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Elena Royo, una maestra vocacional

En el colegio de Sariñena, ella ve a sus alumnos crecer con el mismo orgullo que una madre o un padre de familia ve a sus hijos hacerlo

Elena Royo de muy niña y en la actualidad en la tienda de juguetes de la familia.
Elena Royo de muy niña y en la actualidad en la tienda de juguetes de la familia.
S.E.

Elena Royo, la hija de Ramoner y hermana de Ángel Royo, como la conocían una parte de vecinos y vecinas de Sariñena, hace años que se convirtió en Elena, la maestra del cole sariñenense, donde no solo enseña, sino cultiva, apoya, estimula, una persona extraordinaria y una maestra vocacional y vital, porque ama aprender con la misma pasión que ama enseñar, compartir lo que sabe. Ve a sus alumnos crecer con el mismo orgullo que una madre o un padre de familia ve a sus hijos hacerlo.

Sus primeros recuerdos de la infancia son con su hermano Ángel. “Nos llevamos catorce meses y siempre estábamos juntos”, narra sobre aquellos felices años cuando su madre los llevaba a la guardería de las monjas. “Siempre íbamos con mucha antelación y dábamos un paseo por los huertos, para ver nidos, árboles, hortalizas, tengo este recuerdo fantástico en mi mente, porque era un rato maravilloso”.

Elena y Ángel se criaron en una tienda de juguetes. “Mi madre era muy estricta, tanto en nuestra tienda como en las demás, el ‘no se toca’ o ‘no se pide’, era la norma, y cuando llegaban los juguetes en Navidad los mirábamos curiosos, aunque empezamos enseguida a recabar datos de por qué mis padres hacían los paquetes para todos los niños del pueblo”.

En la tienda de Ramoner pocas cosas han cambiado, continuando con ese encanto de cuando eres niño. Por allí han pasado muchas generaciones y siguen pasando los pequeños para admirar cada juguete de sus estanterías. “Recuerdo jugar de tendera, vendiendo bolsos, pero mi juego favorito era hacer de maestra para mis muñecos”. Explica que tendría unos 4 años cuando ya ponía a sus muñecos sentados cara la pared, que no dejaba que la pintaran, “la usaba de pizarra”, ríe Elena.

También cuenta que era una niña muy buena. “Mi hermano era más trasto, pero le seguía en todas sus aventuras”, señala rememorando cuando se escaparon de casa: “era viernes y ese día podíamos estar en la tienda más rato, así que pensamos en ir a visitar a una tía que vivía en la zona del Castillo, mis padres pensaron que estábamos en casa con la abuela y la abuela que estábamos en la tienda con mis padres; al cerrar se dieron cuenta y salieron a buscarnos”. Relata que, con 4 y 5 años, nunca llegaron a casa de la tía, “algún vecino nos vio muy decididos ir hacia la plaza Villanueva y se lo dijo a mi padre; cuando lo vi aparecer, salí corriendo, y cuando él llego a casa, yo ya estaba sentada en la trona”.

Una familia feliz que ha aportado a Sariñena dos hermanos excepcionales, Ángel como entrenador de fútbol y empresario de comercio, y Elena, la maestra del cole, que con 25 años ejerciendo por toda la provincia, hasta que en 2009 llega a Sariñena, se convirtió en esa maestra que todos recordamos, en el faro que alumbra como una luciérnaga en el camino del aprendizaje, una gran persona que busca transmitir el conocimiento para que los alumnos crezcan y tengan mayores oportunidades en su vida profesional, una persona sensible, diferente, fuera del montón, que posee las aptitudes necesarias para la docencia, porque tiene capacidad de interacción, creatividad y cuenta con la habilidad de relacionarse con sus colegiales, porque una maestra con vocación siempre será una excepcional docente y tiene la llave para ‘cambiar el mundo’.  

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