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Bajo la sombra de las hayas

La excursión de Pequeguara disfrutó de lo lindo tras cruzar la frontera con Francia en el frondoso Bosque de Lazaque 

Los pequeños excursionistas, durante la marcha.
Los pequeños excursionistas, durante la marcha.
PEÑA GUARA

HUESCA.- Pero también abetos, acebos, y demás habitantes del frondoso Bosque de Lazaque. Calor, agobio, bochornera, chicharrina habían sido las palabras más repetidas durante la semana, pero éste domingo la pertinaz calorina no vino a la excursíon de la Pequeguara. Calor sí que encontramos y mucho, pero calor agradable y acogedor, calor humano y entusiasta, calor didáctico y profesional entre todo el personal de mantenimiento del Túnel del Somport durante la visita guiada que hicimos a sus instalaciones.

Pero eso fué después, que aquí se viene a patear. Y pateamos, vaya si pateamos aunque más propiamente deberíamos decir «nous marchons». Y es que la Pequeguara se fué a Francia. Dejábamos atrás el col du Somport para llegar al Chalet Cadier. En éste punto comenzábamos a caminar, confluencia del Camino de Santiago con la HRP, Haute Route Pyrénéenne. El cielo estaba gris, las predicciones metereológicas habían empeorado, gotas gordas de lluvia ocasionales y un constante y fresco viento del sur fueron nuestros acompañantes al comenzar. 

Remontamos trescientos metros de desnivel con el verdor del valle del Aspe y el gris nevado de los picos de Aspe, Borau, Garganta y Bozo. Los tonos rojizos del Acué, la muralla de Secús con el Bisaurín asomando y hasta el Castillo de Acher en el poniente. Y a nuestros pies novecientos metros más abajo en una fuertísima pendiente tapizada de árboles, la antigua estación ferroviaría de Les Forges d´Abel. El bosque se hace túnel, a veces se abre y se amplia el paisaje, territorio de sarrios que corretean a nuestro alrededor, el sendero que iba hacia el norte gira al este y cambiamos de paisaje cuando llegamos al Col de Lazaque, estamos a 1,700 metros de altura y las praderas se alzan vertiginosas hasta las cimas de Hourquette, Arnousse, Benou, Beloncheise, Escalar y el pico de los Monjes. En el fondo del valle orientado al norte una solitaria cabaña pastoril y nuevamente el bosque. El entorno es totalmente idílico. 

Desde el collado de Lazaque ya es todo bajada, el bosque se tuneliza de nuevo hasta poco antes de la cabaña, donde nos desviamos de la HRP para seguir un breve rato por pista, hasta que un minimalista cartel indica que hacia la izquierda se llega al Pont d'Arnousse por una senda que a tramos desaparece, una frágil pasarela cruza el Ruisseau d´Arnousse y volvemos al túnel de hayas, la senda se difumina y cuando parece que estamos definitivamente perdidos nos damos de bruces con una fantástica pasarela metálica colgante de veinte metros de luz. Ahora la senda ya está más clara y en poco rato un enorme puente ferroviario nos indica el lugar dónde nos espera el bus.

Tanto túnel vegetal, tánto rato sin ver el cielo no fué para tánto, teníamos ganas de más túnel y para allí que nos fuimos. A visitar una maravilla técnica, constructiva y desconocida como es el túnel internacional del Somport. Y si la obra es impresionante, hacerlo de la mano de dos cicerones excepcionales como son Alberto Miguel Cano e Ignacio García Cavero es además amena, didactica y entretenida sin olvidar de agradecer también al resto del personal de mantenimiento y personal de primera intervención. El largo día con sus poco más de 9 kilómetros de «route» (lo mismo que el túnel del Somport) más la visita, fueron del total agrado de los 37 participantes de esta Pequeguara tan especial.

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