Huesca

¿quién soy?

Lourdes Azón Belarre, una infancia entre libros y cuentos

“Mi padre cerraba corriendo la tienda para llegar a echarme a dormir y me contaba historias de cuando era pequeño”

Lourdes Azón Belarre.
Lourdes Azón Belarre.
S. E.

Había una vez una niña a la que lo que más le gustaba era oír las historias que contaban sus abuelos y sus padres. Relatos que le hacían reír o le ayudaban a dormir. Conforme se hacía mayor mantenía su amor por la narración oral y la lectura hasta que ella misma se convirtió en una cuentacuentos, Lü de Lürdes, que hace que los niños y niñas descubran el mundo, conozcan a seres fantásticos, jueguen, imaginen y aprendan.

Esa niña es Lourdes Azón Belarre, que nació en Huesca el 16 de octubre de 1980, dos meses antes de que sus padres, Mariano y Lourdes, abrieran la pescadería Pirineos en la plaza Lérida. Tiene un hermano mayor, José Carlos, y otro más pequeño, Sergio, y vivían en una casa donde los juegos eran el hilo conductor del día a día. Por eso, prefería quedarse que ir al colegio. “Ahora les pasa lo mismo a mis hijas, Iris y Naia. En casa no existe la palabra aburrimiento y sí muchas imaginación y creatividad”. De todas formas, era una buena alumna, “muy responsable”, recuerda, y en el colegio Santa Ana y luego en el Instituto Ramón y Cajal estuvo siempre rodeada de muy buenas amigas.

Sus padres jugaban con ellos siempre que podían. Cuando se lo pedía, su madre le contaba un cuento, y su padre -según relata- “siempre cerraba corriendo la tienda para llegar a echarme a dormir y me contaba historias de cuando era pequeño”. Unos relatos sobre su infancia en Grañén que le siguen pidiendo ahora sus nietos.

Pero es que en su familia “siempre se han contado muchas historias”. Muy a menudo iban todos a Bolea, a casa de sus abuelos. “Siempre vivíamos aventuras cogiendo setas, haciendo excursiones... Mi tío Carlos contaba anécdotas, chascarrillos, refranes, trabalenguas... Recuerdo reírme mucho”. Lo mismo su abuelo Carlos, con el que hacían muchas excursiones. “Era un narrador. Contaba historias increíbles, ponía voces, caras... Le gustaba acompañar a los turistas que acudían a la colegiata de Bolea y relatarles cualquier aventura”. También Lourdes mostraba sus dotes desde muy pequeña. Se había aprendido de memoria el libro de los oficios -que todavía guarda junto con una amplia colección de cuentos- y lo recitaba en Bolea a todos los que pasaban, que se quedaban asombrados.

En su infancia no le gustaba leer, pero se tumbaba al lado de su hermano y él lo hacía en voz alta. “Hasta que un día me dijo que lo leyera yo. Desde entonces no he parado de hacerlo. Es importante acompañar a los niños y niñas en el proceso de la lectura hasta que están preparadas para hacerlo solas”.

Aunque desde muy pequeña le decía a su madre que de mayor iba a tener una tienda e incluso le señalaba dónde, y que luego quiso ser maestra, cuando llegó el momento no se decidía y, por no perder el tiempo, se apuntó a un grado superior de Animación Sociocultural. Entró en el mundo de la animación y el teatro de calle de la mano de K de Calle y Artea Teatro, empresas en las que trabajó durante varios años. Allí conoció a Carmen con Guantes, cuentista que le inició en el mundo de la narración. Le gustó tanto que dejó todo por el mundo de los cuentos y lleva desde 2005 embarcada como Lü de Lürdes en múltiples espectáculos y proyectos por los que ha recibido varios reconocimientos.

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