Cultura

CRÍTICA MUSICAL

Luis explorador

Luis Tabuenca presentó en el Centro Cultural Manuel Benito Moliner su espectáculo ‘Hor’

Luis explorador
Luis explorador
L.LL.

Si el percusionista zaragozano Luis Tabuenca no fuera músico, sería... explorador, sin duda. En las tres visitas que ha realizado a nuestra ciudad ha dado buenas muestras de su gusto por la exploración. Y lo que es más importante, su aprovechamiento. Su presentación fue en un contexto electroacústico, junto al gran Wade Matthews, con quien acababa de grabar Punto Cero, Aragón y lo presentaban con la colaboración de un bailarín. Para la siguiente ocasión optó por un set, acústico de percusión (que incluyó su cuerpo al interpretar Corporale de Vinko Globokar). El pasado jueves proponía, bajo el titulo de Hor una ópera de cámara (o de bolsillo) en un solo acto, y en los terrenos de la contemporánea. Amplios son sus intereses y campos de actuación.

Hor no es una ópera épica con grandes héroes sino una ensoñación que huye de la narración lineal y basada en el cuento de Mi nombre es Hor de Michel Ender. Sí, el autor de La historia interminable y otros títulos de la literatura fantástica. Un cuento de poco más de dos páginas que se resume en poco más de dos líneas. Hor es un ser que vive atrapado en un edificio, tan curioso como inmenso, por el que vaga sin solución de continuidad. Y las palabras que en el se dicen, en voz alta, crean ecos, y se van repitiendo. Un a modo de edificio infinito con vocación de loop.

Luis y sus dos compañeras, Ana Parejo, saxo, e Ilona Schneider, voz, dan vida al ser (uniformados y en el anonimato que da una túnica marrón y un a modo de casco que tapa prácticamente la cara), pasean erráticos entre las sillas del público y crean los sonidos que el edificio hace ecos y les devuelve. Un limpio juego de interacciones y dúos (conjuntadísimas y sorprendentes los de las dos chicas en sus ensembles) y pasando de unas figuras, unos pasajes a otros como Hor va cambiando de salas y pasillos, asomándose a las ventanas...

Luis Tabuenca dio de nuevo buenas muestras de sus habilidades como percusionista, impecable en los efectos de frotado de su set, metronómico en el ataque a los parches con las baquetas, cristalino en el vibráfono..., pero, sobre todo, sorprendió con los efectos "de otra dimensión" obtenidos al doblar y golpear una gran chapa metálica que presidía la sala del concierto. Ana Parejo alternó al soprano notas sueltas, escalas, soplos sin emitir sonido, tan solo moviendo la columna de aire del instrumento, haciéndolo sonar sobre una capa de agua. Todo con un gran control instrumental. Limpia, sin aspavientos. La voz de Ilona Schneider, cuyo grito hecho nota se podía fundir con el fraseo del saxo, mantenía, en sus recitados, la tensión y el esfuerzo del ser por decir su nombre. Su nombre era Hor.

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