Cultura

EXPOSICIÓN

Monzón exhibe el “minimalismo orgánico” de Irene Val Puyal

La Casa de la Cultura muestra tres proyectos artísticos distintos de la oscense 

Irene Val Puyal, posando con tres de sus cuadros en la exposición.
Irene Val Puyal, posando con tres de sus cuadros en la exposición.
S.E.

Durante la carrera de Arquitectura, Irene Val Puyal (Huesca, 1982) se interesó por el minimalismo, una corriente arquitectónica que apareció en los años 60 del siglo pasado y amenazó las vanguardias artísticas del siglo XX.

Fascinada por este concepto, la también artista decidió fusionar el minimalismo con la naturaleza, denominando la mezcla como Minimalismo Orgánico.

Se trata de una corriente artística que juega con elementos orgánicos, metafóricos, simbólicos y repetidos, como ocurre en sus obras, que se fundamentan en la pureza del color y representan la bondad y la belleza, así como la paz.

La Casa de la Cultura de Monzón acoge las obras.
La Casa de la Cultura de Monzón acoge las obras.
S.E.

“Es crucial desarrollar un arte renovado que sea verdadera expresión del espíritu, ya que la naturaleza minimalista se considera como un arte modernizado que tendría que ahondar en sus raíces e interpretar la objetividad material y las características formales del objeto artístico”, explica Val.

Además, el Minimalismo Orgánico “expone una concepción elástica y cercana a la biología, más que a la mecánica física, tecnológica y científica”, dice.

“Eso significa que se recupera la obra con imaginación, armonización, metáfora, ensoñación y originalidad, en relación con las formas naturales y orgánicas”, agrega.

Tal vez, la estética de sus piezas ayude a “comprender a intuir las profundidades del arte, constituir la libertad creadora y acercar al medio ambiente fundamentalmente”, opina.

Por ello, la artista quiere volver a recuperar el arte “con ética y estética”, e incluso añade la fusión de la naturaleza por elementos naturales y orgánicos, con el fin de “hacer posible la transformación del arte y resolver los problemas estéticos y ecológicos que provoca esta actuación”, argumenta.

Cuando Irene Val viaja siempre piensa en sus futuras obras, lo que le lleva a obtener elementos naturales secos para elaborarlas con materiales artificiales, como arcilla, gesso, pintura acrílica blanca, esmalte satinado blanco, etcétera, con el fin de “retocar la naturaleza muerta y recapitularla con lo artístico”, comenta.

Exposición en Monzón

Irene Val acaba de inaugurar una exposición en la Casa de la Cultura de Monzón, que consta de tres proyectos artísticos diferentes: Minimal Natura, Minimal Orgánica y Aureum.

Cada uno de ellos, que podrán visitarse hasta el próximo 29 de abril, presenta cuadros con la técnica de collage y escultura, mientras que Minimal Natura incluye las fotografías de paisajes como la selva, el desierto, el Ártico, la montaña y el mar, realizados en bodegón de color blanco.

Esta última muestra exhibe “unos cuadros que se consideran como parajes vacíos y secos, y otros que renacen con las ampollas que surgen por la humedad y se rompen apareciendo los primeros brotes”, descubre.

“Los paisajes de otras obras contienen unas semillas repartidas por el viento y otras caídas en el suelo. Y las últimas piezas establecen posterior germinación y maduración de las plantas”, especifica.

Minimal Natura establece el color blanco en sus obras, texturas de materiales naturales y artificiales y toques de color de elementos naturales para dar lugar a una estructura orgánica.

Por otro lado, Minimal Orgánica consiste en “una propuesta orgánica y abstracta que establece la creación vegetal, mineral y animal, como la piel del pepino, frutos del cactus, escamas,… y las imágenes microscópicas, como células vegetales, protozoos, bacterias,…, transformando en formas minimalistas y abstractas”, señala.

De esta manera, la artista imita “ciertas formas naturales y orgánicas” en las composiciones artísticas con el fin de “retocar la naturaleza muerta y recapitularla con lo artístico, así como transformar la naturaleza en arte”, agrega.

Por último, Aureum -que significa “oro” en latín- simboliza “la iluminación suprema” y también constituye “el elemento simbólico del tesoro escondido o difícil de encontrar, como toques dorados”, dice.

“Este símbolo representa también la felicidad, la atracción, el afecto, la unión, la femineidad y la sensualidad para mezclarse con la masculinidad”, enumera.

Las composiciones de colores realizadas en blanco y negro “establecen la femineidad como blanco y la masculinidad como negro, y el color dorado la fertilidad y reproducción, como el infinito”, señala la autora, quien añade que “el fondo negro significa la muerte y los elementos naturales alimentación”.

“Como consecuencia, la naturaleza tiene formas crecidas e infinitas sin parar como el ciclo de la vida y la transformación”, sentencia Irene Val, “encantada” por exponer en un lugar tan apropiado como la Casa de la Cultura de Monzón. 

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