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OJO AVIZOR

El IFA de Jaca alcanza los 50 años formando trabajadores forestales

Uno de cada cuatro Agentes para la Protección de la Naturaleza de Aragón pasaron por este centro pionero a nivel nacional

Fotos de los primeros años.
Fotos de los primeros años.
S.E.

EL 4 de octubre de 1972, coincidiendo con la celebración de San Francisco de Asís (patrón de los forestales), comenzaron las clases en la Escuela de Capacitación Agraria de Jaca, conocida popularmente como la escuela de capataces. Justo medio siglo después, los alumnos de la primera promoción volvieron al centro hoy rebautizado como el Instituto de Formación Agroambiental, que se ubica a 7,2 kilómetros de la capital jacetana, a pie de la N-240.

Una emotiva cita enmarcada dentro del programa del 50º aniversario del IFA, como manifestó el nuevo director, Miguel Serrano, destacando que “el alumnado actual pudo compartir vivencias y anécdotas con los pioneros del centro, que incidieron en la relevancia de aprovechar el paso por la escuela, destacando los fuertes lazos de amistad que se crean”.

El 19 de diciembre se celebró el acto central de la efeméride con la participación de Joaquín Olona, consejero de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente del Gobierno de Aragón, del que depende el centro, que volvió a reunir a antiguos y nuevos alumnos, profesionales del sector y otras personas afines a una escuela que fue pionera en España dentro del ámbito forestal.

Fotos de los primeros años. El profesor Javier Melero, junto a alumnos llegados de Guinea Ecuatorial, fruto de un convenio de cooperación internacional.
El profesor Javier Melero, junto a alumnos llegados de Guinea Ecuatorial, fruto de un convenio de cooperación internacional.
S.E.

“Un referente tanto en Aragón como en España”

“Son 50 años formando trabajadores forestales y personas. La institución debe continuar su trayectoria y su periplo formativo, siendo un referente tanto en Aragón, como en España”, indicó Miguel Serrano, cuyo equipo directivo se afana en “trabajar duro para seguir y mantener esta escuela, de la que tanto nos sentimos orgullosos”.

Alrededor del 25 % de los Agentes para la Protección de la Naturaleza (APN’s) de Aragón han recibido formación en este centro, cuyas salidas profesionales están enfocadas a empresas públicas o privadas dedicadas a la explotación y conservación de bosques, prevención y extinción de incendios forestales, sanidad vegetal, espacios naturales protegidos, jardinería, viverismo o educación ambiental.

Foto de familia de los alumnos actuales del IFA con componentes de la primera promoción, durante el encuentro que mantuvieron el 4 de octubre.
Foto de familia de los alumnos actuales del IFA con componentes de la primera promoción, durante el encuentro que mantuvieron el 4 de octubre.
R.G.

Hoy en día, reciben clases 92 alumnos entre sus dos enseñanzas: el grado medio de Aprovechamiento y Conservación del Medio Natural y el superior de Gestión Forestal del Medio Natural. Su formación es eminentemente práctica y se imparte tanto en las tres hectáreas del centro, como en las 199 de monte cedidas por el Ayuntamiento de Jaca. Un equipo de 20 profesionales -entre profesores, mantenimiento, limpieza y cocina- se encarga de la escuela, que tiene una larga y peculiar historia.

Los ‘peinavacas’ y la Universidad del ‘Torroco’

La Escuela de Capacitación Agraria de Jaca fue la primera de estas características en Aragón y una de las pioneras en España. Dependiente del Ministerio de Agricultura, nació ante la necesidad de disponer de un centro educativo especializado en el sector forestal. Huesca, Zaragoza y Teruel contaban con escuelas especializadas en la rama agraria, pero no había ninguna centrada en el mundo forestal.

En 1971, comenzaron las obras de la escuela. El Ayuntamiento de Jaca vendió los terrenos al Ministerio por una peseta. Además, cedió los terrenos, incluido el monte del Boalar, por un periodo de 99 años. Una vez construido el edificio principal, las naves de los talleres y el resto de instalaciones, faltaba contratar al profesorado y matricular a los alumnos para que la escuela comenzase a andar.

Al frente de la dirección, se contó con el murciano Francisco Gómez, junto al que llegaron profesores como el jienense Marcos Gallego, el palentino Miguel Ángel Delgado, el navarro Javier Melero, el alcarreño Pedro Viñuelas y los aragoneses Carmelo Gil, Ángel Bergua, Manuel Gil, José Antonio Garcés, Javier Dieste o Víctor Ibor, que sacaron adelante la complicada tarea de poner en marcha una escuela forestal de estas características.

Todos los primeros estudiantes fueron hombres y debían proceder del mundo rural, ya que se entendía que estudiar las materias agrarias y forestales les facilitaría la entrada al mundo laboral y eso ayudaría a fijar población en las zonas rurales. Durante los primeros años, un gran número de alumnos logró plaza como guarda forestal. Muchos llegaron al centro soñando con ello y lo consiguieron.

Por entonces, se forjó el sobrenombre de los ‘peinavacas’. Esto se debe a que en la escuela se habilitó una granja de vacas de raza parda alpina. La explotación de la vaquería comenzó con 13 ejemplares que en poco tiempo pasaron a ser 31. La finalidad de la granja, aparte de la enseñanza, era producir ternera y leche. Las vacas estuvieron hasta 1982, cuando un brote de brucelosis obligó a cerrar la explotación. Otro de los motes que puso la sociedad jaquesa era el de la Universidad del ‘Torroco’, en relación a los terrones de tierra que salen en los campos después de ararlos.

A finales de los 70, el centro había ganado fama en España y eran muchos los alumnos que aspiraban a entrar. En el curso 1979-1980 se recogieron más de 500 solicitudes para matricularse en las 40 plazas. En una década, la escuela se ganó el reconocimiento nacional y un buen número de sus estudiantes comenzó a trabajar en el monte.

Un referente en la incorporación de la mujer

La década de los 80 supone la entrada de la mujer en la escuela y en el sector forestal nacional. Entre las 500 solicitudes de 1979, estaban las de tres chicas: Carmen Orellana, Joaquina María Aranguren y Laura Sanz. Ellas fueron las primeras mujeres en estudiar en el centro, unas valientes que decidieron adentrarse en un mundo eminentemente masculino y abrieron el camino a muchas otras.

Carmen Orellana, presente en el acto del día 19, es una manchega procedente de Madrid que quería formarse para ser guarda forestal. Obtuvo el título de capataz (siendo la número 2 de su promoción) y conoció en Jaca al que fue su marido. Tras completar sus estudios, quiso presentarse a las oposiciones para agente forestal, algo a lo que a las mujeres no se les permitía.

Por ello, presentó un recurso, pero su propuesta fue desestimada. En 1983, se presentó a las pruebas en Zaragoza y aprobó con nota, pero en el tribunal le cerraron las puertas a la plaza. Fue otra decepción, pero no tiró la toalla y en 1984 volvió a aprobar las oposiciones. Esa vez sí consiguió acceder al cuerpo de agentes forestales, eligiendo destino en Menorca. De este modo, se convirtió en la primera mujer en ser guarda forestal en España.

La mujer ganaba lentamente terreno en la Escuela de Capataces y ya en todas sus promociones empezó a haber presencia femenina. A nivel autonómico, otro referente fue la zaragozana Olga Rived, que llegó a mediados de los años 80. Tras conseguir el título de capataz, se presentó a las oposiciones y se convirtió en la primera guarda forestal de Aragón.

Por entonces, la escuela de Jaca se convirtió incluso en un referente internacional, al recibir a alumnos de países muy lejanos. Gracias a un convenio de cooperación, durante años recalaron estudiantes de Guinea Ecuatorial, así como alumnos de América (Costa Rica y Venezuela).

A la vez, fue tomando forma el arboreto del centro, una joya botánica que reunía más de 80 especies. Desde la construcción del edificio principal, se tuvo claro que en el terreno aledaño debía levantarse un gran arboreto, que empezó mostrando una variedad de ejemplares pirenaicos, dejando hueco después a una secuoya americana o un ginkbo biloba típico de Asia. Aparte de su valor estético, el arboreto es un aula al aire libre ideal para impartir botánica.

Por otro lado, en 1989 se abrió una granja con 300 perdices compradas en Yesa y 300 faisanes adquiridos en Miranda de Arga. La producción animal alcanzó su apogeo a mitad de los 90, cuando se llegaron a vender a cotos de caza un total de 1.200 perdices y 2.500 faisanes, unas cifras importantes para las dimensiones de la granja.

Promotores del concepto de la conservación

En los años 90, irrumpe con fuerza el concepto de la conservación. Dentro del trabajo de los forestales se potencian los espacios naturales protegidos, la educación y la concienciación ambiental. El cambio de mentalidad afecta al centro, pues sus alumnos muestran otras inquietudes y en su mayoría siguen procediendo del mundo rural, aunque cada vez llegan más de la ciudad.

Muchos recalan movidos por el espíritu conservacionista y se nota un cambio en su origen. La mayoría son de Aragón, una tendencia que se mantiene a día de hoy. Los aragoneses son los más numerosos por dos razones: a partir de los 90, muchos de los alumnos de grado medio tienen 16 años y sus familias buscan centros cercanos; y al mismo tiempo surgen en todo el territorio nacional numerosos centros que imparten los mismos ciclos formativos.

En 1998, la escuela pasa a llamarse IFA en una época de cambios. El más importante es la modificación de los estudios. En el curso 97-98, el centro empieza a pertenecer al Gobierno de Aragón y se comienza a impartir el grado medio de Trabajos Forestales y de Conservación del Medio Natural. A partir del curso 2003-2004, se sumó el grado superior en Gestión y Organización de los Recursos Forestales y Paisajísticos, doblando el número de estudiantes del centro, que llegó a ser de 120 entre los dos ciclos. A lo largo de toda su historia, unos 2.000 alumnos han pasado por el centro.

Recientemente, el Gobierno de Aragón invirtió 170.000 euros para llevar a cabo algunas mejoras como la renovación del mobiliario de las zonas comunes del edificio principal, la reforma del salón de actos, el repintado de varias de sus instalaciones, la reforma las instalaciones de cría de perdices o el cambio de la iluminaria de la parte baja del centro por otra más eficiente y respetuosa con el medio ambiente. Asimismo, se renovó parte de la maquinaria para las prácticas de los alumnos.  

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