Cultura

DE CERCA

María Maza: "Tendremos que ser creativos para que la cultura sobreviva a este golpe"

"A los gigantes de la comparsa les cogí cariño. Se volvieron tan vulnerables como todo lo que era invencible en mi infancia"

¿Qué es lo que le gusta exprimir hasta la saciedad?

-Mis horas de pintura.

¿Le gusta ser maza o prefiere María Maza?

-Cada vez me gusta más ser menos vehemente.

La sonrisa es el lenguaje universal de las personas inteligentes. ¿Sonreímos poco?

-Creo que sí. Con todo el beneficio que trae, debería ser más abundante.

¿Por quién doblan las campanas? (un recuerdo en positivo)

-Por mi abuela Emilia. Se echan de menos sus aromas.

¿A quién le haría usted sin dudarlo la reverencia?

-A nadie. Esas cosas no van conmigo. Padezco de la espalda.

¿Los churros de su abuelo Julián eran pura artesanía?

-No los llegué a catar. Solo con que estuvieran la mitad de buenos que las rosquillas de mi yaya Emilia serían obras de arte.

En cambio, la nieta ha heredado otro arte más plástico

-Julián también dibujaba bien, por lo visto.

¿La Flor de la Espiga fue el nombre de la churrería, ¿cree que la flor aún da frutos?

-Como toda buena utopía, dará fruto siempre.

¿Por qué vestimos tan gris los hombres occidentales?

-Por comodidad. Incluida la comodidad de no dar explicaciones. El verano os libera.

¿Wasapear conecta o aísla?

-Comunica conforme a los tiempos que vivimos.

¿Cuáles son sus criterios de selección de las personas?

-Me gusta cuando son sensibles y me enseñan cosas nuevas

¿Qué tienen los kaisigos de Seira para que le gusten tanto?

-Los robles son árboles respetados desde muy antiguo. Me transmiten la energía espiritual que necesito.

¿La hipocresía cotiza al alza o a la baja?

-Más que la hipocresía, cotiza al alza el postureo. Pero eso se acabará pasando, como todo.

¿Los gigantes de la comparsa de Barbastro, entre las más antiguas de Aragón, se harán eternos después de pasar por sus manos para restaurarlos?

-Espero que en el futuro tengan la oportunidad de mantenerlos en buen estado y adaptarlos al tiempo que vivan.

De pequeña les admiraba en la calle ¿qué pasó en su taller?

-Les cogí cariño. Se volvieron tan vulnerables y frágiles como todo aquello que era invencible en mi infancia. Les curé y volvieron a andar.

Genio y figura. ¿Se identifica?

-No lo sé. Es una expresión que siempre me ha sonado a vida ya encaminada... y a mí aún me queda por explorar.

¿Cuál ha sido el mazazo más fuerte que ha vivido?

-La muerte de mi padre. Aún duele.

¿La pasión por aprender ha sido una constante en su vida?

-Sí. Va en el equipamiento de serie. Vengo de una familia en la que nadie se aburre.

¿Qué han sido para usted José Antonio Lecina y Mapi Gallifa?

-Mis referentes artísticos y docentes. Suertuda que fui de aprender de ellos.

¿Cómo pasó el confinamiento?

-En casa, lijando vigas y cocinando. Con mis hijos y mi pareja, pensando la suerte que tenemos de estar sanos y juntos.

Desde criterios de artista ¿pinta mal la situación pospandemia?

-Vamos a tener que ser muy creativos para que la cultura sobreviva a este golpe. Ya estábamos precarios antes, a ver qué hacemos para no ahogarnos.

¿Barbastro es ciudad que se presta para sacarle buen provecho artístico?

-Si nos ponemos sí. Hay buena cantera. Pero hay que querer.

¿Cuál es la excitación que más le irrita?

-Me irritan pocas cosas. La impuntualidad, me temo. Eso puede conmigo. Y la prepotencia. Pero esta última me está provocando más pena que otra cosa últimamente.

¿Los vinos del Somontano tienen mejor gusto que imagen o aconseja beberlos sin mirar la etiqueta?

-Hay propuestas bien bonitas en las etiquetas. Buen maridaje.

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