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"Con un acordeón y un violín, ya habría fiesta"

Desde hace unos meses, Monzón ha creado la Asociación de Amigos del primero de estos instrumentos

"Con un acordeón y un violín, ya habría fiesta"
"Con un acordeón y un violín, ya habría fiesta"
S.E.

LA ASOCIACIÓN Amigos del Acordeón de Monzón apenas tiene unos meses de vida. Sin embargo, la docena de componentes lleva siete u ocho años dándole a la tecla bajo la dirección de Eva Almazán, una profesora de piano natural de Barcelona y con raíces en Albalate de Cinca que en 1981 volvió a su pueblo de origen y aprendió a tocar el acordeón con un curso por correspondencia para dar respuesta al reto que le planteó una alumna.

La historia es "simpática". Eva, que también es profesora de lenguaje musical, estudió en los conservatorios de Barcelona, Zaragoza y Lérida y ha dado clases particulares desde los 16 años. Cuando se hizo con el dominio del acordeón empezó a correr la voz de su arte y José María Palomera, un montisonense con cuna en el Valle de Lierp, le pidió que le enseñara. Más o menos, corría el año 2009 y Eva se estaba dando a conocer en el grupo folklórico Nuestra Señora de la Alegría, la rondalla L´Amistanza de Albalate y el grupo de versiones River Side Band.

Palomera, tesorero de la asociación, y Benito Semolué, secretario, explican que en 2011 se formó un grupo de siete u ocho aficionados que, al calor del grupo folklórico montisonense, constituyeron un "taller de acordeón" con Eva al frente. "Ensayábamos en el local del grupo una vez a la semana cuando había un hueco. El año pasado se vio que eso ya no podía ser y decidimos crear la asociación para solicitar un local propio al Ayuntamiento y, también, tener acceso a las subvenciones culturales".

Ahora viven una situación de "compás de espera". Eva trabaja en el instituto musical comarcal de Fraga, lo que espacia mucho las clases, y ensayan "por libre" en el garaje de un socio. En cualquier caso, van sobrados de ánimos. Casi han perdido el miedo escénico ("casi", remarcan), y el 9 de marzo dieron un concierto en la Feria de Asociaciones del Cinca Medio. Con éxito, por cierto.

MONTAÑESES

El periodista dice que el acordeón le conduce indefectiblemente a la montaña, y los músicos asienten. La filiación propia o paterna de varios corrobora la impresión: Palomera, de Lierp, Semolué y Javi Otín, de Jánovas, José Cazcarra, de Escuaín, José Cosme, de Bibiles, José Villa, de Puértolas, Ramón Mur, de Graus…

Palomera se emociona y desempolva la memoria: "El acordeonista viajaba de pueblo en pueblo y animaba los carnavales y las fiestas patronales. Con un acordeón y un violín, y a veces una guitarra y un tambor, ya había fiesta. Este instrumento es complejo y completo, pues te da a la vez acompañamiento y melodía".

Semolué añade que, según le contaron, su abuelo era muy bueno y siempre andaba de gira por las aldeas de la Solana. Se diría que el acordeón se esconde en los pliegues de su genética montañesa. "Queremos que no se pierda. Aquí en el llano no había tanta tradición, tal vez porque tenían a mano grandes orquestas. Estamos abiertos a incorporaciones", dicen.

Cuando arrancó el taller, la mayoría de los acordeonistas no sabía qué era una negra, una blanca y un pentagrama ("entramos a pelo", señalan), y a la complicación de aprender el manejo se añade la de tocar en grupo. Han pasado ocho años y se defienden mejor que bien. Cualquier interesado en sumarse a la aventura puede escribir al correo electrónico amigosdelacordeonmzn@gmail.

Eva remata con este sorprendente detalle histórico: "El acordeón surgió a primeros del XIX y enseguida lo adoptaron las casas reales".

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