Cultura

PINTURA

La obra 'Rasmia. Sobre semillas y veleros', de Esporrin y Bamala, se expone en Gerona

Las esculturas de Bamala-Borruel dialogan con las pinturas de Pilar Esporrin en Sant Antoni de Calonge

La obra 'Rasmia. Sobre semillas y veleros', de Esporrin y Bamala, se expone en Gerona
La obra 'Rasmia. Sobre semillas y veleros', de Esporrin y Bamala, se expone en Gerona
S.E.

HUESCA.- La sala de exposiciones Marsala, situada en la localidad gerundense de Sant Antoni de Calonge, acoge la obra Rasmia. Sobre semillas y veleros. Se trata de una muestra de arte a cargo de los aragoneses Josep Bamala-Borruel y Pilar Esporrin Sanclemente, en la que las esculturas de Bamala-Borruel dialogan con las pinturas y colages de Esporrin.

Esporrin Sanclemente, que vive entre Ayerbe y Jaca, abre la ventana de su estudio y ve naturaleza por todos lados. Los ciclos de la vida vegetal y animal son para ella espectáculos cotidianos y sus pinturas lo celebran. Mientras que Bamala-Borruel, natural de Alcolea, abre la ventana de su taller y ve edificios de viviendas donde la vida, los que allí viven, se la buscan como pueden. Defienden su espacio respirando a gritos.

Pilar Esporrin nos sitúa en una en una actitud contemplativa aunque, a veces incisiva sobre las derivas y dinámicas humanas. Siempre por medio de la sensualidad de los colores y sus estudiadas composiciones. Las preguntas de género, presentes en su trabajo, hacen de sus pinturas y colajes una interpelación constante a como nos construimos tanto global como personalmente.

Por otra parte la tríada naturaleza, mujer, sabiduría ancestral es a la vez un eje que vertebra su obra, abriéndonos la mirada a un mundo lleno de calma, pero a la vez en perpetuo movimiento hacia un estar en el mundo más consciente y presente.

Pilar Esporrin dialoga con su entorno natural y sabe que ella es una más de ese mundo, nos brinda su humildad de saberse en plano de igualdad con lo que la rodea, sea de la especie que sea.

Josep Bamala recurre a la idea aprehendida al vuelo. Una frase, una imagen sugerente para él despiertan un mundo, una historia, una conexión con un entorno que, a veces, le resulta hostil. Ese velero imaginario para huir a la vez de una cárcel, entorno también imaginario, hace que trabaje en el mundo de la apariencia. Nada es real en su trabajo, a parte del barro con el que modela, entre otros materiales. Sus máscaras son sólo eso, pura apariencia. No de lo que quiere ser, sino de lo que está viviendo en cada momento. Una especie de cosmovisión, cómic tridimensional donde convergen lo rural de su infancia y lo suburbial de su edad adulta.

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