Cultura

XXX FESTIVAL INTERNACIONAL EN EL CAMINO DE SANTIAGO

Reencuentro entre la música y el origen de la inspiración en la ermita de Salas de Huesca

Eloqventia ofreció una selección de ocho piezas dedicadas a la virgen y cuatro estampidas

Eloqventia realizó su último concierto en el exterior de la ermita de Nuestra Señora de Salas
Eloqventia realizó su último concierto en el exterior de la ermita de Nuestra Señora de Salas
María Navas

La tarde del domingo tuvo lugar en Huesca otro de los esperados conciertos del XXX Festival Internacional en el Camino de Santiago. Esta vez fue el turno de Eloqventia y se celebró en el exterior de la ermita de Nuestra Señora de Salas.

Alejando Villar, director de la formación, comentó que les hacía especial ilusión presentar el programa Poder a Santa María, de Cantigas de Alfonso X el Sabio, en el mismo lugar que sirvió de inspiración.

Una selección de ocho piezas dedicadas a la Virgen de Salas, y cuatro estampidas, que es la forma instrumental por excelencia del Medievo.

Una gran variedad de instrumentos antiguos circularon por el escenario, y al ser estos réplicas perfectas de los originales, exigían a los músicos algo de tiempo para afinarlos entre algunas de las piezas.

El público esperó escuchando las explicaciones de Villar, que amenizaba este tiempo con simpatía compartiendo sus conocimientos.

Les explicó cómo los lutieres se habían servido de la iconografía antigua para poder reproducir estos instrumentos medievales.

Los espectadores conocieron que David Mayoral se encargaba de la percusión, que lo que tenía a su lado eran campanas medievales, que iba variando entre distintos tipos y tamaños de panderetas, que también tocó el darbuka y el dulcimer. A su lado, Efrén López interpretaba las piezas con el ud, la cítola, el arpa y la zanfona.

Lixsania Fernández mostró maestría haciendo sonar su viella, mientras que Villar hacía lo propio con una zanfona medieval, y variados tipos de flauta, destacando una flauta fabricada en un cuerno, y su flauta doble, un modelo que dejó de usarse una vez llegado el Renacimiento. Y en medio de la formación se encontraba Gabriel Díaz, transportando al público con su voz a aquellas épocas antiguas.

Con los asistentes en pie y entre aplausos, Eloqventia tuvo a bien regalar una última pieza fuera de programa antes de despedirse definitivamente. La formación interpretó una cantiga perteneciente a otro de sus repertorios. En concreto, la cantiga 217 inspirada en Santa María la Blanca de Villalcázar de Sirga, Palencia. 

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