Cultura

Exposición

Antonio Santos “fiestea” con una Huesca genuina

‘Capaceando’ reúne 14 collages con toques de humor en la librería Anónima hasta el 24 de septiembre 

Antonio Santos ante algunas de sus obras expuestas en La Anónima.
Antonio Santos ante algunas de sus obras expuestas en La Anónima.
M. M.

El pintor, escultor, ilustrador y escritor Antonio Santos (Lupiñén, 1955) es un disfrutón del arte. Todavía inmersos en la pandemia de covid-19, que puso al mundo patas arriba a principios de 2020, su concepción lúdica de la creatividad se agradece más que nunca y su exposición sobre carteles de Huesca Capaceando en la Librería Anónima supone una explosión de colores primarios que elevan el alma hacia el cielo como si siguiera la estela de los deslumbrantes fuegos artificiales de las fiestas de San Lorenzo.

Eso no quiere decir que la obra de Santos carezca de contenido, que esté desprovista de profundidad o sea un simple entretenimiento, todo lo contrario. El autor, avalado por más de 60 exposiciones individuales, más de 70 libros ilustrados y por importantes galardones, recurre al humor y a cierta provocación, además de a su personal estilo, para abordar cualquier asunto y procurar una reacción espontánea o reflexiva del público.

La salita de exposiciones de la Librería Anónima de Huesca, donde hasta el 24 de septiembre se pueden contemplar catorce obras de pequeño formato y algunos de sus correspondientes carteles, irradia estos días una luz de verano especial.

De cada uno de los cuadros, que reflejan escenas representativas de la ciudad de Huesca, surgen cientos (miles) de historias, tantas como quiera imaginar el espectador. Los motivos laurentinos y las conversaciones improvisadas en la calle protagonizan la temática de la muestra.

“En todas las ciudades pequeñas, la gente se encuentra, se para y se pone a charlar, pero yo no conozco ningún otro sitio como aquí, que exista una palabra para definir esa acción -comenta el artista en relación al título de la exposición-. Es algo muy bonito, implica que se vive a un ritmo, que se tiene tiempo, que te puedes interesar por otra persona. Para los que vivimos en ciudades grandes, en las que no hay tiempo para nada, donde les dices a los amigos que hay que quedar y nunca quedas, eso se valora mucho. Es una riqueza enorme”.

El origen de Capaceando se remonta a cuando el editor de Papeles Mínimos, Imanol Bértolo, encargó a Antonio Santos un cartel sobre Madrid, que, sorprendentemente, tuvo mejor acogida en Huesca que en la propia ciudad de la Cibeles. Entonces, Ana Mora, de la Anónima, le propuso que creara otros con Huesca como referencia, porque muchos clientes acuden regularmente a preguntar si disponen de este objeto para hacer un regalo o para llevarse como recuerdo, cuando por cualquier circunstancia deben dejar la capital altoaragonesa.

Antonio Santos, que vive a caballo entre Madrid y Ávila, creó 14 collages, recortables cada vez más sintéticos, con muy poca intervención de rotulador o de bolígrafo negro. Se exponen en la librería desde el pasado 24 de agosto y hasta el 24 de septiembre, y todos ellos han sido escaneados para venderlos a demanda, con unas dimensiones de 80 x 50 centímetros y al precio de 25 euros. También se pueden adquirir los originales.

Expresivos bodegones que alimentan el espíritu a base de pan de moño, castañas de mazapán, cerezas, tomates y vino de la tierra, paseos tranquilos por el parque Miguel Servet, un altanero estornino con una insolente y retadora mirada, las icónicas pajaritas de Ramón Acín, un jarrón del que brota la albahaca y San Lorenzo y la parrilla en diversas composiciones. 

Son escenas familiares para todos los oscenses, que en el profundo disfrute de su contemplación podrán escuchar también, como un murmullo, el contenido de las charlas callejeras, saborear el dulzor de las castañas, transportarse a los tiempos “no covid” para vivir las “sí fiestas” mayores de Huesca, percibir el intenso aroma de la planta laurentina, descubrir que el altivo pájaro negro esconde bajo sus plumas un ser bueno y delicado, atrapado en el maldito hechizo de un brujo sin escrúpulos; sentir el terror de Acín cuando iba a ser fusilado y, al mismo tiempo, la paz que transmite su simbólica creación, que preside el pulmón verde de la capital altoaragonesa.

Antonio Santos nos presta siempre su escrutadora mirada para ir un poco más allá. También el humor, que bien es sabido que los científicos y filósofos consideran como un signo de inteligencia, porque supone analizar este incierto mundo con perspectiva y relatividad. “¿Te has fijado en el diseño del pan de moño? -interpela el autor-. Está pensado para que sea más tiempo crujiente y tierno. Podía haberse patentado, como se patentó en su día el teléfono, pero aquí la gente no es tan pretenciosa”.

Santos se pone más serio cuando se refiere a los carteles que contienen representaciones de San Lorenzo. “A lo mejor pueden sorprender, pero no se trata de una visión irrespetuosa, sarcástica ni satírica, más bien he pretendido que fueran imágenes que desprendieran cierta ingenuidad y ternura. No hay ningún ánimo de molestar”, aclara.

La cajita de tesoros que cada día abren al público José María Aniés, Marta Bosque y Ana Mora, en el corazón de la Librería Anónima, apaga las luces cumplida la tarde, tras el ritual de recibir a decenas de visitantes que se marchan con una nueva luz, tras responder a la invitación al juego de Antonio Santos.

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