Alto Gállego

COLABORAN: CAJA RURAL DE ARAGÓN Y DIPUTACIÓN PROVINCIAL DE HUESCA

Una pasión convertida en negocio para cambiar la capital por el medio rural

#CONTRALADESPOBLACIÓN

Luna Mon es el resultado del sueño de Nacho Ruiz.
Luna Mon es el resultado del sueño de Nacho Ruiz.
Mercedes Portella

Nacho Ruiz es de Zaragoza. Siempre ha estado muy vinculado al Pirineo. “Desde pequeño he sido montañero, mi padre esquía desde hace 60 años, cuando no había ni pistas. Yo siempre he estado muy en contacto con la montaña y a la nieve”, confirma.

El 1 de julio del año pasado abrió en Borrés, municipio de Sabiñánigo, la residencia canina Luna Mon. Luna, porque le gusta mucho la luna, “soy un poco lunático, en el buen sentido de la palabra, y Mon porque es el nombre de mi primera perra que este mes de mayo hubiera cumplido quince años, por eso se llama así este proyecto”.

Desde muy pequeño la naturaleza ha sido la pasión de Nacho, también de los animales, la montaña y el aire libre. Confiesa que a pesar de que siempre le gustaron los perros, la movilidad de su vida laboral nunca le permitió tener perro propio. En su carrera profesional este emprendedor ha sido bombero forestal, agente de protección de la naturaleza, guía de montaña, educador medioambiental, técnico de senderos, ha realizado trabajos forestales y de jardinería, y otras labores también en contacto con la naturaleza. “Mis trabajos siempre han estado relacionados con el medio ambiente”, indica.

“Mis trabajos siempre han estado relacionados con el medio ambiente”

Explica que en el año 2005 entró a formar parte de la organización de la “Monegros, Travesía con perros de tiro”, que le permitió conocer el mundo del deporte canino. En 2007 llegó a su vida su perrita Mon, en 2010 amplió la familia perruna con Kooa y ahora con Cory. En 2012, participando en una carrera de mushing, la Finmarksløpet, le surgió la posibilidad de trabajar en Noruega, en una compañía de excursiones en trineo de perros, y en 2013 se fue allí para un año y se llevó a Mon y a Kooa. “Y ya volví con la idea de Luna Mon. De mi estancia en Noruega me traje el modelo de residencias caninas que allí había visto”. Y dicho y hecho, después de darle muchas vueltas, lo que fue una idea se ha convertido en realidad y está a punto de cumplir el primer aniversario. “Todavía no se están cumpliendo las expectativas que yo tenía para con este proyecto porque la pandemia ha hecho cambiar muchos planes a vecinos y turistas, y se está notando. En noviembre pasado bajó mucho la demanda de este servicio, en diciembre también, luego, tuve problemas con las instalaciones cuando llegó la nevada porque no estaban preparadas para ello, y mis padres pillaron la covid y tuve que cerrar la residencia dos meses, así que, hasta Semana Santa no hubo nada, esos días tuve las plazas de la residencia completas y el verano pinta bien”.

Su idea, comenta, era contratar una persona “pero de momento no se ha podido y estoy yo solo, y hasta que esto no arranque del todo no me puedo permitir contratar a nadie”. En la residencia canina que ha montado tiene habilitados 12 boxes con capacidad para unos 20 perros, “porque si me traen más de uno pueden compartir box. En estas instalaciones el perro es como si estuviese con el dueño. Hay muchas horas de recreo y de jugar con otros perros, es un modelo bastante abierto. No es traer al perro y tenerlo encerrado en unos pocos metros cuadrados hasta que vengan a buscarlo sus dueños, eso no, yo quiero que el perro esté feliz y tenga ganas de volver”.

Este zaragozano afincado en Borrés argumenta que montar la residencia canina fue complicado y tuvo momentos difíciles. “Tuvimos un montón de problemas, retrasos de autorizaciones, luego vino el coronavirus, las nevadas... La verdad es que ha sido una odisea montar todo esto, pero ha merecido la pena. Estoy muy satisfecho con el resultado y la gente que la ha utilizado y la utiliza, está muy contenta. Tengo muchos clientes que repiten, que cuentan con mis servicios para lo que necesitan, para hacer un viaje, para ir de médicos, para ir de comida familiar o con los amigos, y me traen aquí a sus perros”.

Explica orgulloso que Luna Mon es el resultado de un sueño que le ha llevado a convertir una pasión, los perros, en una forma de ganarse la vida. “El servicio que aquí se ofrece es a la carta, a demanda del cliente. Aquí prima el cliente, y creo que en ese sentido sí que he cumplido con lo que quería que fuera este proyecto”. En este sentido dice que la gente que se va de vacaciones puede dejar en Luna Mon a su perro, “y quienes vengan de otros lugares a pasar aquí unos días y no puedan dejar a su perro en el hotel o en el apartamento, también lo pueden traer, incluso quienes vengan a pasar el día, por ejemplo, a esquiar o hacer barrancos, también lo pueden traer. Y quienes vengan para más días pueden dejarlo en la residencia y venir a buscarlo para estar un rato con él y luego traerlo de vuelta hasta que terminen sus días de vacaciones”.

"El servicio que aquí se ofrece es a la carta, a demanda del cliente. Aquí prima el cliente"

Nacho ha mimado con detalle las instalaciones para que el perro se encuentre cómodo. “Me gusta que el cliente que viene por primera vez visite la residencia, las dependencias con los boxes y la zona de recreo, es importante que vea dónde deja a su perro. Además, también tenemos el servicio de recogida y de entrega en el domicilio o donde el cliente me diga. La idea es adaptarnos en todo momento al cliente, darle facilidades, y cuidar siempre muy bien a los perros”, especifica.

Cuando está a punto de cumplirse un año de la apertura de la residencia canina, Nacho está orgulloso de lo que ha conseguido, aunque todavía le quede mucho por hacer hasta tener su proyecto desarrollado al cien por cien.

Para este joven emprendedor no ha sido difícil adaptarse a vivir en el Pirineo, en la montaña, en Borrés. Es un enamorado de la montaña y de los perros. “Yo si hubiera montado esta residencia canina en una capital, a nivel personal estaría peor”.

Los perros jugando en las instalaciones de la residencia canina de Borrés.
Los perros jugando en las instalaciones de la residencia canina de Borrés.
Mercedes Portella

Apunta contundente, que, a pesar de ser nacido en Zaragoza, “soy rural. Y eso que aquí no tengo electricidad ni ayudas para ponerla, ni ayudas para poner agua. Las ayudas que he solicitado me dijeron que podían ser de hasta un 40 o 45 por ciento, pero han pasado de un poco más de un 10 por ciento, y claro, emprender así es una locura, pero claro, si te atrae el medio rural, pero te lo ponen difícil para emprender aquí, pues puedes llegar a pensar que hubiera sido mejor quedarte en casa con tus padres, pero no es el caso”.  

Borrés: un pueblo de 15 habitantes con mucha historia

A 860 metros de altitud, a casi 7 kilómetros de Sabiñánigo, dirección Jaca, se encuentra el pueblo de Borrés, con 15 habitantes, aunque en época de vacaciones y fines de semana estos se incrementan. Borrés es uno de los 53 núcleos del municipio de Sabiñánigo.

Se ubica en pleno solanar de la Val Ancha, su arquitectura popular responde a las mismas características visibles de la zona, si bien ha sufrido continuas transformaciones. Su iglesia se construyó entre los siglos XVII y XVIII, tiene una nave rectangular terminada en un ábside poligonal y la cubren bóvedas de lunetos.

Los tejados de las casas presentan unas chimeneas troncocónicas muy típicas en tierras pirenaicas.

Muy cerca de Borrés se encuentra la planta de almacenamiento de Enagás. El almacenamiento subterráneo Serrablo fue el primer campo de gas de España convertido en almacenamiento tras finalizar su fase de explotación en febrero de 1989. 

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