Comarcas

NATURALEZA

Los mejores bosques de la provincia para disfrutar de la magia del otoño

La Pardina del Señor, San Mamés, Gamueta o Betato ofrecen su paleta de colores

Espesura forestal del bosque de la Pardina del Señor, donde predomina el abeto y el pino silvestre, mostrando una significativa diversidad de colores.
Espesura forestal del bosque de la Pardina del Señor, donde predomina el abeto y el pino silvestre, mostrando una significativa diversidad de colores.
Eduardo Viñuales

CAE EL OTOÑO en el Alto Aragón, una estación de cambio, transición a un tiempo nuevo. A pesar de las altas temperaturas registradas este año, los bosques caducifolios de la provincia han comenzado a exhibir una infinita amalgama de colores, del ocre al amarillo, como si de una fiesta de despedida se tratase antes de afrontar el frío en completa desnudez. La biodiversidad se muestra con total plenitud, algo que no escapa a los turistas y vecinos de Huesca, que visitan sus parques dispuestos a disfrutar de estas maravillosas vistas. Muchos de estos lugares, protegidos en la Red Natura 2000 y que pasan inadvertidos, se convierten en un regalo para la vista.

Es el caso del bosque de la Pardina del Señor, ubicado en la carretera entre Fanlo y Sarvisé. El tramo adquiere una coloración especial, con diversidad de especies que se combinan, como el abeto o el pino silvestre. Existe un sendero GR que une Fanlo y Buesa, “pero dentro del bosque no se percibe la sensación que tienes desde fuera. Es mejor verlo desde la carretera”, remarca Eduardo Viñuales, naturalista, fotógrafo y escritor aragonés.

Álamo temblón, árbol de fronda perteneciente a la familia de las salicáceas.
Álamo temblón, árbol de fronda perteneciente a la familia de las salicáceas.
Eduardo Viñuales

Es una combinación de pinos y abetos verdes, con especies de hayas doradas, abedules y chopos lombardos amarillos, cerezos silvestres rojos, arces y, los más llamativos, los álamos temblones, que se encienden como en una especie de llamarada del verde, al amarillo, al rojo más vivo”, describe el escritor.

Viñuales cuenta una anécdota acerca de este lugar, visitado hará tres años por componentes de la revista de medioambiente Ballena Blanca para observar el otoño en Ordesa. “Antes de hacerlo, quedamos en Sarvisé para presentarnos y hacer un preámbulo en el valle. Una mujer se echó a llorar de emoción. Alguien dijo, eso es el síndrome de Steandhal. Lo había oído alguna vez pero tampoco era consciente de lo que era. Ante esta emoción, su cuerpo reaccionó así, algo maravilloso de ver”, evocó.

Ramaje de Haya captado durante el período otoñal, árbol cuya longevidad puede alcanzar los 250 años.
Ramaje de Haya captado durante el período otoñal, árbol cuya longevidad puede alcanzar los 250 años.
Eduardo Viñuales

No concluye aquí el viaje, ya que el naturalista nos transporta al nacimiento del río Isábena para vivir la inversión térmica. “En el congosto de Obarra, los bosques, que siempre están ordenados por pisos bioclimáticos, invierten su orden natural. Al fondo de los barrancos se abriga un bosque más húmedo que el que está por encima”, apunta.

Por ello, encinas y robles están en las partes altas de los cañones y hayas, pinos y arces están en el fondo de los valles. Desde un mirador en la carretera se aprecia la variabilidad de colores.

La mano del hombre

San Mamés, en San Juan de Plan, es un paisaje más humanizado. “El hombre interviene con un mosaico de campos, hierba y bosques naturales”, cita Eduardo Viñuales. Hace su aparición el fresno, que antiguamente y aún hoy, lo escamondan para que perviva y cuyas ramas sirven de forraje para el ganado.

En lo que respecta a la fauna, en los bosques caducifolios predominan las aves forestales. Además del abundante jabalí, destacan los pájaros carpinteros, el lirón gris o la becada. En los parajes más húmedos es muy típica la presencia de salamandras, el corzo, la garduña, la ardilla... “Componentes vivos de estos escenarios”, celebra Eduardo Viñuales.

Las leyendas

El bosque por excelencia del otoño es el hayedo. Está repartido por toda la provincia, en invierno parece ceniciento, apagado, puede aparentar estar muerto o quemado, pero durante la primavera se pone verde, sombrío y casi no crecen otros árboles que le hagan competencia a su interior. “Por todo ello es mágico, fresco, agradable, que se despide de la protección que tiene con un despliegue de colores desde el verde al dorado viejo y finalmente, al marrón”, incide Viñuales.

Los valles occidentales, limítrofes con Navarra, cuentan con un gran patrimonio de hayedos en Ansó, Hecho y Aragüés del Puerto. Entre ellos, el Bosque de Gamueta no es muy anciano, con alrededor de 100 años de edad, y es el hogar del oso pardo y el pico dorsiblanco.

Cualquiera de estos parajes se prestan a la leyenda. Entre Tramacastilla de Tena y Piedrafita de Jaca, se encuentra el Bosque del Betato (Bosque Vedado), donde se reunían las brujas a realizar sus aquelarres. “Cuando uno se adentra a este bosque, visitado por la niebla, silencioso, misterioso... Sientes que estás entrando en un terreno prohibido”, advierte Viñuales.

Ha empezado a nevar en las cumbres, el calor se ha ido, los fenómenos atmosféricos hacen su gran aparición. Este espectáculo natural que se vive en el Alto Aragón cada noviembre no requiere de grandes inversiones o la mano del hombre, es un regalo“, concluye el naturalista. 

Etiquetas