Huesca

40 ANIVERSARIO DEL ESTATUTO DE ARAGÓN

Santiago Marraco: "Con la autonomía hemos entendido dónde estaba el núcleo de los problemas: el agua y las comunicaciones"

Expresidente de la DGA luchó por conseguir el autogobierno con el convencimiento de que las políticas son más efectivas cerca del ciudadano

Santiago Marraco.
Santiago Marraco.
Luis Correas/G. A.

Santiago Marraco (Canfranc, 1938) nació a pie de la Estación Internacional, un lugar en el que se fijó su abuelo, natural de Artieda, cuando pasaba caballerías a Francia. La familia levantó Casa Marraco, donde se crió jugando en francés o en español, en un lugar con gentes llegadas de todas partes. Por trueque con estancias en su casa, estudio en el colegio de Santo Tomás en Zaragoza y después ingresó en la Escuela de Ingenieros de Montes en Madrid, lo que le permitió conocer muy bien la provincia por la que fue diputado. Y ahí comenzó todo con el Partido Socialista. Vivió en Huesca hasta que fue nombrado presidente. Marchó a Zaragoza y, finalizada esta etapa, en 1987 asumió la dirección del Icona y otras responsabilidades técnicas hasta su jubilación en 1996. Ahora, reside de nuevo en Zaragoza. 

¿Qué balance hace de los 40 años del Estatuto de Autonomía de Aragón?

No sabríamos cómo hubiera evolucionado España sin autonomías, pero los estados federales, con una estructura descentralizada, funcionan mucho mejor, porque es más fácil así conectar con la ciudadanía, saber cuáles son sus necesidades y, sobre todo, cuáles son sus proyectos, cuáles son sus sueños. Eso hace más fácil aplicar las políticas, mientras que si el poder viene desde Madrid. Esa capacidad de estar más cerca de los ciudadanos es lo que hace más efectiva la política y la economía.

"La capacidad de estar más cerca de los ciudadanos es lo que hace más efectiva la política y la economía"

¿Y de su aportación?

—Uno nunca se queda conforme con lo que hace, pero fue muy interesante porque me formó como persona y en aquello que puede dejar huella hice las cosas lo mejor posible y, de alguna forma, ayudar a construir el Aragón que tenemos ahora.

¿Qué supuso el Estatuto para Aragón?

—La capacidad de gobernarnos a nosotros mismos, de tomar las decisiones por nosotros mismos. En aquella época, las cosas se decidían desde los ministerios de Madrid, al margen de lo que en cada comarca se pensaba que se debería hacer. La capacidad de autogobierno te permite elegir tu propio destino y marcarte sus propias metas. No quiere decir que lo que te pueden decir los de fuera no sea bueno, pero es mejor hacer lo que queremos porque le ponemos ilusión y, entonces, las dificultades se salvan mejor.

¿Ha aumentado el sentimiento como aragoneses?

—Sí, pero el sentimiento no tiene nada que ver con los nacionalismos, es una identificación con tu entorno, paisaje y cultura, y eso te ata a la tierra. Si entiendes que los proyectos favorecen lo que amas, es más fácil resolver las dificultades. Cuando ese sentimiento se entiende como que eres superior a los demás y que no tienen derecho a estar en tu tierra, eso no es ni democrático ni humano. Los aragoneses somos conscientes de que la Corona de Aragón fue una parte fundamental en la unidad de España, y sabemos que al otro lado del Pirineo también hay gente. Tenemos esa doble voluntad de pertenecer a España y a Europa.

Santiago Marraco.
Santiago Marraco.
Luis Correas/Gobierno de Aragón.
"Los tres retos de futuro son: agua, alimentación y energía. Tenemos la capacidad de producir alimentos y transformarlos"

¿En la práctica, ha sido beneficiosa la autonomía?

—Sí, porque hemos entendido dónde estaba el núcleo de los problemas más gordos que teníamos: agua, comunicaciones, relaciones con Francia... Zaragoza desde tiempos de los romanos es el centro económico del valle del Ebro desde la costa hasta el interior.

Pero se critica el centralismo.

—Es inevitable, pero no entiendo que se siga pensando en provincias dentro de Aragón. Uno se siente de su provincia, pero no tiene nada que ver el Pirineo con Monegros o La Litera. Es una división artificial que se ha consolidado porque es la circunscripción electoral de las Elecciones Generales.

Una de las reformas del Estatuto que se plantea es la representación de las provincias.

—Ese tema está en el debate del inicio del Estatuto de Autonomía. Los primeros que se reúnen forman parte de una asamblea reducida entre senadores, diputados… se juntan para tratar de elaborar un texto de Estatuto, pero no se ponen de acuerdo en 1979. Una vez aprobada se reúnen ya y empiezan. Se quedó en vía muerta la solicitud por el artículo 151, la vía rápida. A País Vasco y Cataluña se lo dieron, y no por los derechos adquiridos; y en Galicia tampoco.

¿Y en Aragón?

—Los ayuntamientos tenían que pronunciarse y en Teruel no se llegó a la mayoría porque la instrucción de UCD era parar las autonomías. Aragón se quedó en una situación precaria, y se tomó la iniciativa de crear la Mesa de Partidos. No podía ser solo que UCD, Alianza Popular, el PSOE... se cocieran una cosa habiendo otros partidos con representación y fuerza como el Comunista, también había carlistas... La Mesa fijó las bases, estableció el marco que facilitara la discusión, y funcionó. Se aprobó el Estatuto con dos enmiendas en cuanto a la representación: UCD, que decía que igual representación en las tres provincias y el PSOE, que apostaba por la proporcionalidad según la población. Llegamos a Madrid, pasó por el trámite de ponencia, y llegó al pleno con el tema sin cerrar. Tenía el compromiso en Madrid de conseguir, igual Canarias y la Comunidad Valenciana, una Ley Orgánica de Transferencias Complementarias, para mejorar la vía del 143. Pero UCD cedió con la condición de que no hubiera ley; y el PSOE optó por mantener la proporcionalidad renunciando a la ley que mejoraba el Estatuto.

¿Qué papel jugaba entonces?

—Era diputado por Huesca y el secretario general del Partido Socialista en Aragón.

¿Se arrepiente de no haber ido por el 151?

—No, pero fue una faena que nos hizo UCD, eso hay que tenerlo claro. En Madrid, en el pleno, en una negociación de pasillo con María Izquierdo Rojo, secretaria de Estado para las Comunidades con Felipe González, llegamos a un pacto con UCD y llegamos a una fórmula (Teruel 2,5 y Huesca 1,8) y de ahí hacemos el reparto de los escaños, pero nos impusieron como condición que Aragón no tendría la Ley Orgánica de Transferencias, fíjate los pelos que nos dejamos en la gatera con esta discusión. Históricamente la gente no sabe que quien nos bloqueó fue la derecha en Aragón. Entonces, ¿a qué viene abrir el melón ahora? ¿Pero es que el diputado de Teruel no se interesa por Aragón? ¿Se interesa solamente por Teruel? La circunscripción es para que estés cerca de tus votantes, les escuches y expliques qué se está haciendo, pero no tiene que ver con la provincia. El problema es que el mundo rural está en declive, no sabemos qué puede pasar. En definitiva el problema de la economía es la distancia a la que te tienes que mover, la clave son las comunicaciones, que si estás lejos de los mercados es difícil.

Es curioso cómo defiende un Estado descentralizado con las autonomías, pero dentro de Aragón, el centralismo de Zaragoza.

- No, siendo presidente del Gobierno de Aragón establecimos en cada cabecera de comarca una oficina del Gobierno de Aragón, no en la capital de provincia, que no tendría sentido. En cada comarca, que es adonde llega todo el mundo, los agentes de desarrollo, de extensión agraria, incluso el pago de tributos... Como ingeniero de montes, me he recorrido las mayores capitales de Aragón, pueblos de 2 o3 habitantes.

¿De qué se siente más orgulloso de su legado?

—Abrimos un debate importante del tema del agua, que ha sido una de las reivindicaciones de Aragón. No se pudo llevar adelante, porque el debate político estaba crispado por el tema de los pantanos y no conseguimos cerrarlo. Es evidente que para regar hay que regular el agua y eso supone construir pantanos, pero en aquel momento había unas presiones enormes por parte de las empresas hidroeléctricas. Lo que había detrás eran aprovechamientos hidroeléctricos, como el embalse de Jánovas, que al final no se hizo. Pero el impacto que han tenido sobre el Alto Aragón ha sido tremendo. Conseguimos racionalizar ese debate entre para qué servían los embalses y la intención que había detrás. Sobre todo, es que 40 años después se está haciendo, conseguir regular el agua dentro de los propios sistemas beneficiarios de los regadíos, que era la filosofía que lanzábamos en ese momento. Se empezó con el Canal de Aragón y Cataluña, con el pantano de Campo, que al final no se hizo; y lo hace Riegos del Altoaragón con Monegros y Almudévar. Que de alguna manera se dejaran de sacrificar los valles de montaña. El PAR hacía bandera del agua y no quiso entrar en la mesa, pero hubiera sido una oportunidad. En aquel momento se estaba redactando la Ley del Agua y podríamos haber dejado nuestra impronta.

¿Cómo ha visto la evolución?

—Al final, el tiempo nos ha dado la razón, tanto en esto como en los problemas de la energía. Desde el primer momento planteábamos que los sistemas de riego tenían que producir su propia energía. La energía es un reto de futuro, un sector estratégico, y las comunicaciones, la batalla por reabrir el canfranero con ancho europeo.

Nació junto a la estación de Canfranc, en Casa Marraco, ¿convencido de la reapertura?

—Hay que reabrirlo con ancho europeo hasta Zaragoza, de forma que todos los trenes puedan entrar hasta el gran centro de distribución que es la capital aragonesa.

¿Y la Travesía Central Pirenaica (TCP)?

—Eso es difícil porque la conexión a través del Pirineo no es para pasajeros y un túnel de base es una utopía, serviría para alta velocidad si hubiera mucha población a ambos lados. Zaragoza respecto a Aragón es un poco como Madrid con respecto a España, al estar en el centro, las comunicaciones son radiales, hay que hacer circunvalaciones. Ese proyecto lo dejamos nosotros planteado y se va ejecutando. Tenemos un territorio difícil pero con el regadío, por su ubicación, tenemos que aprovechar esos valores.

¿La logística es una buena apuesta?

—Zaragoza es un cruce de caminos desde la época de los romanos y tenemos que aprovechar lo que los economistas llaman rentas de situación. Lo único que le faltaría a Zaragoza para ser un emporio es un puerto marítimo.

Defiende mucho el sector primario, ¿es el futuro?

—Los tres retos de futuro son: agua, alimentación y energía. Tenemos capacidad para producir alimentos y hacer transformaciones. Los mataderos generan un empleo tremendo y estamos en un punto en el que hay que elegir dos tipos de agricultura: el de las grandes empresas con capital ajeno al campo que va a maximizar sus beneficios sacrificando lo que sea o la agricultura familiar, por la que hay que apostar, por los empresarios del campo, no por colonos. En Monegros, muchos agricultores están atentos al mercado, introducen nuevas tecnologías y son punteros. Hay algo que lo confirma, que son los centros de investigación que hay en Aragón: Aula Dei, Universidad de Zaragoza, el Cita... Tenemos un potencial de investigación tremendo.

¿Qué retos tiene ahora la Comunidad para desarrollar a partir del Estatuto?

—Tenemos lo que queremos en nuestro estatuto, todos los instrumentos para desarrollar las políticas. El presidente Javier Lambán lanza un mensaje de desarrollar un proyecto a largo plazo para Aragón, para sentar a todas las fuerzas políticas para conseguir todo el potencial. Sería trazar un plan de futuro consensuado por todas las fuerzas políticas, tenemos que hacer ese diseño y cada uno que haga una parte porque sacaría del debate asuntos en los que estamos de acuerdo

"Los Juegos Olímpicos están enquistados y no nos los darán"

Con la candidatura de los Juegos Olímpicos, ¿qué se puede hacer?

-Está el tema enquistado y lo que supone que no nos los darán.

¿Ha perdido la esperanza?

-Creo que es la tercera o cuarta vez que pedimos los Juegos Olímpicos para la zona de Jaca, para Aragón. Siendo yo presidente se hizo una petición, pero desde entonces el movimiento olímpico ha cambiado mucho, porque ahora el COI (Comité Olímpo Internacional) ayuda a financiar las infraestructuras y antes había que pagarlo todo.

¿Cuál es el principal escollo?

-Con Pascual Maragall y José Montilla como presidentes, se llegó a un acuerdo por una candidatura con Aragón y Cataluña, porque había más posibilidades de ofrecer pistas homologables. Lo que pasa ahora es que esto se mezcla con los intereses de los independentistas en Cataluña, que quieren unas olimpiadas catalanas y por eso están poniendo todas las dificultades. Se habló de hacer pruebas masculinas en Cataluña y femeninas en Aragón, que podía ser una solución. Dejan el esquí de fondo para Candanchú, porque ellos no tienen pistas. Es una tomadura de pelo.

¿Usted sigue esquiando?

-Sí, este invierno me estuve divirtiendo.

¿Cuál es su estación habitual?

-Astún. Tengo un apartamento y es muy cómodo, me quito los esquís en la puerta.

¿Cómo ve la evolución del sector? Porque vería nacer las estaciones.

-El proyecto de Astún lo hice yo. El Ayuntamiento de Jaca, siendo alcalde Armando Abadía, sacó un concurso de ideas y me presenté con un amigo arquitecto. La idea es original, pero está a medio hacer. El problema que tienen las estaciones son los coches. En todas las pirenaicas, el fondo del valle es un río que corta las dos laderas y para pasar de una a la otra hay que cubrir el barranco. En Astún pensé en un aparcamiento subterráneo y la urbanización compacta conectada. Cuando se hizo Cerler, como ocupaban montes públicos y los llevaba yo como ingeniero, estuve con Ramón Cuscó, representante de los empresarios catalanes que desarrollaron la estación, trazando pistas para tocar lo más mínimo el paisaje. La carretera al Ampriu es una pista que hice para los ganaderos, pensando en que era la ampliación natural de Cerler. He estado participando en el desarrollo de las estaciones de esquí desde hace más de 50 años. 

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