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Eduardo Cajal: "El proyecto de arte y discapacidad con Valentia es una escultura social infinita"

El artista descubrió la palabra tornero por un trabajador que se alojaba en la pensión que tenían sus padres, le pareció un mito

Eduardo Cajal.
Eduardo Cajal.
Pablo Segura

Comenzó como tornero en su propio taller de herrería, pero a día de hoy Eduardo Cajal es un artista multidisciplinar. ¿Su vida ha sido toda una aventura creativa?

—Mis padres tenían una pensión en la que se alojaban trabajadores que hablaban de sus experiencias, y ese mundo me creó una fantasía sobre el hacer, el crear, el estar..., y se me quedó grabada una palabra: tornero. Eso me parecía un mito. En unos talleres en la Residencia Provincial, entré en una sala donde había muchas máquinas y allí vi un torno. Me formé y abrí una herrería que funcionó, pero luego enfoqué todo mi trabajo directamente al arte y la creación. Mi primera exposición individual, Soledades, fue en la CAI. Continué con mi labor artística, pero con una idea fija, socializar a través del arte. Y eso lo logramos con el avión que vimos en una chatarrería al volver de un viaje a Sevilla. Lo compramos, lo trajimos a Huesca y comenzamos a dar forma al gran proyecto social en el que se ha convertido y a través del cual comunicar sensibilidades artistas.

Tiene obra distribuida en diferentes puntos de Huesca: Trashumancia, el Monumento al Libro..., pero ¿en qué lugar del Alto Aragón le gustaría colocar una de sus esculturas?

—Tengo colocadas muchas esculturas y ya he dicho todo lo que tenía que decir a nivel de mis piezas de autor. Un monumento al libro, el proyecto Trashumante, del que tengo unas 500 piezas de esculturas hechas con una aplicación visual e interpretativa de diez instaladas de tal forma que representan la trashumancia. Pero lo más interesante para mí es el proyecto artístico y terapéutico con personas con discapacidad intelectual que desarrollo en Valentia, el Grupo ZheBRA, una escultura social que espero acabe en buen puerto. Llevamos diez años investigando sobre el ser humano y la parte creativa desde perspectivas mentales distintas más allá de la racionalidad, porque el arte es la única herramienta que consigue recuperar la identidad personal más profunda del ser humano.

En este proyecto, profesor y alumnos se dejan llevar y unos aprenden de otros. ¿Cuáles son las enseñanzas que estos artistas le aportan a usted?

Descubrir su mundo y vivir otra vez. Para mí, descubrir este sector ha sido vivir la vida dos veces. y desarrollar estos conocimientos solo es posible con la experiencia misma.

Usted dice que la escultura es organizar la materia, ¿qué tiene ahora entre manos que vaya a acabar en obra de arte?

—La escultura es organizar la materia física a base de martillo y cincel, a base de buril y escoplo o a base de relaciones sociales, que es precisamente el taller de arte y discapacidad Grupo ZheBRA, un proyecto que no puede acabar, lo que en matemáticas se llama el infinito, y lo que pretendo es que se reafirme como una mecánica de trabajo dentro del mundo del arte.

De hecho, el Grupo ZheBRa también va unido al que desarrolla en el fuselaje del DC9 y convertido en contenedor artístico.

—El avión tiene dos vertientes, una de espacio en movimiento, que lo utilizamos para generar proyectos fuera de Huesca, y otra de acogida, que es la que se desarrolla en Valentia, a donde lo hemos donado temporalmente para uso y disfrute de los artistas y usuarios, y donde hacemos audiciones, conciertos...

Apelando a su vena creativa. En otra vida, Eduardo Cajal sería...

—En un sentido imaginario, en otra vida sería gato. Tengo gatos en casa y aprendo mucho de ellos. También tengo un perro, pero perro no me veo. Los felinos me producen una sensación curiosa, Son animales libres, que no te molestan mucho. En un sentido personal, volvería a ser yo mismo, me repetiría, pero acumulando otro conocimiento para ver que pasaba porque el ser humano empieza chiquitín, sin saber, y cuando eres mayor lo sabes todo y... te mueres. Por eso, estaría bien que todo ese conocimiento mutara en una segunda vida. Nacer con todo aprendido no puede ser..., o quien sabe.  

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