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Carmen Barrantes: "Todos los premios que he ganado están en Huesca y aquí van a seguir"

La actriz se ha convertido en una auténtica dama del teatro nacional, una labor que se ha visto recompensada con dos Premios Max 

Carmen Barrantes.
Carmen Barrantes.
Javier Navarro

Además de por Navidad, usted siempre vuelve a casa por San Lorenzo.

—Vuelvo a Huesca siempre que puedo, siempre que tengo unos días libres y tengo la necesidad de ver a los míos y escaparme del ruido de Madrid.

Cuando vengo, siempre lo disfruto muchísimo. Mi familia y mis amigos están aquí y para mí es una parte muy importante de mi vida. Es volver a casa en el sentido más amplio de la palabra.

Durante estas fechas laurentinas tan especiales que estamos viviendo, ¿cómo se siente al vestirse de blanco y verde?

—Creo que para todos los que somos de aquí es algo bastante difícil de definir qué significa vestir de blanco y verde.

Me di cuenta con más fuerza el primer año que vestí a mi hija Juana -que en ese momento tenía cinco meses- de blanco y verde. Le puse una pañoleta con su nombre y las alpargatas. Fue un momento realmente precioso.

Durante el resto del año, ¿podría decirse que su vida es “puro teatro”?

—Sí. Es mi profesión, mi pasión y mi vida. Me siento una privilegiada que está rodeada de gente talentosa y con un amor enorme por este oficio que es duro y bellísimo a partes iguales.

Sus comienzos en el mundo de la interpretación fueron en su querida tierra. ¿Qué personalidades del sector de la provincia altoaragonesa le alentaron más en esos inicios?

—Hay cuatro nombres clave para mí: Teresa Moreno, Javier Brun, Luis Margalejo y Toño Viñuales. Sin duda son giros de timón que hacen que hoy esté aquí y que mi carrera sea la que es hoy en día.

Sabemos que desde hace años reside en Madrid. ¿Qué le aporta la gran ciudad?

—Madrid es una cuidad magnífica en la que todo cuesta mucho esfuerzo, pero es un imán para cualquier persona que tenga inquietudes artísticas.

¿Dónde guarda sus dos Premios MAX?

Todos los premios están aquí en Huesca en casa de mi madre y aquí van a seguir.

¿Qué es lo que más echa de menos de Huesca cuando está lejos de casa?

—Sobre todo echo de menos la cercanía, tanto la física como la humana. El pasear sin ruido, mis amigas, mi familia, el coso, los encuentros,... Volver a donde empezó todo para poder seguir.

¿Alguna vez sueña con montar una compañía en Huesca y volver a casa?

—Siempre fantaseo con alguna posibilidad así. Mi profesión es muy misteriosa y todo puede cambiar en un día, así que nunca se sabe lo que puede pasar. Pero claro que me veo viviendo aquí cuando sea una abuelita con moño blanco.

Este diario intenta hacerse eco de todos sus éxitos profesionales desde el principio de su carrera. ¿Se siente profeta en su tierra?

—Siento un profundo cariño, un respeto y un reconocimiento tanto de los medios de comunicación como de los oscenses. Siempre que tengo oportunidad lo agradezco, porque me parece un gran regalo que sea así.

Sin duda, usted merece una calle o una plaza con su nombre en Huesca. ¿Cree que este reconocimiento llegará algún día?

—No creo que sea merecedora de algo así, pero si algo me haría ilusión es ver a Alegría, del Bar Brasil, tirar el cohete el día 9 de agosto por las fiestas de San Lorenzo. Eso sí que sería una auténtica fantasía laurentina. 

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