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LOS MONEGROS - PANDEMIA DE CORONAVIRUS

El Centro de Los Monegros ha implementado una iniciativa pionera de atención psicosocial en la residencia de Sariñena

Laura López: "Eran de tal envergadura las implicaciones psicológicas que no se podía esperar"

El Centro de Los Monegros ha implementado una iniciativa pionera de atención psicosocial en la residencia de Sariñena
El Centro de Los Monegros ha implementado una iniciativa pionera de atención psicosocial en la residencia de Sariñena
P.S.

HUESCA.- El duelo. "Se habla de duelo cuando hay pérdidas de vidas humanas pero realmente un duelo no es una pérdida solo de personas, sino de otras muchas cosas. La vida es un proceso de pérdidas y nadie nos prepara para esto. Y lo vamos superando en función de las capacidades que tenemos cada uno y del componente cultural y social que traemos". Así lo explica Laura López, psicóloga del Centro Comarcal de Servicios Sociales de Los Monegros.

Desde el pasado 26 de marzo, el equipo del centro lleva implementando un protocolo de intervención psicosocial en la residencia de Sariñena, en la que en estos tres meses han fallecido 16 residentes, 9 de ellos confirmados de covid. Un protocolo que ha dado respuesta a una situación de emergencia de forma "pionera e innovadora" en el medio rural, para dar apoyo psicológico desde el primer día a intervinientes, residentes y familiares y responsables del centro. Desde entonces se ha trabajado con 50 personas,

El ritmo de la pandemia y la incidencia que la enfermedad tuvo en la residencia, dejó al descubierto que se estaban generando necesidades que había que atender. En los primeros momentos, "lo asistencial era lo que primaba", explica Chus Zapater, directora del Centro Comarcal de Servicios Sociales.

La suspensión de las visitas había interrumpido el contacto entre residentes y familiares. Las empleadas debían trabajar, en situación de confinamiento, en turnos de 15 días. Otras tantas esperaban fuera el relevo. Al trabajo intensísimo, se sumaban los fallecimientos. Y una sensación de abandono en el duelo de "familiares que, por covid o no, habían perdido a un ser querido, en unas circunstancias muy diferentes a las que se produce un duelo, con despedidas muy duras, sin responso, ni misa", explica María Pilar Guerrero, directora de la residencia. Unas familias a las que, dentro de este mismo protocolo, se les ha brindado un seguimiento individualizado por teléfono.

Mantener informados a todos los familiares "fue lo que se demandó en un primer momento", explica Zapater. "Se informaba diariamente de la situación general y de cada uno de los residentes. La trabajadora social a la que se le adscribió cada grupo de familiares era la persona de referencia" para ellos.

En esta gestión, asegura Zapater, fue importante establecer un único canal de comunicación. "La información salía de la directora hacia mí y las dudas que tenían las familias yo se las trasladaba a la directora". Se puso "mucho cuidado -añade- en que la información que se transmitía fuera la misma". En estos tres meses se han realizado 2.300 llamadas a familiares.

Para las trabajadoras se propuso atención psicológica voluntaria en grupo tanto a las que estaban confinadas como a las que estaban fuera, en reserva, para dar reemplazo a las que saldrían. "Eran de tal envergadura las implicaciones psicológicas que conllevaba la situación que no se podía esperar a que terminara la emergencia para empezar a trabajar", explica Laura López.

María José Millira es auxiliar de Enfermería y lleva 14 años trabajando en la residencia de Sariñena, localidad de donde es originaria. Fue de las primeras que se confinó. Millira cuenta cómo las propias características del confinamiento favorecieron que entre las propias trabajadoras se sirvieran de apoyo mutuo durante las jornadas de trabajo, estando pendiente de si "veías a alguna compañera de bajón, cuando te apuraba el trabajo o el estrés. Estábamos ahí la una con la otra, levantando a la que podía caer".

Pero la asistencia psicosocial en grupo supuso para estas trabajadoras una válvula de escape para dar salida a emociones, que "al contarlas a alguien ajeno parecía que podías gritarlo fuera", explica.

Entre las emociones expresadas por las trabajadoras, "hay cosas comunes a lo que toda la población en general ha sentido". El tema de la incertidumbre - "que manejamos mal", explica López- sobre lo que les pudiera pasar a ellas o a las persona que tuvieran cerca. Incertidumbre que generó miedo "a contagiarse, a la muerte, a que lo pudieran contagiar. Y entonces aparecía la culpa", porque un error podía generar un perjuicio. Rabia e incomprensión, entre otras sensaciones.

López recuerda, que "los servicios sociales son fundamentales también después de la emergencia". Por ello, cuando las condiciones lo permitan "se va a seguir trabajando a nivel psicológico en grupos de duelo para familiares" y con las trabajadoras.

Sobre las personas residentes, tanto si han estado afectadas por covid como si no, López reflexiona sobre la atención psicológica que han podido recibir al ser un entorno cerrado y tener mucha edad. "De alguna forma habrá que intervenir con ellos, la angustia vivida y el cómo han pasado la enfermedad deja secuelas".

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