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QUIÉN SOY

José Antonio Sola Romé: 25 años de taxi y 10 en los encierros de Pamplona

“Me gusta el trato con la gente, tengo un carácter abierto, dicharachero, lo que va bien para el taxi”

José Antonio Sola Romé
José Antonio Sola Romé
S.E.

José Antonio Sola Romé (1965) vivió en Ontinar de Salz hasta los 6 años, cuando su padre “compró casa y lote en otro pueblo de colonización, Valsalada”. Así entró en la provincia de Huesca, a través de esa pedanía de Almudévar, “donde, como buen empadronado, fui quinto y llevé la Virgen de la Corona, tan querida en ese pueblo”.

En COU paró su etapa formativa, aunque también preparó oposición de administrativo “en la Academia de Aurora Pascual, no aprobé pero lo intenté”. Hizo la ‘mili’ en Sevilla y “no vine a Huesca ni en Semana Santa ni para la Feria de Abril”. Eso sí, hubo permiso en San Lorenzo y “fue cuando conocí a mi mujer”.

Ya en Huesca, trabajos en Comercial Luyma, en la tienda de pinturas Hipopótamo; en un ciclo de granjas de cerdo; en Porta Labata con las gallinas; en Carivin… “Como era el último en entrar, cuando sobraba gente, me tocaba”.

Hasta que “me ofrecieron la licencia de taxi, en 1996. 25 años ya de taxista y aquí nos jubilaremos. Me gusta el trato con la gente, tengo una carácter abierto, dicharachero, lo que va bien para el taxi, que me ha dado estabilidad laboral. Te ganas la vida más o menos, y sabes que es un negocio que lo vas a traspasar y puede ser la jubilación”.

Es un gran aficionado al fútbol. Jugó en el Ontinar, “pero iba en moto, llegó el invierno y se hizo un poco duro”, y pasó al San Jorge. Es socio de la SD Huesca y de la Peña Fenómenos Oscenses. Si su primer equipo no está en Primera, Real Madrid y Osasuna son sus alternativas. Ha acompañado a los ‘blancos’ “a Amsterdam, París, Glasgow, Milán, Lisboa..., “casi siempre sin entrada, comprando en la reventa, si era posible. El único año con entrada fue en Glasgow, me dejó su carné de socio ‘Pepe el del Bocaccio’ y en el sorteo de entradas, me tocó una”.

Su otra gran afición, “los encierros, de toda la vida, que en mi pueblo natal, Ontinar, siempre ha habido encierros y había que correr, como en Zuera, El Temple, y en las becerradas de Huesca también hemos recortado bastante”.

En 2007, “conquisté a mi mujer para ir a Pamplona, ciudad que le enamoró, a las fiestas de San Fermín, y empecé a correr los encierros, que era mi sueño, era la Champions League”. Hasta 2012 “corrí un año sí un año no, y después ya todos seguidos”. Siempre en la cuesta de Santo Domingo. “Algunos moratones, rasguños, alguna camiseta rota y atención en la plaza Consistorial, me rompí un dedo del pie derecho”.

El año pasado vivieron en Pamplona los ‘no sanfermines’ el día 6 -“nunca habíamos ido en esa fecha porque no hay encierro”-, almorzaron en Estafeta “y estuvimos en la plaza Consistorial, en el ‘no chupinazo’. Este año, a ver qué pasa”.

Para estar en forma, “andar un poco y carreras explosivas, y llevo tres años haciendo carreras populares urbanas”. Probó en las de montaña, pero tiene mal recuerdo de La Moleta.

En su cuerpo, tres tatuajes con los ascensos del Huesca, los encierros y su hija, enfermera, una de las heroínas de la pandemia. Orgullo de padre. 

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