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Desmontan la leyenda de la aldea de Moncalvo

La investigadora sariñenese Gemma Grau analiza cómo desaparecieron las casas y habitantes de este lugar

Interior del ábside.
Interior del ábside.
Gemma Grau

La investigadora sariñenense Gemma Grau presentó la obra titulada “Sariñena en guerra”, el primer libro sobre la Guerra Civil, el pasado año. Además es coautora de otras dos publicaciones sobre pueblos de colonización monegrinos, “Curbe, 50 años de vida” o “Cartuja de Monegros, 50 años echando raíces”. Viajera incansable y técnico de turismo, nos revela sus averiguaciones sobre Moncalvo. “En el siglo XIII, varias pequeñas aldeas rodeaban Sariñena. De todas ellas no queda nada, salvo el imponente paño del ábside de la iglesia gótica de Moncalvo, conocida popularmente como la Virgen Vieja”, describe Grau

Paño del ábside la iglesia de Moncalvo.
Paño del ábside la iglesia de Moncalvo.
Gemma Grau

Se pregunta ¿cómo desaparecieron sus casas y habitantes? Ante la falta de respuesta documental, la imaginación, leyendas y tradición oral han construido a lo largo del tiempo un relato inventado, común en otras muchas historias de despoblados y leyendas: incendio, peste, saqueo, una anciana que sobrevive sola a todos sus vecinos…”.

“Montecalvo, Monsalva o Montalvo son algunas de las denominaciones con las que nos vamos encontrando referencias a lo largo del siglo XIV en los archivos. Por alguna de ellas tenemos noticias de vecinos destacados, como en abril de 1328, cuando Domingo Lo Pico, vecino de Monsalva y jurado de la comunidad de Aldeas de Sariñena, es elegido procurador especial por Sariñena para que la represente en las siguientes Cortes (a celebrar en Zaragoza, y en las que se coronará rey a Alfonso IV de Aragón)”, manifesta.

Detalle de capitel.
Detalle de capitel.
Gemma Grau

Después desaparecen las referencias a vecinos y acuerdos o trámites, y empieza el mito. “Una de las causas defendidas ha sido la peste, que en el siglo XIV diezma la población de Europa y la Corona de Aragón. Y aunque podría ser un motivo, la documentación muestra que a mediados de ese siglo Moncalvo seguía habitado.

Otra teoría defiende que su destrucción se produjo durante las guerras carlistas, algo del todo improbable: en pleno siglo XIX y con tantos diarios y publicaciones, la noticia aparecería en las hemerotecas, y no hay rastro de tal suceso. Finalmente, los archivos nos dan la pista con la opción más simple y habitual: el abandono de sus vecinos por la improductividad de las tierras monegrinas”, afirma la investigadora.

Fue en 1337, cuando a través de una carta de Pedro IV (conservada en el Archivo de la Corona de Aragón) a los vecinos de Montalvo y Pallaruelo, aldeas de Sariñena, les concedía ciertos privilegios de pastos y ganados para evitar la despoblación y pobreza de dichos lugares. “Sin duda, esa parte del término municipal de Sariñena es la más dura de cultivar y menos productiva, dada la escasa calidad del suelo y ausencia de agua, lo que empujaría poco a poco a sus habitantes a abandonar el lugar”, explica Grau. Teniendo la causa de su despoblación, sólo nos queda saber cuándo se produjo. “Y eso podemos averiguarlo comparando los censos de fogajes encargados por los diferentes reyes aragoneses: en el de 1405, Montalbo tenía apenas seis fuegos, y en el de 1495 ya no aparecía. Es decir, en la horquilla de 90 años entre la primera y la última década del siglo XV, Moncalvo es abandonada por los pocos vecinos que le quedaban. Pero, ¿a dónde fueron? Podemos suponer que a Pallaruelo (de Monegros), la localidad más próxima, pues comparando los mismos censos, en ese mismo siglo la localidad pasa de 27 fuegos a 62”, detalla.

La iglesia, ¿un templo del camino jacobeo?

De Moncalvo queda el nombre en la partida y un gran paño del ábside de su iglesia gótica, “vigía imponente en la llanura monegrina, conocida como la Virgen Vieja. ¿Cómo una aldea humilde construye semejante iglesia?”, se pregunta.

“Hablamos de una construcción en sillar bien trabajado, con marcas de cantero y ábside poligonal. Los restos que quedan de su interior muestran los arranques de los nervios de las bóvedas de crucería. Su buena fábrica y destacada altura hacen pensar en la importancia otorgada a su construcción, pero ¿por qué?”. Según su criterio, la pista podría estar en un pequeño elemento decorativo, que re repite en los tres capiteles que quedan, “las conchas, emblema de los peregrinos, que se conservan talladas por partida doble en cada uno de los capiteles sobre las columnas interiores del ábside, media docena en total. Un templo que podría estar dedicado al Apóstol, como lo está la ermita de Sariñena, o bien a la Virgen María, si atendemos a su denominación popular (Virgen Vieja), una advocación muy ligada al camino jacobeo, pues fue la virgen la que se apareció al apóstol Santiago a las orillas del río Ebro sobre una columna”, indica.

Así, concluye que, “la hipótesis planteada con este artículo es que se tratase de un templo de algún ramal del camino jacobeo catalán (que subiendo por el monasterio de Sigena, cruzaba el Alcanadre en el puente de Sariñena). Un templo que sirviera de reposo para quienes se movieran entre Sariñena y la sierra de Alcubierre, con el objetivo de llegar a Zaragoza, para remontar el Ebro rumbo a Compostela, dejando atrás el Alto Aragón”. 

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