Cultura

FESTIVALES DE VERANO

Elogio de la fiesta

Fongo, Alizzz y Ladilla Rusa animaron la segunda velada del festival Brizna de Ayerbe

Alizzz, unos Reyes Midas de la música española, en su concierto en Ayerbe.
Alizzz, unos Reyes Midas de la música española, en su concierto en Ayerbe.
L. LL

El mundo parece estar viviendo una época de absoluto descalabro: pandemias, guerras, crisis económica, inflación, crispación política, incendios, crisis climática, tensión en las relaciones internacionales… Un duro panorama que, en definitiva, está pidiendo a gritos un reseteo. O una distensión, que se intuye que solo puede venir de la mano de la fiesta. En el Madrid asediado de la Guerra Civil la gente no dejaba de ir a los teatros, a los cines y a los bailes. En los años 80 los nuevos románticos decían que estaban dispuestos a bailar mientras caían las bombas, que es exactamente lo que hicieron los jóvenes en Sarajevo, bailando drum´n´bass en tugurios subterráneos al mismo tiempo que la ciudad era bombardeada. La gente, en situaciones extremas, necesita vías de escape. Y la fiesta proporciona esas vías de escape. Y fiesta es lo que hubo el sábado en el festival Brizna de Ayerbe. Su segunda jornada, que había comenzado por la mañana con una actuación acústica de Luis Brea en la Fontaneta, constituyó un verdadero y gozoso elogio de la fiesta.

Ladilla Rusa cerró la noche del sábado en el escenario del Cubo de Rustik.
Ladilla Rusa cerró la noche del sábado en el escenario del Cubo de Rustik.
L. LL.

Ya sin las restricciones del año pasado, con la gente de pie y no sentada como entonces, el Brizna mostró tres formas, muy diferentes entre sí, de reivindicar la fiesta: la fiesta con conciencia social de Fongo, la fiesta fina y electropop de Alizzz y la fiesta desmadrada y poligonera de Ladilla Rusa. Por la tarde, con el sol todavía brillando y mientras la gente parecía disfrutar en el Espacio Brizna de un ambiente de verbena y fiesta mayor (autos de choque incluidos), en el Cubo de Rustik (Escenario Ámbar) salía al escenario el grupo Fongo dispuesto a poner a bailar a todo el mundo con su vigorosa y reivindicativa fusión sonora, comenzando con A los 4 cierzos, uno de los temas de su primer álbum Todo está por hacer, que repasaron casi al completo. Siguieron combinando temas de ese disco (el reggae-rock de No callarán, el tumbao latino de En tus 13, el punto pop de S.O.S.) con canciones nuevas como Llueve (con el trasfondo de la trágica suerte que corren los inmigrantes que cruzan el Mediterráneo) o No cumbia. Finalizaron su actuación con No es fácil, de su primer EP Si lo cibes, de nuevo en clave de vibrante reggae-rock. Buen broche.

Tiempo para cenar y reponer fuerzas. Y para prepararse para escuchar otra forma de entender la fiesta, sin coartada social, más hedonista. La de Alizzz, uno de esos nuevos Reyes Midas de la música española que, al igual que Raül Refree o El Guincho, han elevado la labor del productor a un estadio casi inédito en nuestro país. Alizzz es, por supuesto, el productor y cerebro en la sombra del éxito actual de C. Tangana o de Amaia, así como de esa canción, Antes de morirme, que unió a Tangana con Rosalía en 2016 y que constituyó la primera piedra de ese gran monumento que es actualmente el pop urbano español. Pero además Alizzz es desde el año pasado el artista que interpreta sus propios temas, reunidos en su brillante álbum de debut Tiene que haber algo más, que fue la base de su actuación en el Brizna. Respaldado por una excelente banda que destiló un sonido limpio y fulgurante, inició el recorrido con la síncopa funky de Fatal, para después saltar al tecnopop ochentero de Siempre igual (con ecos rockeros y con su guiño a la Chica de ayer de Nacha Pop), el trap-pop de Salir (con una voz pitufil al inicio del tema) o el pop blandito de Todo me sabe a poco.

Con Disimulao llegó su momento más a lo Tangana, y mostró su lado más baladista en Amanecer. Tras interpretar el lisérgico Luces de emergencia (el tema que en el disco interpreta junto a J, de Los Planetas), abordó uno de sus grandes hits, el pegadizo Ya no vales, con uno de los estribillos más irresistibles del reciente pop español. Más tarde llegaron las versiones: el Antes de morirme de C. Tangana y Rosalía, reconvertido al pop-rock con toque épico a lo U2, y Un buen día de sus adorados Los Planetas. El final se produjo con esa joya del mejor pop que es El encuentro (que en el disco canta con Amaia) y con Ya no siento nada, de nuevo en su vena más rock. Sin duda, un auténtico mago del pop urbano español.

Y por último, el escenario del Cubo de Rustik acogió la tercera y más gamberra visión de la fiesta, la de Ladilla Rusa, el dúo que desde Moncada i Reixach lleva ya un lustro ofreciendo diversión pura, sin otro objetivo que ése, el de hacer que la gente lo pase bien. Tania Lozano y Víctor F. Clares parecen el resultado de sublimar lo que alguna gente entiende como “mala música”: la mákina, la tecno-rumba, las cantaditas, la verbena… géneros habitualmente despreciados por la crítica biempensante y que sin embargo representan una idea de cierta esencia española muy nuestra. De algún modo también, es el culmen del petardeo y el chochonismo ilustrado. Ladilla Rusa ponen en la batidora a Camela, Chimo Bayo, Almodóvar & McNamara, Raffaella Carrà y Los Ganglios, y así surgen discos como Costumbrismo mágico (¡gran título!), que repasaron casi al completo en su actuación. Mostraron su humor irónico cuando dieron el micro a Hervé, un francés que dijo haber venido expresamente para verles, o cuando dijeron que les habían vetado en Disneyland París, “pero nos da igual porque no pensábamos ir”. Y a pesar de que el viento fastidió sus visuales de apoyo, Tania y Víctor mantuvieron muy bien el tipo y exhortaron al público a vivir la fiesta intensamente con temas como ¡Qué ladilla! (tecnopop a la Raffaella), Macaulay Culkin, homenajes claros a la tecno-rumba de Camela (Todos los días lo mismo, A un metro y medio de ti) o ese Bebo (de bar en peor) con sus guiños al No controles de Olé Olé y al We are your friends de Justice.

En Criando malvas rinden un macabro tributo a algunos de su mitos ya fallecidos (de Whitney Houston a Lady Di, pasando por Lina Morgan, La Veneno o Bruce Lee), y tampoco faltaron en el repertorio La puta (m)ama (¿el reverso del Ay mamá de Rigoberta Bandini?) o Encarni Encarnae. Se pusieron más punkis y rockeros para interpretar Princesas, Club de petanca y su vibrante versión de Gay Bar de Electric Six. Y se despidieron con el bakalaero After Party y con esa adhesiva y arrolladora tecno-rumba que es Kitt y los coches del pasado.

Todo un fiestón que finalizó al grito de ¡Viva Huesca, coño!, mientras por los altavoces sonaba Raffaella Carrà… como no podía ser de otra forma. Ansias de verbena.

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