Jacetania

QUIÉN SOY

Ramón Faro, un militar con talento pictórico

"Mi infancia en Jaca fue dichosa, era un chico alegre, deportista, amante del esquí  y de la montaña"

Ramón Faro
Ramón Faro
S. E.

Aunque nació en Zaragoza un 26 de septiembre de 1947, a los pocos días Ramón Faro ya estaba en Villa Rogelia, casita situada a un kilómetro de la carretera de Canfranc Estación, bajo el Coll de Ladrones. Su padre, que era militar, estaba destacado temporalmente en Rioseta. Sin cumplir un año, empezó a vivir en Jaca, donde permaneció hasta la muerte de su padre. Era comandante, tenía 44 años y él, 16.

Mi infancia y mi juventud en Jaca fueron dichosas. Era un chico alegre, deportista, amante del esquí y de la montaña, vaguete en los estudios, con suspensos en junio y recuperaciones en septiembre, arropado en casa, con una familia alegre y satisfecha. Y fuera de ella, con una caterva de amigos que todavía conservo y cultivo”, recuerda.

“Desde crío, mi máxima ilusión era seguir los pasos de mi padre. Diplomado en gimnasia, escalador y esquiador, uno de los fundadores del Curso de Guerrilleros y con especialidades extrañas entonces. Diplomado en hielo azul realizado con tropas alpinas en Aosta (Italia) y zapador subacuático de la Marina, con el título acreditado de haberlo hecho a 80 metros de profundidad. Mi padre era Tarzán. Era muy fuerte y de carácter alegre”.

“Al morir mi padre, mi vida da un cambio radical. Como huérfano de militar, pude acceder a becas y colegios especializados para preparar la Academia General Militar, librando a mi madre de la carga monetaria de un hijo y pudiéndome dedicar a mi máxima aspiración: ser militar”, dice quien llegó a estar destinado en la Brigada de Alta Montaña, con las Tropas Nómadas del Sáhara o en la Compañía Operativa de Intendencia de Zaragoza. También, vivió en San Sebastián, en “los años del plomo”, que describe como “de rabia e impotencia”. Su último destino fue Jaca y su estancia en la Ciudadela “cerró el círculo de mi vida militar en activo”.

“Cuando me dijeron que, al ascenderme, tenía que trasladarme a Madrid a un despacho lejos de mis montañas, pedí y me concedieron la reserva transitoria. Me trasladé a mi casa en un pueblo apartado y que cumplía mis aspiraciones. En Ara me podía dedicar a mi segunda vocación: la pintura”, afirma Ramón, que suma 53 exposiciones individuales. Casado en segundas nupcias con una violoncelista, Belén, hizo de su hogar “un reducto del arte”.

“Siempre he andado enredando con la pluma, pero hasta hace poco no me decidí a hacerlo público”, apunta el autor de varios libros, como Historias de mi pueblo, Mis memorias jacetanas y la trilogía sobre gladiadores (Summa Rudis, Iacetana e In Hispania). Otras obras “están en la línea de salida y pendientes de concursos” o “andan cociéndose en el horno”.

Además, lleva 23 cursos colaborando con Valentia, en su centro de Martillué, como profesor de dibujo y pintura. “Cuando en invierno he de abandonar mi casa de La Puebla de Alfindén y desplazarme hasta cerca de Jaca para dar clase, tengo que hacer un esfuerzo a veces titánico, pero el cariño con el que me reciben me da fuerza para seguir con esta labor tan maravillosa”.

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