Huesca

OJO AVIZOR

A Faldriquera, una fascinante experiencia cultural en torno a la hermosa indumentaria tradicional aragonesa

María Ángel Buesa ha trasladado a la calle Canellas un comercio por el que pasan cientos de altoaragoneses y españoles para vestir los acontecimientos más emotivos

A Faldriquera, una fascinante experiencia cultural en torno a la hermosa indumentaria tradicional aragonesa
A Faldriquera, una fascinante experiencia cultural en torno a la hermosa indumentaria tradicional aragonesa
J.G.A.

HUESCA.- La diosa de la siembra ha cedido su espacio a la de la música, sea Euterpe, sea Afrodita, quizás más bien a la santa que fue Cecilia, la que inspira el lenguaje universal del folclore como raíz esencial de la cultura. Hoy, el alimento del espíritu alegra las fiestas y las cuitas de los aragoneses a través de una prenda humilde pero fundamental: la faltriquera, que en nuestra tierra se denomina A Faldriquera. Una pieza que va por delante y que guarda los mejores secretos del amor por la tierra, por sus esencias, por sus gentes. Toda una simbología que identifica a su suprema hacedora, María Ángel Buesa, que en la calle Canellas ha ampliado su pasión por la indumentaria tradicional como forma de expresión del carácter altoaragonés, en un traslado virtuoso en el que se acentúa el punto de misticismo que invita al silencio mientras se cincelan, más que se confeccionan, los trajes de los sueños de miles de feligreses que rinden tributo en sus desfiles a las entrañas de nuestra historia desde la que emergen los sueños de nuestro futuro.

"A Faldriquera es un espacio donde se aúnan pasado y presente, donde la búsqueda de la esencia de la forma de vestir de nuestros abuelos así como el respeto a la misma son dos premisas fundamentales para preservar la tradición. Un lugar donde la manera de vivir, de sentir y de pensar de nuestros antecesores son los rescoldos de un fuego que no debemos y que no queremos dejar apagar... en donde están arraigadas nuestras raíces. Un lugar donde se unen Historia y Tradición".

Esta bella y certera definición está incorporada en el frontal del final de A Faldriquera, elevado sobre los restos del anfiteatro romano de Osca, colofón de un tránsito por una tienda sin complejos que, además, es un escenario cultural y un homenaje a nuestros ancestros. A los propios y a todos los grandes que en la Jota con mayúsculas han enardecido nuestros ímpetus aragoneses y han impregnado de respeto y oración tantas y tantas veladas de recogimiento y exaltación, porque, en el folclore, tal dualidad no sólo no es contradictoria sino sencillamente complementaria.

María Ángel, una de esas personas que desprenden paz y serenidad, abre la puerta. Es distinta a aquella cuya llave asumió en 2014, cuando tomó el testigo de Pepa Ramón y María Carmen Corvinos. En números, A Faldriquera son 1.200 referencias, 300 pañuelos, sesenta trajes para alquilar, cientos de hilos, mantones, bastidores... Números cosidos por la sonrisa de la clientela y la ilusión de la emprendedora, por la mirada luminosa de niñas y niños, de padres orgullosos, de abuelas y abuelos empeñados en sellar sin respiro el compromiso con la tradición.

La visita camina sobre un parqué alegórico de los pavimentos romanos. Existe un halo de misticismo en la atmósfera, desde la discreta presencia de tres maniquíes a la derecha y dos a la izquierda con sus atuendos esplendorosos, y enfrente, coronando la sala, la nueva manifestación gráfica de A Faldriquera, más sugerente en sus líneas minimalistas que difuminan un aire etéreo, hermosísimo. En delicados rollos, decenas de telas muy cromáticas y de fina textura.

Existe una simbiosis entre un comercio que trasciende en su personalidad las rentabilidades y un museo para gozar con entusiasmo no sólo por la belleza, sino fundamentalmente por la autenticidad que rezuma. Incluso una pequeña biblioteca especializada, precedida por una discreta galería fotográfica que explica los hitos personales de María Ángel, su familia y grandes figuras del folclore, como Merche, viuda de Enrique de Ossó, y la gran Antonieta. Ellas fueron las que le "inocularon el veneno, que va entrando, entrando y ya no puedes escaparte de esta pasión". Imágenes de galardones como la Parrilla de Oro, la Pajarita de Oro, el de Cepyme, el reciente Germana de Foix, imágenes con Antonieta, con la familia... Y los "premios" vitales de María Ángel y Jesús Uriol, los vástagos de tan fructífera relación, Ramiro, Pedro y Loreto.

No es baladí el ofrecimiento de los libros a los visitantes. "Esto es más difícil que la ingeniería, hay que estudiar mucho y tratamos de rescatar todos los usos y prendas que podemos. Claro que existe un punto de creatividad, pero son fundamentales por un lado la cultura y por otro, el respeto".

UNA LECCIÓN DE DIVERSIDAD

María Ángel, en esta faceta que comparte con Tere Aliod, entiende perfectamente el valor de la diversidad en todos los sentidos, también en el social porque, de hecho, se involucra en un gran número de causas.

En la tienda, en la que ahora transitamos por la zona de niños ("son el futuro, no nos podemos permitir que se pierda su amor por la tierra de sus padres"), explica que trabajan fundamental, aunque no exclusivamente, con Aragón. Nuestra provincia es riquísima en manifestaciones que demandan una indumentaria específica. Por un lado, el Pirineo, con la exuberancia de Ansó o de Hecho, de Chistau, de Bielsa o de la Ribagorza; y de zonas más bajas, como Sariñena o Fraga. "Fraga tiene mucha personalidad, mucha riqueza en mantones, sedas, justillos y también en peinados como el picaporte fragatino". De los valles a las montañas, todos tienen sus texturas, sus colores, sus costumbres y hábitos que hay que respetar. En Hecho y Ansó tienen sus propias basquiñas, y en otros lugares como Fraga hacen el cuerpo con hasta siete faldas.

En realidad, señala María Ángel, cada composición obedece a los usos en la vida cotidiana o excepcional, si es para laboreo, para la rutina o para fiesta. Ansó ha hecho gala con su museo y su Exaltación del Traje Típico de esta universalidad, con indumentarias para bautizá o cristianá, para el diario de los críos, para la confirmación, con el saigüelo coloráu, en la fiesta de mullé, el treballo de mullé, de saigüelo para la misa de las mujeres, de cofradía, de novios, de padrinos o la exclusiva del alcalde.

UNA EXPERIENCIA

Previamente al área de niños, un probador de unas enormes dimensiones, "muy bueno para que todo el mundo se sienta cómodo y para que podamos hacer las correcciones y adaptaciones que son precisas. Queremos que el cliente que venga disfrute de toda una experiencia, porque un traje sirve para toda la vida, para la fiesta mayor de tu pueblo o ciudad, para los ritos religiosos o civiles, para ceremonias y, por supuesto, para las mairalesas y reinas de las fiestas". El Ayuntamiento de Sariñena, de hecho, se hace cargo de los trajes de sus mairalesas, pero hasta A Faldriquera llegan con sus padres las grandes protagonistas de los ciclos festivos de todo Aragón.

Junto a la zona de niños y el probador, se despliega la primera de las áreas de taller, con una máquina muy llamativa, una Refrey Transforma que es una verdadera joya histórica. La mirada se vuelve de nuevo al espacio infantil y al llamativo abanico de mantones que relucen e impresionan. Los chalecos y camisas quedan "vigilados" por el retrato de Ramiro y Loreto, igual que en otra pared es Pedro el que custodia algunos complementos.

A Faldriquera desprende historia, la propia de las murallas cuyas protecciones de cristal pisamos con cuidado y también los rincones plagados de grafismo en torno al folclore. Junto a las piedras del anfiteatro romano, se ubica otro taller, que está equipado con otra pieza exclusiva, una Singer antigua.

La ingeniera agrónoma y empresaria María Ángel, que ahora ha unificado con la tienda el techo que cobija las dos actividades, apenas cita en una ocasión que las ventas han caído un 80 % durante este complejo ejercicio. Su contagio es emocional y se concentra en bucear en las profundidades de nuestra historia y en paladear una sensación que pretende transmitir: "Esto es una liturgia, porque nos dedicamos a dar solución a todas las inquietudes y los anhelos con los que llegan los clientes. Es un momento único en su vida y todos nos ayudamos a abrir un poco la mente para encontrar lo que mejor les quede a todas y a todos, aquellas prendas con las que se sientan mejor, más identificados y más guapos".

Está muy orgullosa María Ángel de atender a todos de una manera tan personalizada, y también de servir a "todos los grupos folclóricos, que nos encargan indumentarias completas y también por piezas". Da igual que adquieran en propiedad o alquilen, que vengan a efectuar arreglos (el confinamiento ha hecho estragos), porque todos son acogidos con la misma amabilidad. Todos los momentos y todos los clientes, sin excepción, "son inspiradores y con ellos podemos poner en práctica también aquello que estamos aprendiendo a través de los testimonios orales o de los libros".

Es consciente María Ángel Buesa de que, con A Faldriquera, "contribuimos a dar un poco más de felicidad a la gente, y lo hacemos a través del lenguaje universal del folclore. Hablamos de cultura, del pasado que tenemos la obligación de trasladar a nuestros hijos para que sepan cuáles son sus señas de identidad, el esfuerzo de sus abuelos para transmitir sus conocimientos y su patrimonio".

Esta vocación, en una paradoja virtuosa, aloja un concepto de universalidad. A Faldriquera no conoce de fronteras ni de límites, porque entre sus espléndidas y entrañables paredes, con un gusto delicioso, recorren en leyendas y sueños los espíritus que vistieron los más bellos trajes. Los que posan tranquilos ante nuestros ojos.

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