La Hoya

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Gustavo Ortas Torralba: De constructor de casetas a seguir la senda deportiva

“Me gustó mucho lo que hacía y pensé: yo quiero estudiar eso, ¿qué hay que hacer?”

Gustavo Ortas Torralba de pequeño y en la actualidad en su entorno de trabajo en el río Gállego
Gustavo Ortas Torralba de pequeño y en la actualidad en su entorno de trabajo en el río Gállego
S.E.

Está con su padre y su hermano junto a un almendro cargado a punto de varear; los tres golpean fuerte y cae una pedregada de frutos. Ese “sonido especial” y esa imagen familiar vuelven a la mente de Gustavo Ortas Torralba (Biscarrués, 1976) cuando recuerda su infancia. Una niñez que se ciñe a su localidad natal, con sus piscinas y un entorno conquistado instalando casetas y declarado zona de juegos.

Sus padres, Fermín y Ángeles, se dedicaban a la agricultura y tiene dos hermanos, Nuria y Fermín, que le llevan más de una decena de años. Así que él tenía su pequeño grupo de amigos al que se unían los niños que pasaban en el pueblo todos los fines de semana. Con ellos los días eran “correr, ir en bici de aquí para allá, siempre con las rodillas reventadas” o algo que en aquel momento no era raro: “Cogías al padre las tijeras de podar y te ibas a construir una caseta”. Buenos recuerdos, como cuando en una de las concentraciones parcelarias la plaza del pueblo se llenó camiones para mover tierra, y “por la noche en verano era el espacio para jugar. Nos subíamos, nos escondíamos en uno, en otro...”. Otros divertimentos ya más clásicos eran policías y ladrones, el escondite... Y en verano las horas pasaban en la piscina.

La escuela de Biscarrués era unitaria y contaba solo con una maestra para todos los alumnos de 1.º a 5.º de EGB. “Nos dividía a veces en grupos, luego todos juntos... era un ambiente muy especial”. La siguiente etapa educativa la cursó en el colegio de Ayerbe, ida y vuelta en el autobús escolar. Su sorpresa fue comprobar que había un profesor para cada asignatura. Y uno de ellos le marcó especialmente, Fernando Nasarre. que impartía Educación Física. “Me gustó mucho lo que hacía y pensé: yo quiero estudiar eso, ¿qué hay que hacer?”. Así que desde EGB ya tenía claro cuál iba a ser su camino y, según recuerda, no fue el único de aquellos niños y niñas del cole de Ayerbe que se inclinó por esos estudios.

La última etapa fue en el Instituto Ramón y Cajal de Huesca, por lo que fue a vivir a la capital oscense, a casa de su hermana, de lunes a viernes, para volver a Biscarrués los fines de semana. De aquella época conserva una cuadrilla de grandes amigos. Sus recuerdos de entonces son “de locura, adolescencia, primeros descubrimientos de muchas cosas, fiestas...”. Cuando ya todo el grupo estaba disperso, “los fines de semana volvíamos a juntarnos y lo pasábamos superbién”.

Como había marcado en su “mente dispersa” aquel profesor, fue a estudiar Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, entonces Inef, a Lérida. Le siguieron dos años en los que se especializó con dos másteres en Lille (Francia) y volvió a la Galliguera, donde actualmente es presidente de la Asociación Gállego Activo y socio de la empresa UR Pirineos. Y disfruta de los paisajes de su tierra natal donde ahora juegan sus hijos, Milio, Fabio y Cloe. 

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