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JUEGOS PARALÍMPICOS TOKIO 2020

Arranca la cita con más países y un recuerdo para Afganistán

La ceremonia inaugural de este martes abre casi dos semanas de competición

Vista general de la ceremonia inaugural, con las banderas de Japón y del movimiento paralímpico presidiendo.
Vista general de la ceremonia inaugural, con las banderas de Japón y del movimiento paralímpico presidiendo.
Efe

La llama tricolor (azul, roja y verde) del movimiento paralímpico iluminó el cielo de Tokio durante la ceremonia de apertura de unos Juegos que no cuentan con la participación de deportistas afganos, homenajeados en la gala, pero sí con un equipo de refugiados que abrió un desfile que contó con la presencia de 162 países.

Sin público en el estadio por las estrictas medidas de seguridad para hacer frente a la pandemia de la Covid-19, los pocos asistentes a la ceremonia pudieron disfrutar de una historia desarrollada en un aeropuerto y con las alas de los aviones como protagonistas, como metáfora del impulso que mueve a los deportistas con discapacidad a cosechar éxitos extraordinarios en sus vidas.

La bandera nacional japonesa, que lució durante toda la gala en un lugar privilegiado cerca del pebetero, fue llevada hacia el centro del estadio por seis destacados deportistas paralímpicos (Miki Matheson, Mineho Ozaki Taiyo Imai, Erina Yuguchi, Kaori Icho y Lucha Takumi Asatani) al compás de la melodía de piano de Nobuyuki Tsujii.

Ese momento musical dio paso a la entrada en escena de una hélice gigante que fue enviando globos rojos, verdes y azules desde tres direcciones, mientras unos bailarines de danza contemporánea, dirigidos por Kaiji Moriyama, se movían con las ráfagas de viento.

378 fuegos artificiales, también de tres colores, cambiaron la sintonía del guion a la electrónica para empezar el desfile de los 162 países participantes en estos Juegos, tres más que en Río de Janeiro.

Los primeros en desfilar fueron los seis integrantes del equipo de refugiados, el nadador afgano Abbas Karimi, tres sirios (el nadador Ibrahim Al Hussein, la lanzadora Alia Issa y el piragüista Anas Al Khalifa), el taekwondista de Burundi Parfait Hakizimana y el lanzador de disco iraní Shahrad Nasajpour.

La delegación afgana, que no pudo estar presente en Tokio, no cayó en el olvido. El Comité Paralímpico Internacional quiso tenerlos presentes luciendo su bandera en señal de solidaridad con sus deportistas.

Esa explosión de color que supuso el desfile siguió con otra en la que varios artistas disfrazados se dejaron llevar por el movimiento de la escenografía realizada por Yohei Taneda.

Los discursos institucionales los abrió Seiko Hashimoto, presidenta del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos, que puso en valor el protagonismo de Tokio como la primera ciudad de la historia que celebra dos veces estos Juegos tras hacerlo por primera vez en 1964.

Andrew Parsons, presidente del Comité Paralímpico, quiso dar las “gracias a todos los deportistas por el esfuerzo realizado para estar” en Tokio, en unos Juegos que calificó de “seguros por los protocolos decretados” por el Comité Organizador.

El broche final lo puso el encendido del pebetero. Kuniko Obinata, triple medallista en esquí alpino, Takeuchi Mashiko, exjugador de tenis de mesa y medallista de oro en Tokio’64, y Mayumi Narita, ganadora de quince oros en natación, entraron al estadio portando tres antorchas, que se las dieron a tres ciudadanos anónimos. Éstos, a su vez, se las entregaron a los deportistas paralímpicos Yui Kamichi (tenis), Shunsuke Uchida (boccia) y Karin Morisaki (halterofilia), que fueron los encargados de subir los últimos metros, en sus sillas de ruedas, para encender el pebetero. 

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