Cultura

ECOS/ ¿qUIÉN SOY?

Javier García Ortega, un hombre feliz que vive del teatro

’Javito’, nació en la ciudad de Soria en 1982, vive en la capital oscense desde ha 15 años y forma parte de Viridiana

Javier García Ortega en una imagen de niño y en la actualidad.
Javier García Ortega en una imagen de niño y en la actualidad.
D.A.

José Javier García Ortega, ‘Javito’ para los amigos (Soria, 1982), es un profesional del teatro que vive desde hace 15 años en la capital oscense y cuando se le pregunta qué hace un soriano en Huesca, responde: “Eso me pregunto yo”, y al segundo, añade: “Vine a Huesca porque conocí a Jesús Arbués, de Viridiana, en Albarracín, donde era profesor en un campamento que había de 15 días, para jóvenes de 17 a 21 años, para empezar una pequeña formación teatral. Luego vine aquí a los talleres de teatro como alumno y desde hace años trabajo en ellos”.

Empezó en Huesca un mes de agosto “que trabajábamos para el bus turístico y en las rutas de romances por la noche. Desde el principio me sentí muy acogido aquí y muy a gusto”.

Los talleres de teatro “se puede decir que de alguna manera me han dado una familia en la ciudad”, y ha trabajado en varias compañías, ”aunque con Jesús Arbués estos años hemos hecho muchas cosas. Sobre todo he estado con Viridiana, soy hombre de compañía, de algún modo”.

Explica que “el teatro se me cruzó en la vida y ya no hubo opción posible, ya todo fue inevitable. Ahora, los alumnos me preguntan ¿me quiero dedicar al teatro, tú que harías?, y yo siempre me acuerdo que a mí me dijeron “el teatro es lo inevitable, si puedes evitarlo, evítalo y si no, a aguantar. Yo no pude evitarlo y con la edad estoy contento. Además, tengo la sensación de no haber llegado a un destino, siempre es aprender, todo lo que hay que hacer siempre es nuevo, y eso es chulo”.

Es inevitable hablar con él de sus dos ciudades, la natal, Soria, y la adoptiva, Huesca. Dos ejemplos de la España vacía, aunque a él le gusta resaltar que cuando llegó a esta ciudad “me llamó la atención que la cultura es ciudadana, los talleres son 150 alumnos cada año, haciendo danza hay un montón de gente, pintando, escribiendo…. Huesca es una ciudad pequeñita pero muy inquieta a nivel cultural, hasta que llegó la crisis y cayó un poco todo”.

Después de estos años en las artes escénicas, Javier García no sabe decir con qué espectáculo de todos en los que ha participado se queda, que para él, “el último supongo que siempre es el que piensas que es el mejor”. Eso sí, “estoy muy contento con los Sonetos de amor oscuro, que fue un espectáculo muy arriesgado, con los últimos once sonetos de Lorca y una dramaturgía muy bonita de Jesús”, quien cuando estrenaron en la Feria de Ciudad Rodrigo le dijo: “Esto lo hemos hecho por capricho, a quién le va a interesar la historia de los sonetos, y arrasó en Ciudad Rodrigo; llevamos cinco años de gira con muy buenas críticas, muchos bolos y por ahora es lo más significativo”. Además, en este espectáculo es intérprete único él, y cuando acaba la función “salgo con un cansancio molón, bonito, como un conejo cuando le pones las largas”. Pero insiste en que el mejor espectáculo “será el que venga, el siguiente”.

Es un hombre feliz que se considera “un privilegiado porque soy un actor con nómina, con un sueldo fijo, que somos muy pocos en el país, y es la suerte de formar parte de una compañía, de trabajar con Jesús”. ¿Un deseo? “Que podamos mirar el futuro con esperanza todos, y confiemos en que lo que viene va a ser mejor”.  

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