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COLABORAN: CAJA RURAL DE ARAGÓN Y DIPUTACIÓN PROVINCIAL DE HUESCA

“El ‘Erasmus rural’ fue el empujón para decidir vivir en Villanúa”

#CONTRALADESPOBLACION

Adriana Germán ha apostado por quedarse en Villanúa.
Adriana Germán ha apostado por quedarse en Villanúa.
fernando

ADRIANA GERMÁN hizo un día la maleta para realizar prácticas universitarias, el llamado ‘Erasmus rural’, en Villanúa. Iba para tres meses y ya no ha vuelto a Zaragoza. El programa ‘Arraigo’, dirigido ya a los graduados, le permitió encontrar una ocupación en la que poder desarrollar conocimientos aprendidos y, por otro lado, cumplir un sueño de probar a vivir en el medio rural sin demasiado riesgo. Aquello fue el pasado verano y medio año después, Adriana, de 24 años, sigue viviendo en dicha localidad de la comarca de La Jacetania y trabaja en un hotel en Jaca. Tiene claro que no se mueve de ahí.

“El ‘Erasmus rural’ fue el empujoncillo para decidir vivir en el pueblo”, explica, una idea que le rondaba durante años y esta oportunidad le ha allanado el camino. Este es uno de los objetivos de este programa de la Universidad de Zaragoza y la Diputación Provincial de Huesca, que ofrece oportunidades a los estudiantes que no han acabado la carrera universitaria, a través del programa ‘Desafío’; pero también a los titulados a través de la vía ‘Arraigo’. Y para ella ha sido eso, afianzar su arraigo porque su familia es de Villanúa, así que el lugar lo conocía de sobra de ir los fines de semana, pero le permitió dar el salto de irse a vivir allí, porque siempre lo tuvo en la cabeza.

Cuando Adriana se enteró de esta opción no se lo pensó dos veces y buscó la fórmula para desarrollar un proyecto. Graduada en Historia del Arte por la Universidad de Zaragoza y con un Máster en Museos: Educación y Comunicación, que se imparte en el campus de Huesca, estaba convencida de que en el medio rural había posibilidades. Precisamente, una de las inercias que pretende vencer el programa es que los estudiantes vean el medio rural como una oportunidad cuando se plantean el desarrollo de su vida profesional.

Inicialmente, Adriana Germán probó a través de la Comarca de La Jacetania, pero por el tipo de convocatoria encajaba mejor con el Ayuntamiento de Villanúa y ahí se fue, con las prácticas por las que cobraba 600 euros al mes. Pasó los tres meses de verano colaborando en la biblioteca, donde puso en marcha, con el apoyo de la encargada del centro, “un programa de dinamización cultural de recuperación de la memoria del pueblo”.

Con la colaboración de una artista local, montaron una exposición para mostrar las experiencias de la más de media docena de personas mayores que colaboraron. La artista creó un serie de esculturas de árboles con las que colgaron unos papeles con los testimonios e invitaron a los mayores del pueblo a visitarla. Además, también ofrecieron un pequeño ciclo de documentales relacionados con la temática de la memoria y aún quieren cerrar otra acción.

“Ahora trabajo en un hotel en Jaca, porque esta zona está muy enfocada el turismo y es más fácil encontrar empleo en este sector”, indica, mientras expresa su satisfacción con lo que está haciendo. Con todo, en cuanto a si cree que hay oportunidades en el medio rural para la dinamización cultural lo tiene claro: “Aquí hay muchas oportunidades, pero también muchas dificultades”. Con todo, resalta que hay varias empresas en la zona que se dedican a eso.

Aunque la percepción es que los estudiantes a veces se platean más el Erasmus internacional, porque está más extendido en la sociedad, Adriana tiene claro que “no es incompatible”. “También me fui a Florencia y esa experiencia no la cambiaría por nada”, comenta, pero a esta opción también le ve la ventaja de que no solo es para estudiantes sino también para graduados. “Están muy bien si tienes la intención de ir a un pueblo, pero igual sí que tienes que ir más convencido”, matiza.

Realmente, “no echo nada en falta. Mi vida social es la que he hecho toda la vida con mis amigos de toda la vida porque venía los fines de semana. Mi vida social también es ir al monte y para eso es un privilegio vivir en Villanúa”, comenta. “Podría echar de menos un museo grande, pero tampoco lo tenía en Zaragoza y, al final, es irte un fin de semana a Madrid”, añade, porque aunque viviera allí tampoco iría todos los días. Adriana está muy a gusto en su trabajo en el hotel y con su vida en Villanúa. El ‘Erasmus rural’ se acabó pero ella permanece.

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