Cultura

ENTREVISTA

Sandra Araguás: "La tradición oral sigue viva y nos rodea aunque no nos demos cuenta"

La escritora reúne en Secretos en el ascensor, ilustrado por Rosa Mai, muchos trabalenguas

Sandra Araguás: "La tradición oral sigue viva y nos rodea aunque no nos demos cuenta"
Sandra Araguás: "La tradición oral sigue viva y nos rodea aunque no nos demos cuenta"
S.E.

HUESCA.- La vida de Silbán está llena de cambios: casa, barrio, colegio... Ahora vive en un edificio altísimo con ascensor, donde nadie le conoce, ni casi le saludan. Pero los secretos que ocurren en ese ascensor le devolverán la sonrisa. Esta es la nueva historia con la que Sandra Araguás sorprende a los lectores. En Secretos en el ascensor, al que le fue concedida este año una de las ayudas a la producción artística del Ayuntamiento de Huesca, la escritora trae de nuevo a la memoria un montón de trabalenguas, buscando enriquecer el vocabulario y dicción de las niñas y niños, a través de una historia en la que mezcla algo de misterio, retos y cariño compartido, y que huele a caramelo de menta y naftalina. En este caso las ilustraciones vuelven a correr a cargo de Rosa Mai, que con su técnica y colorido sabe traer a la actualidad estas muestras de tradición oral, dándoles viveza y llenándolas de originalidad.

Cuéntenos cómo surgió el compartir la historia de Silbán.

Dentro de los diferentes materiales que recojo cuando hago trabajos de tradición oral están estos pequeños retos lingüísticos. Siempre me han gustado mucho y los he ido coleccionando. En los talleres que hago de oralidad es lo primero que les digo, necesitamos trabalenguas para tener una buena dicción. En los encuentros en los colegios también los utilizo mucho, y les reto a las niñas y niños a que me digan trabalenguas que no me sepa. Les digo que en todos los coles solo se saben tres y siempre encuentro los mismos. Así que la historia de Silbán nació como "excusa" para poder hilvanar muchos trabalenguas y que quedarán recogidos en un libro de una forma lúdica y divertida.

¿De qué manera ha querido recuperar la tradición oral con este niño y este abuelo?

Yo creo que ese contacto es fundamental, niños-abuelos. La mayoría recordamos con mucho cariño la relación con nuestros abuelos y esos momentos de compartir historias de sus vivencias, canciones o juegos. Don Silverio es ese abuelo distante y serio pero que en el fondo es un pozo de sabiduría, de esa que los niños aprenden jugando, tal y como se hacía con la tradición oral. Esta sigue viva y nos rodea aunque no nos demos cuenta. La relación que se establece entre ellos es lo que a mí me da pie para que nos demos cuenta de la riqueza que guarda la tradición oral.

Es difícil traer a la memoria del lector, en este caso de los más pequeños, trabalenguas con los que enriquecer su vocabulario a través de una historia.

Yo creo que no. Más difícil sería hacerlo a través de una compilación. Con este cuento el lector puede ir avanzando en los trabalenguas al mismo tiempo que lee la historia. Y cuantas más veces lean el libro, más fácil será que se aprendan esos trabalenguas.

Los que tenemos cierta edad sabemos que una cabina de teléfono da para mucho... ¿pero un ascensor también…

En este caso sí. La verdad es que fue todo un reto pensar en un espacio que compartieran dos desconocidos, que fuera pequeño para que no hubiera más gente, que fuera por breve espacio de tiempo, y allí fue dónde se me ocurrió lo del ascensor. Pero creo que el verdadero reto fue para Rosa Mai, pues debía ilustrar toda la historia en el mismo escenario, y todos podemos ver que un ascensor no da mucho juego a nivel ilustrativo. Pero creo que al final lo consiguió de manera sorprendente.

Usted pone el texto y Rosa Mai "da vida" a la historia. Forman un buen tándem.

Trabajar con Rosa es un verdadero lujo, conecta perfectamente con las historias que escribo y les da la luz y calidez que necesitan. Un ascensor suele ser un lugar frío y algo inhóspito, si además te encuentras con un abuelo algo huraño y serio, puede convertirse en un lugar poco deseable. Pero Rosa ha sabido encontrar el punto perfecto entre ese descontento inicial del niño y cómo poco a poco la historia va ganando en calor al mismo tiempo que los dos van recuperando la sonrisa.

El año pasado, ambas nos sorprendían con Aitana y la abuela. ¿Qué similitudes y diferencias hay con Silbán y el abuelo con el que comparte ascensor?

Pues lo cierto es que para mí es algo sorprendente. Supongo que debido a mi trabajo y la cantidad de abuelas y abuelos con los que hablo, al final se terminan colando en mis cuentos inconscientemente. Así que una de las similitudes es que en los dos aparece esa relación entre abuelos y nietos. Creo que, además, al estar no solo centrada en el trabajo de campo sino también en la labor de divulgación de la tradición oral intento que esas relaciones con los abuelos como fuentes de memoria estén muy presentes en mis historias.

Y la mayor diferencia que encuentro entre los dos es que Aitana y la abuela lo escribí hace 17 años, aunque lo editamos el año pasado, y en cambio Secretos en el ascensor lo escribí en 2019. Por lo demás, no hay diferencias. Me gusta que las historias sorprendan y al mismo tiempo que emocionen, porque es gracias a la emoción que consigo que lleguen a los lectores, pequeños y mayores.

¿Cuál es la moraleja de este cuento, si la tiene?

No me gusta escribir cuentos con moralejas. Para mí lo más importante es que divierta al que lo lea, lo sienta como un reto y se le llene la lengua de cosquillas y risas al intentar repetir los trabalenguas. Con eso me doy por satisfecha. Si además alguien quiere poner el énfasis en las relaciones entre abuelos y niños, en la curiosidad por lo desconocido o enfrentarnos a nuevos retos, por mí perfecto.

Cómo animamos a pequeños y mayores a descubrir la historia de Silbán y don Silverio.

Yo les diría que se animasen a compartir un ratito de lectura pero también de retos, misterio y juegos. En la lectura de sus páginas irán descubriendo quién es ese abuelo tan extraño que huele a caramelo de menta y naftalina, podrán ver cómo sus lenguas se van rizando con un trabalenguas tras otro y, una vez más, podrán encontrar en nuestras guardas un juego que nos ha preparado Rosa Mai: treinta palabras escondidas en una enorme sopa de letras. Si añadimos que el Día de las Librerías fue el viernes y que se puede seguir celebrando comprándolo en ellas, en las que tenemos al lado de casa, en las que nos esperan nuestras libreras y libreros con una sonrisa y sus consejos, nos estarán ayudando a un montón de gente que vivimos y amamos los cuentos y los libros.

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