Huesca

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Comercios que esconden secretos de siglos pasados

La ruta organizada por la Asociación de Comerciantes explicó anécdotas e historias de las tiendas del Coso Bajo

Comercios que esconden secretos de siglos pasados
Comercios que esconden secretos de siglos pasados
P.S.

HUESCA.- Una visita teatralizada rescató del olvido las costumbres y curiosidades ligadas al comercio oscense de los siglos XIX y XX. Las dos rutas -una a las once de la mañana; la segunda, hora y media más tarde- estaban organizadas por la Asociación de Comerciantes dentro de su cambio de marca e imagen y recorrieron el Coso Bajo parándose en cuatro lugares con especial significado para el comercio de siglos y décadas pasadas.

Vicente Lachén, en el papel de profesor de Historia, y Manuel López, como su becario, dieron a conocer anécdotas y hechos hoy casi en el olvido, como la proliferación de barberías hasta mediados del siglo pasado y los turnos hasta medianoche que hacían algunos sábados o las peripecias del que se cree que fue el primer testigo de Jehová en Huesca, Nemesio Orús (de la Relojería La Oriental), quien se salvó dos veces de ser fusilado por, en plena guerra, no querer ir al ejército por sus creencias religiosas.

El recorrido arrancó en la plaza Santo Domingo y la primera parada se dedicó a la Funeraria Bernués (hoy en la calle Fraga, a finales del XIX en pleno Coso Bajo) y a la citada Relojería La Oriental.

En el tránsito del siglo XIX al XX, la Funeraria Bernués no sólo era un negocio de pompas fúnebres -con ataúdes desde una peseta-, sino que también era representante de fuegos artificiales. Hoy sería impensable que un negocio en el que un taller lleno de madera para hacer las cajas mortuorias conviva a escasos metros de fuegos artificiales y pólvora, pero hace más de cien años estas cosas pasaban.

El relato de la vida de Nemesio Orús, propietario de la Relojería La Oriental y "el primer testigo de Jehová conocido en Huesca", dejó algunos de los momentos más impactantes. Orús también fue uno de los dos primeros objetores de conciencia y cuando fue llamado por el ejército nacional en plena Guerra Civil, su negativa hizo que le condenaran al paredón. "Pero no fue ejecutado porque su mujer era asistenta en la casa del capitán del pelotón de fusilamiento e intercedió", explicó Lachén.

Orús se fue a Barbastro y se repitió la historia -condena a muerte que no se ejecuta- y acabaría recalando finalmente en Barcelona, donde murió años después sin que los pelotones de fusilamiento tuvieran nada que ver.

TIENDAS PRECURSORAS DE LA FEDERACIÓN DE PESCA

La esquina del Coso Bajo con Goya fue el segundo receso y el profesor de Historia y su becario explicaron aquí las historias de La Casa del Fumador, la Sastrería Gerardo Mompradé y el taller Ovidio Rin.

La Casa del Fumador fue más que un establecimiento y con las tertulias y salidas para pescar que organizaba acabó convirtiéndose en "el antecedente de la Federación de Pesca", afirmó Lachén.

Esta tienda también sirvió para recordar que en aquel entonces los comercios ayudaban a organizar las fiestas y actividades sociales "porque entonces apenas había fondos públicos" para estos menesteres.

Hacerse un traje sin que el sastre tenga ningún contacto físico cuando toma las medidas. Este llamativo método era el que aplicaba Gerardo Mompradé en su sastrería. Lo trajo de sus estudios en una academia barcelonesa y consistía en tomar las medidas usando una serie de espejos y sin que mediara contacto alguno.

De taller de reparación y venta de bicis a vender los mejores vehículos de los años 20 y 30 (Ford, Chevrolet, Harley Davidson...) y tener sucursales en Zaragoza y Barcelona. Así evolucionó el negocio de Ovidio Rin, que al fallecer sin descendientes legó sus tiendas a los empleados. "Sólo queda una tienda en Zaragoza con el mismo nombre y los empleados aún tienen fotos de Ovidio, que era muy querido", aseguró Lachén.

Y de allí al cruce con "la Correría" para hablar de la sedería de Adrián Bonet y La Parisien. La primera aparecía en un libro de López Allué como la tienda que marcaba el final para una de las costumbres que aún perduran hoy, "hacer un Coso", mientras que la segunda se anunciaba en prensa con columnas que relataban "una historia truculenta y misteriosa en la que sus personajes acababan comprando" en esta tienda, que presumía de tener "siempre en stock 2.000 paraguas para una ciudad que tenía entonces 12.000 habitantes".

Las "Cuatro Esquinas" fue el punto final del recorrido con cuatro comercios como protagonistas: la farmacia de Manuel Camo, "la precursora de los todo a 100", La Única -y primera tienda en tener un rótulo luminoso en la ciudad, allá por los años 20-30 del siglo XX-, el comercio Atarés en la esquina de Nuevas Sederías o las muchas peluquerías que poblaban la arteria de la ciudad.

La farmacia de Camo dio pie para hablar de él, que "introdujo las tertulias en Huesca" y cuando los lugares que las acogían se quedaron pequeños, construyó el Casino.

Y otro salto a la cultura: de la familia Atarés proceden los hermanos Carlos y Antonio Saura, nietos por vía maternal.

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