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MONTAÑISMO - PEQUE GUARA EN FAMILIA

Seis horas divertidas en la ruta de Bolea

Los pequeños montañeros apreciaron la riqueza que encierra la ermita de San Cristóbal

Seis horas divertidas en la ruta de Bolea
Seis horas divertidas en la ruta de Bolea
S.E.

HUESCA.- Arrancamos un nuevo año y con ello una nueva temporada de Peque Guara en familia. Para comenzar, con un nutrido grupo de montañeros que casualmente coincide en número de participantes con el número histórico de excursión, 61. Viajaremos hasta la villa de Bolea, donde nos espera el amigo Chané.

Empezamos a caminar en medio de la niebla por la carretera que va a Puibolea, para al poco rato tomar el desvío indicado de Aniés ahora ya por pista, continuamos aproximadamente kilómetro y medio hasta un nuevo desvío a la derecha que nos deja un corto trecho después en la ermita de Santa Quiteria. Ermita que debido a las gestiones de Chané nos fue mostrada y explicada en su totalidad por Eloy, que es miembro de la cofradía de la Santa, gracias al cual pudimos descubrir y sorprendernos sobre todo con su cocina y su colección de marmitas de barro. Para de esta manera conocer otra más de esas muchas joyas desconocidas que tenemos repartidas por nuestro territorio.

Bocadillos al sol que ya lleva un rato acompañándonos y, tras la visita cultural, proseguimos hacia el norte nuestro camino adentrándonos cada vez más en la montaña. Al principio por pista y luego por senda, vamos siguiendo el cauce siempre a nuestra izquierda del río Sotón. La senda asciende lentamente casi sin notarlo y vamos cruzando barrancos cargados de agua de las últimas y abundantes lluvias.

Un paisaje de inusuales cascadas y saltos de agua bajo las curiosas formas rocosas que sirven de nidos y atalayas a los múltiples buitres que ven como una curiosa formación en fila india con los "peques" delante y los "pataslargas" detrás va adentrándose en el cada vez más estrecho barranco.

Rodeados ya por las enormes murallas naturales y tras unos delicados y resbaladizos pasos descubrimos la ermita 40 metros por encima de nosotros, completamente invisible para un ojo poco atento.

Cruzamos, no sin alguna comedia, el importante caudal del río Sotón para, y pese al frío y algunos pies mojados, retomar fuerzas para afrontar el último y fuerte repecho que nos conducirá hasta la ermita de San Cristóbal.

Tras subir una empinada senda que a tramos más parece un río, nos queda una última sorpresa. Un tramo de escalera que con su malcontada docena escasa de peldaños de casi un metro de anchos se asoma al cortado que llega hasta el río.

Pero ese vertiginoso trance no es obstáculo para nuestros pequemontañeros, que ordenadamente y agarrando una cuerda allí instalada al efecto por la organización, salvan el aéreo paso.

Pequeños y grandes pudieron contemplar el fantástico y también poco conocido paisaje que se aprecia desde las ruinas de esta curiosa ermita rupestre.

El regreso por el mismo camino por Santa Quiteria hasta Bolea donde nos esperaba el autobús.

Casi 11 kilómetros y 300 metros de desnivel, que entre caminar, pisar charcos, jugar, saltar ríos, tirar piedras al agua, visitas culturales y comer, nos llevaron unas buenas y divertidas seis horas de este pasado domingo.

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