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Bajo el cielo de La Ribagorza

El programa Peque Guara de Peña Guara hizo su salida 69

La última salida de Peque Guara contó con 46 excursionistas.
La última salida de Peque Guara contó con 46 excursionistas.
Peña Guara

Hay pocos recorridos que aúnen al mismo tiempo toda una variedad de paisajes y ambientes, ofreciendo al mismo tiempo diferentes ejemplos de patrimonio natural y cultural. Si además el itinerario está concentrado en poco espacio, permitiendo una excursión única y sorprendente, fácil y vertiginosa, variada y completa, poco más se puede pedir a esta ruta por los miradores de Graus.

Graus, capital de la Ribagorza, tiene aromas a longaniza y trufa, conserva en la memoria a Gracián y a Costa, con ecos de la Mojiganga y es lugar de paso y de confluencia de caminos entre el llano y el Pirineo. Y además esta vez es origen y destino de la última excursión de los más pequeños del club: ‘Peque Guara’.

A las once de la mañana del pasado domingo 21 de marzo 46 integrantes de la ‘Peque Guara’ ya habíamos dado buena cuenta de un almuerzo no merecido ante la iglesia de San Miguel en Graus. Después arrancamos hacia los farallones de la orilla derecha del Ésera, a tramos por senda estrecha, a tramos por pista, para ascender primero al Mirador de la Piedra Plana, donde podemos ver abajo los llanos de la confluencia de los valles del Ésera y del Isábena. Al norte sólo las cimas de Cotiella y del Turbón se ven despejadas, pues las rachas de viento norte previstas para hoy dejan el cordal pirenaico envuelto en ventiscas y borrascas.

Nos adentramos en la zona denominada La Ubaga, donde un espeso bosque nos mantiene a la sombra en un tramo con poco desnivel. Un cartel indica el desvío a la inmediata pero oculta Ermita de San Miguel (S XII). Se trata de un lugar de supuesto pasado templario y cuyas potentes ruinas luchan con pinos y robles por ocupar un espacio en una ladera de importante inclinación. Una parada ideal para un segundo desayuno, puesto que, pese a estar en umbría, los rayos de este sol de primavera ya asoman un poco por encima de los riscos a los que luego subiremos.

Graus es origen y destino de la última excursión de los más pequeños del club: ‘Peque Guara’

Desandamos el sendero boscoso hasta el punto donde otro cartel indica el itinerario hacia la ermita de San Pedro, que habíamos dejado al sur. El sendero en breve y fuerte pendiente nos deposita en una ancha cresta que recorremos por encima de la Ubaga y de la ermita que acabamos de visitar. Llegamos a la parte más técnica de este tramo. En las zonas de roca pelada la senda prácticamente desaparece, y un pasamanos de sirga protege estos fáciles aunque algo expuestos pasos. Allí los más pequeños del grupo, los rayones de poco más de cinco años, nos demuestran un vez más su disciplina, entereza y determinación al atravesar estos tramos con naturalidad y seguridad. Tanta concentración es pasajera y todos comentan con pena lo corto que se les ha hecho este trozo tan guay del camino. Todos, incluso aquellos que argumentaban que por qué habíamos escogido un camino tan largo para llegar a la ermita, siendo que habían visto un cartel anterior donde se indicaba otro camino mucho más corto.

Así llegamos en suave bajada a la Ermita de San Pedro, edificio de arquitectura popular, muy visitado y bien cuidado, lugar de romería y excelente mirador ribagorzano. Y aprovechando que el viento no es tan fuerte como estaba previsto, disfrutamos de un buen rato al sol para comer mientras vemos allá abajo Graus y media Ribagorza.

La ruta sigue bajando por lo alto de esta mole de conglomerados en dirección Este hacía Graus. Volvemos a prestar atención a nuestros pasos y a los de los más pequeños, que por cierto, cada vez avanzan con más agilidad y cuidado. Alguna barandilla nos ayuda cuando la senda se acerca más a la vertical. Ya sin viento llegamos a la gran figura del Sagrado Corazón, desde donde se otean casi a plomo los tejados del apretado núcleo de Graus. Un camino ancho y escalonado, casi urbano, nos baja hasta la Basílica de la Virgen de la Peña. Podemos visitar su austero interior del siglo XVI, que contrasta con la luz y los chillidos de nuestros pequeños en el claustro. Sus arcos enmarcan perfectamente el inmenso paisaje al que dan vista. Y terminamos en los veladores del casco urbano, para disfrutar de helados, refrescos y demás. Esta vez sí, muy bien merecidos, después de 10 km y 500 m de desnivel positivo acumulado.

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