Huesca

ASISTENCIA MÉDICA

El cirujano Enrique Crespo dirige desde hace seis años la enfermería de la plaza de toros de Huesca

Con su equipo practica 'cirugía de guerra junto al ruedo" y atendieron la cogida de Paquirri en 2015 o la del subalterno Javier Gómez el día 12 y también asisten en las vaquillas

El Ayuntamiento de Huesca suspende el proceso de adjudicación de la feria taurina, que comenzará de cero
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P.S.

HUESCA.- Este toro tiene peligro. Esa primera impresión de cuando irrumpe en el ruedo no solo pone en alerta al torero sino al equipo de la enfermería. Nunca se sabe en caso de una cornada dónde será, qué trayecto seguirá o qué va a romper, pero observar al toro... les da mucha información. Por eso siguen las corridas desde el callejón para adelantase a lo que se van a encontrar en la mesa de operaciones. Lo primero que vieron cuando metieron a Paquirri en la camilla (en la cogida de 2015 en Huesca) es que se le salían los intestinos. "Aunque su vida no corrió peligro en ningún momento, tuvo mucha suerte", recuerda el cirujano Enrique Crespo, jefe médico de la plaza de toros.

"En ningún momento temimos por su vida, pero dos centímetros más (de cornada) y podría haber muerto en la misma plaza", insiste el anestesiólogo José María Velasco. Fue la cogida más grave a la que este equipo de la plaza de toros de Huesca se ha enfrentado y Francisco Rivera no olvida que aquí pudo perder la vida.

Por aquello de que nunca saben a qué se van a enfrentar, hay quien la denomina "cirugía de guerra", pero en realidad es "cirugía taurina" y, aunque no exista la especialidad como tal, se necesitan especialistas. El traumatólogo Enrique Crespo lleva 40 años y Eduardo Hevia, con quien siempre van en equipo, 34. Aún les supera el anestesiólogo, José María Velasco, y completa el equipo de médicos el traumatólogo oscense José Ángel Velilla, que lleva 32. Estos dos últimos atendieron también en Huesca la cogida de Morante de la Puebla en 2013, "una cornada que le peló el fémur por delante y por detrás", detalla Velilla, y sangraba mucho porque hay arterias muy finas. También fue grave la cogida de Serranito el día 11 del pasado año. Y, en esta feria, el quirófano se ha utilizado para intervenir al subalterno de Cayetano Rivera, Javier Gómez Pascual, que se recupera en la Clínica Montecanal de Zaragoza, la que corresponde por la mutua de esta plaza, y donde lo atiende el doctor Carlos Val-Carreres, una eminencia en este ámbito.

"Hay toros a los que se les ve el peligro nada más salir", recalca Velasco, quien asegura que en esta feria no ha habido ninguno como el primero de los recortadores. "Cuando estoy en el tendido me fijo en el toreo, en la muleta, pero cuando estoy en el burladero, me fijo en la cabeza del toro. Aunque toree de lujo, nunca le quito la mirada a la cabeza", detalla Crespo. Velilla y Velasco apuntan a que es muy interesante ver cómo reacciona el torero, cómo se levanta, para intuir lo ocurrido.

La intervención es inmediata y cada uno se pone a trabajar en lo suyo. "Lo más importante es mantener el orden", indica Crespo, y "saber quitarse la presión para trabajar", apostilla Hevia. De hecho, todos conocen a especialistas que han abandonado por no saber gestionar los nervios. En muchos casos, como el de Francisco Rivera, se añade la presión de ser un diestro mediático, apunta Velilla. Por ello, es importante que, como en Huesca, se controle el acceso a la enfermería para dejarlos trabajar. Y en cuanto a las instalaciones, aunque de aspecto son mejorables, resaltan los techos altos y la amplitud, que hacen que sea muy práctica y cómoda.

No están solos. El equipo de Huesca se completa con los enfermeros emergencistas, Silvia Marín y José Ignacio Sánchez, la enfermera oscense Ana Casbas, la instrumentista Ana Navarro y la auxiliar circulante Aurora Aguirre, quien habla de "cirugía de guerra". Son profesionales que tienen su trabajo durante el año en distintos hospitales o centros médicos y que dedican sus vacaciones a esta actividad. Por ello, pero no solo por eso, "también es importante que seas aficionado a los toros para afrontar este tirón, porque si tienes miedo y no entiendes lo que pasa en la fiesta...", señala Hevia.

A ellos se les ha unido este año para hacer prácticas el oscense y estudiante de 5º de Medicina, Pedro Lalueza, que se estrenó el día 13. "Me gusta mucho el mundo del toro y cuando me metí en la medicina y vi todo el mundo de la cirugía taurina, con profesionales muy formados, pensé en acompañarles. La dificultad es no saber qué te vas a encontrar, la urgencia y la responsabilidad de tener a un personalidad que se está jugando la vida", indica. También está en prácticas la estudiante de Enfermería, Loreto Ballester, quien admite que fue "un poco impactante" la intervención del subalterno.

"La gran ventaja es que cierras la herida en el momento, que va muy bien para la curación posterior", indica Hevia acerca de la cirugía taurina. Para Crespo, "el mayor avance son los métodos anestésicos, porque antes un señor que había comido no lo podías dormir. Hay cosas que se operan ahora con una anestesia general, que antes no se podía. Las cornadas se operan igual que hace 50 años: abrir, limpiar y dejar drenajes. Ese es el triunfo de la cirugía taurina", indica.

Y, claro, los toreros guardan el ayuno, pero los participantes en los festejos no solo han comido sino que en muchos casos llegan ebrios o drogados. Y está claro que en un encierro cada toro tiene más candidatos. Es ahí donde a veces se encuentran los peores casos, aunque no sean tan mediáticos, como un ojo perdido o un riñón arrancado. En las vaquillas de Huesca atienden, sobre todo, policontusiones. ¡Ojalá!, les dicen, en los accidentes de tráfico hubiera un equipo médico así a su disposición.

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