Cultura

CRÍTICA MUSICAL

Camellos se muestra sin "máscaras" en su actuación en Huesca

El gup utiliza en sus canciones el humor, la ironía y la retranca

Camellos se muestra sin "máscaras" en su actuación en Huesca
Camellos se muestra sin "máscaras" en su actuación en Huesca

El sábado de la semana pasada era la noche de carnaval. Y se supone que, por lo general, los componentes de los grupos a los que les toca actuar en una noche tan especial suelen disfrazarse para estar a tono con el personal que acude a verlos. Es más, era de suponer que tratándose de un grupo como Camellos, que utilizan en sus canciones el humor, la ironía y la retranca como piezas esenciales, el disfraz más imprevisible estaba asegurado. Pues no, craso error. Camellos salieron a actuar sin máscaras y sin disfraz. Sin aditivos ni colorantes. Tal cual. Eso sí, con la frescura y el desparpajo que caracterizan a uno de los grupos más divertidos y energizantes del momento.

Si León Benavente se llaman así porque la idea de crear el grupo surgió a mitad de camino entre las ciudades de León y Benavente, Camellos bien podrían llamarse Huesca Madrid, ya que el grupo surgió en ese cruce de caminos, con dos componentes oscenses (el cantante y guitarrista Fernando Naval, ex The Bards y también en Gloriosa Rotonda, y el batería Jorge Betrán) y dos miembros de Madrid: el guitarrista Frankie Ríos y el bajista americano Tommy Dewolfe, quien por cierto ocupa la portada del nuevo EP del grupo, en una graciosa imagen infantil junto a su hermana.

La música del grupo absorbe las más diversas influencias (punk, jangle pop, garage, post punk), pero no es para nada un pastiche, sino que confluye en un estilo único y personal. Lo que no impide que en su música sea posible escudriñar la influencia de artistas como The Fall, The Clash, los Blur más punkarras (los de Song 2), Mujeres, Franz Ferdinand, Yeah Yeah Yeahs, los Nastys o la rama gallega que forman Siniestro Total o Novedades Carminha, eso sí, en sus primeras encarnaciones. Y si dieran un paso más adelante, podrían llegar hasta Sleaford Mods.

Quizá por la extrema cercanía con el público, al que casi afrontaron cara a cara, el concierto del sábado en un bar La Estrella totalmente abarrotado fue quizá el mejor que se les recuerda a Camellos en Huesca. Quizá también porque andan rodándose mucho en directo en los últimos tiempos. Lo cierto es que sonaron más directos, certeros y contundentes que nunca. Interpretaron casi al completo su primer álbum, Embajadores, y enteramente su nuevo EP, Arroz con cosas, comenzando precisamente con el tema que lo abre, Muelle, con su ritmo entrecortado en la mejor tradición de Mark E. Smith y sus The Fall. A partir de allí, fueron alternando los temas de uno y otro disco, como Caja de pino, Sorpresas o Avances 1, 2, 3. Las letras de Camellos son, sin duda, uno de los principales atractivos del grupo. Sencillas, divertidas, plenas de ironía y dobles sentidos, punzantes. Perfectamente adecuadas a una música que reclama justamente eso. Solo hay que escuchar temas como Siempre saludaba, Très bien (con un cierto aire glam) o su ácida crítica al famoseo en Pantoja-ha para darse cuenta de ello.

Tras Horrorlandia, tema de su nuevo EP, y dos canciones del álbum, Internet (otro golpe a la planicie intelectual imperante) y Ejecutivo estresado, llegó quizá el momento más hilarante de la noche, cuando acometieron nada menos que una versión de Gold de Spandau Ballet, que Camellos transformó en un Gol de sátira futbolística.

La noche continuó con dos de sus mayores "pepinazos", en su propia expresión: Gilipollas (con perdón) y Becaria. En la recta final despacharon "Que sobrabas" (que también se puede leer de forma gastronómica: "queso bravas"), Telmo y Luis (una sarcástica revisión del filme Thelma y Louise con un riff que es puro Franz Ferdinand) y el tema que cierra su reciente EP, Café para muy cafeteros, que evoca un mítico anuncio televisivo. Y sí, hubo bis. Y sonaron Geografía y un tema nuevo que incluirán en su próximo álbum y que lleva el mismo título que su EP, Arroz con cosas. Un tema que esconde una de de sus perlas literarias, que desmonta una de esas verdades paternas de Perogrullo: "yo a tu edad tenía tu edad". ¡Incorregibles!

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