Cultura

¿quién soy?

David Adiego: “Dibujar es parte de mi cotidiano”

“Aprender algo en lo que te puedas desarrollar a lo largo de la vida es importantísimo”

Adiego de niño y en la actualidad.
Adiego de niño y en la actualidad.
S. E.

Si se habla de profesiones, David Adiego se siente cómodo como diseñador gráfico, “precisamente porque no es un espacio delimitado”, y dentro del trabajo de estudio que realiza puede ir de un extremo, “más que ver con el lenguaje plástico y el arte, que es en realidad de dónde vengo”; a otro, ubicado “en esa parte más intelectual”, relacionada con la consultoría, planificación y estrategia en comunicación, muy vinculada a su trabajo como diseñador.

Su actual estudio, ubicado en uno de esos edificios que forman parte de la genealogía oscense, Casa Balaguer, resulta un lugar en donde se puede recorrer gran parte de su trayectoria, a través de los ejemplares de catálogos, publicaciones, carteles, imágenes y propuestas gráficas que quedan expuestas sobre el mobiliario y en dos de las paredes principales, entre las que siempre está la fotografía de quien fue su socio en Mácula Estudio, Jaime Lloro.

Su mano y estilo están detrás de la identidad gráfica del Festival Internacional de Cine de Huesca o la de la galería de arte La Carbonería; también, en la organización Atades de Zaragoza; en colecciones de libros para el Instituto de Estudios Altoaragoneses, o en cubiertas de libros para la editorial Contraseña, por citar solo algunos.

Pero ser diseñador no entraba en sus planes. No al principio, al menos, pues “quería estudiar Bellas Artes”. Un deseo construido a base de clases de pintura y dibujo de la mano de Alfredo Cabañuz, Javier Romera o Cristóbal Nogués, en La Casa del Pintor, desde el momento en que empezó a apuntar maneras. “Gente que sabía mucho”, una academia en donde “aprendí a pintar al óleo, a encajar, aprendí los rudimentos del dibujo clásico. Eso para mí fue primordial”.

Pero las publicaciones, los fanzines y las revistas ya le fascinaban; en ellas advertía un espacio “menos encorsetado, más libre”, o las portadas de discos, otro soporte sugerente. Sus profesores de la Escuela de Arte de Huesca le recomendaron que se acercara al mundo del diseño. Ahí “descubro que es exactamente lo que quiero hacer”. El punto de inflexión llegó con un Isidro Ferrer, recién llegado a Huesca, apareciendo en la escuela con una carpeta de originales físicos, “llena de carteles, libros ilustrados y cómics”.

Inquieto intelectualmente, con los años, ha continuado estudios de Filosofía y Comunicación, pero el dibujo y la pintura, que le han “salvado la vida”, dice, siguen siendo una constante.

Porque Adiego aprecia “trabajar con las herramientas en el espacio físico, tensar una tela, mojar un papel para que no se abombe; tocar las cosas. Trazar y dibujar sin objetivo forma parte de mi cotidianeidad. Y siempre tengo en la cabeza proyectos, cosas que hacer, que tienen que ver con una parte del trabajo plástico que no está sujeto a un encargo”.

Cree que “aprender algo en lo que te puedes desarrollar a lo largo de la vida es importantísimo” y supone “un punto de apoyo muy valioso”.

Entre esas cosas que siempre tiene en la cabeza, un libro ilustrado con Grassa Toro, en el que llevan trabajando años, sobre los Archivos de Indias, para los que ha escogido hacer óleos sobre papel, hecho “a un ritmo, el que sea, pero, sobre todo, de no sufrir”.

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