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Largo paseo primaveral por la Litera Alta

Partiendo de Calasanz y tras visitar su pozo de hielo y las salinas de Peralta de la Sal terminamos recorriendo el Barranco de Gabasa

En el Pozo de Hielo.
En el Pozo de Hielo.
PEÑA GUARA

El domingo pasado a las 9:30 horas llegábamos a Calasanz (Castillo Santo) y sin ponernos las mochilas nos fuimos a visitar su famoso “Pou de Chelo”. Alrededor de su llamativo óculo el amigo Pedro nos habló sobre la importancia económica y social que el hielo tuvo en siglos pasados y pudimos admirar su magnífico estado de conservación por dentro y por fuera.

Vueltos al bus, cargamos con las mochilas y recorrimos el pintoresco pueblo que con su marcada estructura defensiva medieval adapta sus estrechas y empinadas calles a la orografía del crestón rocoso donde se ubican su iglesia y su ermita-castillo. La vista sobre la comarca es espléndida

Por la calle de la Balsa tomamos un camino que entre olivares, almendreras, campos de cultivo y carrascas salteadas nos llevó a la ermita de La Ganza. Tras una breve parada proseguimos hasta llegar a la carretera y desviarnos poco después, siguiendo un indicador, a la Playa Fósil. Un muro natural que conserva las huellas del oleaje donde se sedimentó hace millones de años. Tras un corto tramo por carretera entramos en Peralta de la Sal donde almorzamos.

En este pueblo el año 1557 nació San José de Calasanz, patrón de los Maestros, pionero de la educación pública y fundador de las Escuelas Pías, Escolapios. Allí sobre su casa natal se edificó su Santuario, presidido por una gran estatua en bronce, y el Noviciado adaptado como centro de colonias y albergue juvenil en cuyos balcones ondeaban banderas ucranianas.

Cruzamos el rio Sosa y al remontar la hondonada se ve a lo lejos el torreón del Castillo de la Mora. Poco después nos desviamos a las famosas Salinas donde pudimos contemplar la retícula de “basetas o pozancas” donde quedaba la sal cuando el agua se evaporaba. Aunque hace años que no funcionan sigue siendo un paisaje atractivo y curioso que da idea de la importancia económica que en su día tuvo el comercio de la sal.

En algo más de dos kilómetros por un camino entre rocas calcáreas y parcelas aterrazadas, llegamos a la parte baja del barranco de Gabasa. El barranco de la Paúl es un Ecotono, así se llama a un espacio de transición natural entre dos ecosistemas muy diferentes con respecto a su biodiversidad. Las condiciones de humedad, temperatura y umbría que configuran los escarpes rocosos de la montaña dan lugar a una exuberante y variadísima vegetación.

Recorrimos la zona inferior hasta llegar al fotogénico puente por el que se accede al pueblo de Gabasa. Cruzado éste se inicia el tramo superior del barranco que comienza con un llamativo estanque con abundantes plantas acuáticas. La senda muy pintoresca, jalonada de bancos, mesas y carteles explicativos de la flora y fauna, llega a la Cascada de Santa Ana por donde el agua se precipita por una pared de toscas. El otro día perdía parte de su encanto pues bajaba muy poca agua.

Volvimos a descender por el barranco para cruzar el pueblo de Gabasa donde nos esperaba el bus para ir a comer a Peralta. Eran las dos y media. El recorrido de 14 kilómetros lo hicimos en algo más de 3 horas netas caminando salvando un desnivel acumulado de casi 300 metros.

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