SD Huesca

FÚTBOL - SEGUNDA DIVISIÓN

El Huesca, un proyecto contra la fatalidad

El Huesca, un proyecto contra la fatalidad
El Huesca, un proyecto contra la fatalidad
V.L.

La ciudad tranquila, acogedora, simpática, modesta, empieza a difuminar a la vista de los ajenos tales virtudes cuando se le ocurre subirse a la jiba de quienes, llevados más por la vivencia de glorias pretéritas o de censos desbordados que por la capacidad de entender el ecosistema moderno y de dibujar un proyecto consistente. Para evitar suspicacias, baste remembrar el Osasuna nutrido de cesiones del Real Madrid en una relación estrecha... hasta el famoso 0-4 en el Bernabeu. La simpatía se convirtió en hostilidad.

Huesca había abandonado el pretil de la "cenicienta" y suscitaba una mirada de admiración en España y el mundo futbolístico, y a la par nutrió envidias. Quien vive en ese estado de celos sufre y acaba deleitándose cuando las rosas se vuelven espinas. El caso judicial del yogur representó no sólo un manto de tristeza para toda la provincia de Huesca, sino también un "cierto" resarcimiento de quienes no anhelan sino el mal de quien abraza el éxito. Al fin y al cabo, es el deporte nacional.

Esas semanas de zozobra, redivivas en la secuencia reciente de la fase dos, engendró en no pocos conciudadanos una sensación terrible. El final del sueño de una noche de verano. Aseguraba Séneca que existe el destino, la fatalidad y el azar, lo imprevisible y, por otro lado, lo ya determinado. Y, como hay azar y como hay destino, filosofemos.

El Huesca eligió bien a su filósofo, Míchel Sánchez, firme en su decisión pese a las horribles turbulencias, coherente en medio de la complejidad rayana en la misión imposible de configurar un equipo competitivo. A él le debe la afición altoaragonesa (sí, es como mínimo el club de toda la provincia) la resistencia a las tormentas, esa suerte de fortuna de quien identifica el puerto al que se dirige y por tanto es capaz de detectar los vientos favorables, como sentenció Schopenhauer.

El Huesca, impoluto en sus valores por más que ahora se esté sustanciando un asunto en los tribunales (para alborozo de desmemoriados, prueba de ignorantes e inquietud de responsables), sostiene su fortaleza en la humildad, cualidad que Ernest Hemingway estimó cimiento de la sabiduría, del poder y del conocimiento.

Desde ese escenario, el equipo aragonés (sí, compañeros de la ciudad-Estado, lo es) ha crecido poco a poco desde el escepticismo de las primeras evoluciones de la temporada hasta la ilusión razonada y la esperanza que se reflejaba en los ojos de los aficionados el domingo. Los agoreros de finales de agosto obran hoy, con el efecto magnético del furor del converso, como los principales creyentes en un nuevo milagro.

El crecimiento del Huesca en los últimos años ha sido exponencial, bárbaro. Sin renunciar a los tiempos en los que visitaba con la satisfacción de disputar con otros clubes Monzalbarba, Sabiñánigo o Teruel. Regresar con la memoria al pasado con una sonrisa es una manera de entender la esencia de un club respetuoso, que da la bienvenida a quienes ponen a prueba su hospitalidad, que aplaude a su afición y le desea feliz viaje, que estrena brazalete para cada desplazamiento. Empatía pura, concepción inmaculada de los sentimientos deportivos como herramientas de convivencia, que no de confrontación.

Hoy, Huesca está rodeado con rotulador rojo en los compromisos más importantes de equipos de poblaciones densísimas. Ha roto, como Eibar, Leganés, Villarreal y tantos y tantos paradigmas de nuestro fútbol patrio, los privilegios inmovilistas de la aristocracia. Y el secreto a voces, para que se preocupen los odiadores y entren en júbilo los simpatizantes, es que aquí hay un proyecto. Que florecerán los frutos en mayo de 2020, de 2021 o cuando sea, pero las golondrinas de la celebración del retorno a la mejor liga del mundo revolotearán de nuevo.

Es cierto. Por momentos, nos hemos deprimido. Pero Huesca resurge con la convicción de Baudelaire de que la fatalidad posee una cierta elasticidad que se suele llamar libertad humana. Estas fiestas son felices.

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