos en 2020, por lo que tuvimos que cambiar la ubicación a la plaza del Ayuntamiento, para mantener las distancias de seguridad", explica Miriam Aznar, madre de Leyre, que, en marzo, cuando millones de personas estaba encerradas en sus casas, nació en el hospital San Jorge de Huesca. "Era la primera semana de la pandemia", recuerda Miriam sobre la incertidumbre y temor que llegó a pasar. "Llegamos a urgencias cuando todavía no existían ni protocolos, ni epis,... Al día siguiente los sanitarios ya llevaban mascarilla".

Miriam puedo estar con su marido... "hasta que me metieron en quirófano para hacerme la cesárea". Al ser la segunda niña, los abuelos tuvieron la suerte de conocerla al salir del hospital "Naya, mi hija mayor, estaba con ellos y al pasar a recogerla, conocieron a Leyre, después estuvimos dos meses sin salir de casa, salvo a las visitas de los médicos", cuenta Miriam, a la que se le hizo muy largo ese tiempo, "y muy duro, con los abuelos tan cerca y no poder verlos". Además, Naya, como tantos otros pequeños, también ha cambiado, "se ha vuelto más vergonzosa con la gente".

Al igual que Leyre, Sofía nació en marzo: "Llevábamos quince días de confinamiento, ya no pude tener ni la última cita con la matrona, porque cogió el virus, ni correas. Además, fuimos los primeros a los que no nos dejaron entrar a los dos al parto, estuve sola toda la dilatación. Menos mal que me dejaron el móvil y así informaba de cómo estaba", explica Cristina Martínez sobre la llegada de Sofía en medio de un caos total. "Yo estaba en la 2ª planta y mi madre, trabajando en la 5ª, donde estaban todos los contagiados, por lo que tardó mes y medio en conocer a su primera nieta y la otra abuela casi 3 meses, porque estaba en su segunda residencia".

Fue en abril cuando llegó el primer niño, pero Saúl tenía mucha prisa. "No dio tiempo de nada, empecé con molestias a las 4 de la madrugada y a las 5 ya estaba en mis brazos", señala Lavinia Popescu, la mamá de Saúl, que estaba guardando reposo por el embarazo en casa de sus padres de Sariñena, mientras su marido, David Andrade, se encontraba en Poleñino. "Aún llegué a tiempo para el nacimiento", rememora emocionado por la llegada de su segundo hijo.

Los veintisiete bebes sariñeneses, nacidos de mamás coraje, que pasaron unos partos en pleno confinamiento, sin acompañantes, sin visitas a la matrona, mamás y bebés que no tuvieron casi abrazos de familiares ni de amigos, que llegaron al mundo en una situación jamás vivida, difícil y muy extraña, pero crecieron en un ambiente de mayor intimidad familiar, producto del aislamiento y que dentro de unos años les dirán que nacieron en el año en el que pensamos que el calendario nos había robado días.

Ellos y todos los niños y niñas nacidos durante aquellos meses de confinamiento y entre miles de fallecidos debido al agresivo ataque de la Covid-19, tienen unos padres que han vivido situaciones tan paradójicas como alucinantes, niños que siempre escucharán hablar de los días en los que vinieron al mundo. ¡Decirles que vinieron para dar más vida a la vida!

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