SD Huesca

HUESCA-ALAVÉS - LA OPINIÓN

El mosaico que perfila Francisco cada jornada es admirable aunque no milagroso

El equipo se adapta a las múltiples adversidades que cada día sobrevienen a sus empeños

El mosaico que perfila Francisco cada jornada es admirable aunque no milagroso
El mosaico que perfila Francisco cada jornada es admirable aunque no milagroso

HUESCA.- Dentro del legítimo desencanto que provoca una derrota como la padecida ante el Alavés, no conviene perder la perspectiva y contextualizar la pérdida de 3 puntos que nos hubieran catapultado a la caricia del sueño.

Lo de este equipo es una lucha de titanes frente a todos los jinetes del Apocalipsis que imaginarse puedan más allá de los cuatro legendarios.

Combate con ánimo todas las lacras, se adapta a las múltiples adversidades que cada día sobrevienen a sus buenos empeños, pelea con denuedo frente a los enemigos externos y a las penurias propias, exprime su imaginación para adecuar cada pieza a un lugar para la que no ha sido diseñada.

Se podrá decir que no es milagroso, pero el mosaico que cada jornada perfila Francisco es admirable. Por eso compite con equipos que están instalados en zona europea, ora por lo vistoso de su fútbol, ora por el pragmatismo que al final también es virtud.

Ante el Alavés, Francisco y su alter ego Jaime Ramos introdujeron novedades, buscaron soluciones, se sobrepusieron a la fatalidad de la lesión de Miramón y a la exhibición de incompetencia de ese dueto manifiestamente falible que es el del árbitro y el VAR. ¡Dónde va a comparar!

En estéreo se pifia mucho mejor, y si hay un error se compensa con otro. Un petardo doble para un resultado neutro y la desesperación de la justicia en su caprichosa balanza.

El fútbol se decanta de uno u otro bando a veces por detalles. Este sábado al Huesca le tocó dominar la posesión de balón, que en absoluto es garantía de nada si no se acierta. Si las oportunidades de Gallar o Cucho hubieran entrado, quizás ahora entonaríamos otra canción.

Los triunfos exigen la ecuación de un gol más que el rival. Pero toca remar y soñar con ese día en que todos, al levantar la vista, veamos la plenitud de condiciones y oportunidades. Y entonces, valoraremos este tiempo de calamidades sin reblar.

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