SD Huesca

MIRANDÉS-HUESCA - OPINIÓN

Nos engañan... pero yo sí creo

Nos engañan... pero yo sí creo
Nos engañan... pero yo sí creo

D E NO SER porque la transparencia impera en todo medio de comunicación, dan ganas de no recoger las declaraciones de los entrenadores rivales del Huesca. Si estuvieran en lo cierto, estaríamos ya de veraneo, con el ascenso en la mano y una ventaja salvaje por la superioridad aplastante de la plantilla más amplia y de mayor calidad de la categoría, la que más propone, la que mejor mueve el balón, la que acapara la posesión,...

En la guerra, desde el arte que describió Sun Tzu, se intenta confundir al enemigo, que se confíe, que piense que tiene ganadas las batallas y hasta media contienda, para, finalmente, envolverlo y derrotarlo. Da igual el número de efectivos, su cualificación, su músculo y su tecnología. Desde que el mundo es mundo, se cuentan por decenas los casos en los que el aparentemente débil utiliza estrategias inteligentes para paliar su presunta fragilidad. Y esto, amigos, es lo que hoy penaliza al Huesca.

De poco sirve configurar una plantilla larguísima si los efectivos utilizados son pocos. Si da igual que lo hagas mal, que jugarás. Si no funciona un esquema, que se repite. Y, si se cambia, no chuta. Hoy, el Huesca es un cuadro... En el sentido peor del término. Con un físico inquietante, sin bagaje ofensivo, con renuncia a delanteros, con una defensa que cumple religiosamente con su cuota de pifias, con un centro del campo sin rotundidad. Hemos pasado del caviar a las sardinas llenas de espinas, sin más explicación. Y, claro, los de enfrente saben que, con poco, pueden cobrarse el máximo botín. Y que, si se adelantan, no hay respuesta. El alma está en el limbo.

Se avecina el derbi con los peores precedentes. Seguro que Víctor dirá que la plantilla del Huesca es colosal, vamos, la "armada invencible" del fútbol moderno de plata. No le crean. Tiene truco. Nos han tomado la medida muchos y Míchel ha de ser consciente de que ha de buscar un refuerzo anímico y de planteamiento si quiere que el domingo nos toque el Gordo. Juegan con la felicidad de una afición que merece más. Pero léanme: yo sí creo.

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