Bajo Cinca

BAJO CINCA - PUEBLOS LLENOS DE VIDA

Miralsot. Una buena mirada a los sotos del río Cinca

El núcleo mantiene abierta la escuela con más de diez alumnos

Miralsot. Una buena mirada a los sotos del río Cinca
Miralsot. Una buena mirada a los sotos del río Cinca
S.E.

No es necesario, ni hace falta siquiera, alcanzar el rango de municipio para tener personalidad propia. A Miralsot, la personalidad se le cae de tejados y calles, de sendas y barrancos y de sus propias gentes, las que se quedaron y las que se fueron porque el mundo tiene derecho a disfrutar del talento de un buen miralsotano o miralsotana, que para el uso da lo mismo.

Miralsot es un pueblo de unos doscientos ochenta vecinos, y aún sin ser municipio, ni tener Ayuntamiento, cuenta ya con más habitantes que Chalamera, por ejemplo y mantiene abierta la escuela con más de diez alumnos, que forma parte del CRA Ribera del Cinca, tiene piscina y cementerio propio, como instalaciones más destacadas.

Además de un bar social que regenta la Asociación de Vecinos de Miralsot. Por si fuera poco, este año han conseguido formar un equipo de fútbol sala que compite en la Liga Comarcal del Bajo Cinca. Y, si no pasa nada, el próximo año Miralsot estrenará una Estación Depuradora de Aguas Residuales.

Miralsot está situado en la periferia de Fraga. El núcleo urbano se sitúa en lo alto de una loma junto a la carretera A-131, entre Fraga y Velilla de Cinca.

La población ocupa un balcón privilegiado sobre el valle del río Cinca, con sus sotos, sus tupidos bosques de ribera que lo hacen inaccesible en buena parte de su trazado, y la fértil vega que baña sus aguas, la huerta que los vecinos han sabido aprovechar con un sistema de riegos que data de la época de dominación árabe y que antaño produjo higos y hoy son zona de extensas plantaciones de fruta dulce.

Buena parte de las familias de Miralsot viven de la agricultura, de la fruta que plantan en la huerta, pero también en las planicies de los Omprius, puntos verdes entre los barrancos que conducen hacia el Sureste a los Monegros.

Para llegar a Miralsot, se entra por abajo desde la carretera o desde las sendas que vienen de Fraga, junto a las acequias, la de arriba y la de abajo.

Al entrar en el pueblo, se gana altura, se llega a la plaza con la iglesia de San José y se sigue ascendiendo hacia el núcleo urbano que se dispone en dos calles largas, rectas y amplias, una sobre otra en paralelo, con pequeñas travesías que las comunican, salvando el desnivel.

Casas cómodas, sin problema de aparcamiento y esa vida vecinal y callejera, esa convivencia que es un privilegio de los pueblos pequeños.

Desde arriba, el paisaje se amplía. Es una amplia franja verde bajo el marrón de las sierras de Zafranales y Monreal, que se dibujan al otro lado del Cinca, el río oculto entre ese manto verde de los frutales. Un paisaje cambiante, multicolor en primavera, tan marrón en otoño y tan oculto por la "segallosa" en invierno.

Tras el pueblo, se abre una especie de meseta que cruza un camino que se dirige hacia el alto de la Magdalena, muy apreciada por los amantes de la BTT y que forma parte de la Trotamons, la prueba maratón xtrem que organiza cada primavera el Club Ciclista Fraga. En Miralsot, la oferta de rutas en bici o a pie es inacabable. Miralsot no es lugar de paso, hay que elegirlo, como un destino tranquilo o si se quiere algo más de "marcha", mejor hacerlo para las fiestas mayores de la Magdalena, en julio, o para las Águedas o San Isidro.

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