Cultura

FESTIVAL INTERNACIONAL EN EL CAMINO DE SANTIAGO

Koldo Serra: “En este país siempre se han hecho muy buenas ficciones, muy buena televisión”

Director de cine y series, como ‘Caminantes’, presentada en Hecho dentro de las actividades del festival, de la que se pudieron ver algunos capítulos

Koldo Serra
Koldo Serra
FICS

Dentro de las actividades del XXX Festival Internacional en el Camino de Santiago, la noche del martes el director Koldo Serra presentó en Hecho Caminantes, primera serie de ficción de Orange TV en España producida por 100 Balas, The Mediapro Studio, rodada en calidad 4K con smartphones de última generación.

La primera pregunta está clara: ¿Qué tienen las series que no posee el cine?

—Para los creadores, sobre todo, es tiempo. Tiempo para desarrollar personajes, tiempo para desarrollar tramas y, últimamente, más dinero que las películas. Con lo cual, en mi caso, que tengo y he tenido la suerte de estar en series como El Ministerio del Tiempo o La Casa de Papel, he dispuesto de medios que generalmente no tengo en las películas, porque nunca hay pasta para tenerlos. Y en cambio, en las series, que ahora obviamente están tan en boga y que tienen tanto fan, disponemos de tiempo para rodarlas y desarrollarlas, y muchos más medios para hacerlo con una calidad suficiente para que se vean a nivel mundial. Nuestro trabajo está expuesto a la crítica o al comentario de millones de personas, porque se estrena simultáneamente en todo el mundo. Uno intenta hacerlo lo mejor posible, y en este caso tenemos la opción de hacerlo bien.

Cierto, siguiendo la misma cultura Pixar de estrenos: en todos los lugares, al mismo tiempo. No obstante, por lo que estamos viendo, ¿es la serie el género o la narrativa de los adolescentes y jóvenes del siglo XXI?

—Está claro que tenemos una cultura de las series, porque series ha habido toda la vida. Yo creo que en los 70 y en los 80 también hubo una edad dorada de las series. En este país siempre se han hecho muy buenas ficciones. Series rodadas en cine, adaptaciones literarias… Se ha hecho muy buena televisión. Lo que sí es cierto es que la forma de consumir ha cambiado, cada vez tenemos menos tolerancia a las duraciones largas. No sé si la gente joven tiene menos tiempo de atención a los productos, que claramente se consumen de otra manera. Algunos ven series mientras tuitean. Las series de televisión es lo que más se está consumiendo y es lo que más están pidiendo las productoras. Cuando vas con un proyecto de largometraje, siempre te preguntan por la posibilidad de uno para serie, miniserie… Algo que se consuma en píldoras desde 40 hasta 15 minutos de duración. De hecho, yo vengo a presentar Caminantes, que son pildoritas de 18 minutos, y es cierto que quizá el rango de atención ha cambiado mucho respecto a años anteriores.

La serie como laboratorio exige también que la técnica sea algo que se explore, se innove y sume, y que quien dirija también sea inconformista, haciendo un esfuerzo por ir más allá en todo este arte-facto.

—Sí, al final, cuando hay tanta oferta, tienes que buscar destacar de alguna manera. Se intenta innovar, ya sea con la estructura, con el lenguaje o con el guion. Muchas series transcurren en diferentes tiempos, usando flashbacks… Herramientas que en una película igual no te atreverías a hacer, pero en televisión sí te puedes permitir el lujo de hacer estructuras narrativas diferentes y variar el cómo contarlas. Puedes explorar diferentes técnicas, porque hay más medios, y por otro lado el público está más avezado, ya sabe que se enfrenta a cosas no tan masticadas. Puedes jugar a probar.

Acercándonos ahora a su serie Caminantes, más allá de las intenciones de Orange TV, y con el tiempo justo y la distancia justa, ¿en qué se ha arriesgado?

—Lo que queríamos era una especie de actualización del subgénero del found footage, del metraje encontrado, dentro de las películas de terror que todo el mundo recuerda como El proyecto de la Bruja de Blair, así como las que vinieron después, o alguna previa como Holocausto Caníbal: tratar de hacer creer al espectador que lo que se ha encontrado es real, y que tiene una serie de reglas, como el no uso de la música. Lo que hemos intentando con Caminantes es actualizar este lenguaje y traerlo a nuestros tiempos, donde las aplicaciones y las redes sociales forman una gran parte de nuestras vidas.

Donde antes simplemente había cámara al hombro, gente grabando, aquí se juega a que todo el mundo graba lo que todos hacen. Es algo que la gente joven, y yo mismo, hacemos mucho. Estamos más tiempo grabando que viviendo. Hemos jugado a que los protagonistas graban en todo momento lo que ocurre, usando los filtros de Instagram o Snapchat dentro de los límites de la narrativa, haciendo que algo que en casa es divertido convierta una escena en algo terrorífico.

En Caminantes, ¿hay cine de género del gótico norteamericano en un profundo paisaje español?

—No sabría decirte si es género norteamericano. Yo creo que al revés, que es bastante autóctono. Ocurre cuando cinco jóvenes están haciendo el Camino de Santiago, partiendo de la Selva de Irati, de Roncesvalles. Hemos intentado adecuar un estilo de género. No creo que sean tanto estereotipos americanos, si no que son jóvenes como los que conocemos todos. De hecho, muchos de los protagonistas -que todos han sido estupendos, noveles o con no muchos trabajos a sus espaldas todavía- tienen redes sociales. Estaban jugando a lo que hacen diariamente. Era divertido a veces, porque el fin de semana, que lo tenían libre, les seguíamos en redes, y luego les pedíamos que hicieran eso mismo que estaban realizando en su tiempo libre. Son muy patrios estos protagonistas.

Anterior al pase de Hecho, hubo otro muy especial también en el Victoria Eugenia.

—Comentábamos la innovación que era grabar toda la serie con móviles, como los que tenemos todos en casa, en los que ya se puede grabar en 4K, con un sonido estéreo muy bueno. Es alucinante cómo algo grabado así puede acabar en una pantalla gigante. Parece paradójico grabarlo en una pantalla tan pequeña y poder verlo en la gran pantalla de un teatro tan importante como el Victoria Eugenia, sí.

Le hemos podido coger en un pequeño parón de todo el trabajo de postproducción de la última temporada de La Casa de Papel.

Sí, me he escapado. Literalmente voy a estar unas horas en Hecho, y en Aragón no llega al día. Justo estamos ultimando la segunda parte de la quinta temporada de La Casa de Papel. Ahora se va a estrenar la primera parte, los primeros cinco capítulos de los diez que conforman esta última temporada. Y estamos ahí dándolo todo con el sonido, y… viene fuertecita.

¿Dónde situaría La Casa de Papel? Porque ya parece única y personal.

Es curioso, porque parece ser la serie más internacional que se ha hecho en este país -o que ha llegado a más gente a nivel mundial -, traspasando la frontera de la ficción hasta convertirse en un fenómeno popular, pero no deja de ser un ‘thriller’ de atracos muy nacional, muy patrio. Hay una serie de reglas que hemos jugado en las que si tiene que sonar Suspiros de España, o aparecer unos policías metiendo unas paellas dentro del Banco de España, funciona. Es maravilloso que todo esto pueda suceder.

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