Huesca
en colaboración con la fundación agustín serrate

Un gran mural, ejemplo de aprovechamiento de habilidades en el centro de Día de Arcadia

Los terapeutas ocupacionales de Arcadia se apoyan en elementos de la comunidad como el arte o el deporte para reconectar a la persona con su proyecto vital.

El resurgir del Ave Fénix, la naturaleza como medio de vida y el momento de reunión son las claves del gran mural pintado por usuarios del Centro de Día de Arcadia en su sala polivalente y eso, precisamente, “es el ejemplo más visible para todos, tanto personas atendidas como profesionales, de aprovechar las habilidades y competencias que tienen las personas que sufren un trastorno mental grave”, reseña la terapeuta ocupacional del Centro de Día de Arcadia, Ana Pérez Sanz.

Y es que con el propósito de que sean independientes, en Arcadia se esfuerzan por el que los usuarios se sientan a gusto, escuchados y comprendidos.

De ahí, nace el último proyecto que se ha puesto en marcha y que ha desembocado en una completa transformación del Centro de Día hacia un espacio más confortable y en consonancia con los gustos de quienes lo disfrutan. Todo surgió sin proponérselo a partir de un taller de Arte Mural, que eligió coordinar Pérez Sanz, y que ha consistido en pintar toda una pared de la sala multiusos con sus inquietudes como protagonistas, un proyecto que no habría podido salir adelante sin “la colaboración de Adesho y Cadis como financiadores de la iniciativa, de Tere Sempere, de El Artelier, como técnica artística, del Departamento de Sanidad, que es quien cede las instalaciones a Arcadia, y de la terapeuta ocupacional Ana Pérez que es quien coordina el proyecto entero” apuntan desde la entidad.

Gracias a esta importante colaboración diez usuarios del centro entraron a formar parte de este taller en el que acordaron por unanimidad, después de un sano debate, ya que la idea inicial “era crear un un espacio de reflexión, de escucha activa, para decidir cómo quería ellos que fuera el centro, qué era importante que reflejase y que se sintieran a gusto aprovechando sus habilidades y capacidades” que ha sido el punto de partida de una completa transformación de todas las estancias del centro en la que actualmente están embarcados a la que se han sumado otros usuarios.

El mural representa a un Ave Fénix.
El mural representa a un Ave Fénix resurgiendo de sus cenizas.
Fundación Agustín Serrate

Por eso explica Ana que “la imagen del Ave Fénix resurgiendo de sus cenizas enseña su empoderamiento, mostrando que son capaces de levantarse tras una caída; la naturaleza, como medio en el que quieren convivir porque muchos vienen de largas temporadas encerrados en un hospital; y el momento de reunión, que son sus encuentros con los amigos y compañeros de aquí”, explica Ana y confirma que “los tres aspectos están muy relacionados con ellos”, indica la terapeuta, y se han tenido muy en cuenta sus capacidades.

Y tanto gustó esta iniciativa que “se vivieron arriba” y, tras un curso de formación, siguieron tras el mural pintando el resto de paredes, restaurando puertas y hasta renovando el mobiliario, a través del taller de serrería “que además esa interactuación les ha venido muy bien y se están sintiendo muy valorados”, subrayan desde Arcadia.

Generar espacios de encuentro

Y es que generar espacios donde puedan encontrarse los altoaragoneses que sufren alguna enfermedad mental es el objetivo de Arcadia que aplica un modelo de intervención comunitaria para la recuperación de la salud mental que es, precisamente, “lo que más nos diferencia de los centros más institucionalizados”, afirma la terapeuta ocupacional de Centro de Día oscense. Un lugar de encuentro que supone un claro ejemplo de dispositivo de rehabilitación psicosocial que ofrece el soporte necesario para una adecuada integración social de personas diagnosticadas con una enfermedad mental grave.

Este punto, cuyo objetivo es trabajar por la integración y la normalización, forma parte de una extensa red de atención sanitaria y social a ciudadanos de entre 18 y 65 años. En concreto, explica Pérez Sanz que “en este Centro de Día, lo que pretende la terapia ocupacional es reconectar a la persona con enfermedad mental grave, que son los que están aquí, con su proyecto vital y generar un sistema de oportunidades diversas que favorezca su recuperación para lo que nos apoyamos en elementos de la comunidad como son el arte, la cultura, la música o el deporte”. Y hace hincapié en que el método es el grupo, a pesar de que son necesarias, y se hacen, intervenciones individualizadas porque “aquí el peso es el conjunto” ya que lo más importante que se trabaja en este espacio de Arcadia “es la socialización, vinculación y adherencia al centro porque así es como podrán recuperar la ilusión y el control de sus vidas”.

La apariencia de sus instalaciones no dista mucho de cualquier otro club social, ya que cuenta con un amplio espacio que alberga una sala multiusos con máquinas de vending, mesas, sillas, sofás o televisión, otra sala más pequeña para el descanso o la lectura con sofás, la salita del café con una cafetera, un bonito patio interior con bancos para tomar el sol, aseos y despachos que es donde radica la diferencia porque los ocupan los terapeutas ocupaciones, un psicólogo o enfermeros. Siempre hay alguien presente, todos los días del año, ya que no cierra ni vacaciones, ni puentes ni fines de semana, que pueda atender a cualquier usuario en caso de que lo necesite en su amplio horario que comienza antes de las 8 de la mañana y finalizar alrededor de las 22 horas.

Este espacio es un respiro para muchos usuarios que se acercan un rato a charlar con otros usuarios que les entienden, a participar en algún taller o actividad organizada, a comer, ya que ofrece el servicio de comida y cena diarias, “aunque ahora hemos tenido que adaptar todo a la covid, el comedor ofrece tres turnos de comidas, las reuniones son con aforo reducido, entre otras cosas”, apuntan desde la fundación, o a saludar “porque es importante para algunos usuarios simplemente que vengan hasta aquí pasen a saludar y vuelvan a su casa porque, de otro modo, no saldrían y eso significa vestirse, lavarse la cara… una serie de obligaciones o rutinas necesarias”, indica Ana. Y es que “algunos tiene las habilidades más conservadas o tienen más reservorio porque hay personas de recorrido de la enfermedad de quince años, se lo diagnosticaron a los 20 y ahora tienen 45, toda esa tralla de vida que han llevado se les nota en las habilidades y lo que queremos es que, a pesar de eso, el resultado es que tienen capacidades si se les apoya y se les da su espacio. Lo bueno es que el grupo es muy variado y hay personas desde 23, la más joven, a más de 50” apostilla la terapeuta.

Recuerdan desde Arcadia, además, que “en muchos casos los usuarios vienen de una larga hospitalización y necesitan este espacio para recomponerse”, por eso hacen especial énfasis en la recuperación de habilidades sociales, cognitivas y físicas, pero sobre todo en la autogestión, es decir, que sean autónomos y puedan valerse por sí mismos en cosas tan habituales como estar pendientes de su medicación, para ello hay un taller específico donde, con la ayuda de enfermeras, son conscientes de a qué hora toca determinada píldora. “En este sentido, -revela Ana, que debemos tener en cuenta que, de media, toman unas doce pastillas diaria” y, también, se les instruye sobre la receta electrónica para que puedan ir a la farmacia a comprar sus fármacos, actividades habituales en su día a día.

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