Huesca

SAN LORENZO 2022

Un mar de pañoletas ondea al unísono al entonar el adiós

La despedida al santo abarrotó el exterior de la Basílica en el último acto festivo

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Cuando el 9 de agosto los oscenses salieron a la calle dispuestos a disfrutar y exprimir al máximo cada minuto de las fiestas parecía que siete días iban a dar para mucho, pero anoche ante la Basílica de San Lorenzo se sentía que la semana había pasado volando y que el final había llegado demasiado pronto.

El primer día, cuando se tomó la ciudad con la indumentaria laurentina recién sacada de los cajones en los que dormía desde 2019, el sentimiento que reinaba era la alegría y las ganas de volver a disfrutar, de recuperar el tiempo perdido. Este lunes, vistiendo por última vez de blanco y verde y con la pañoleta todavía anudada al cuello, predominaba la tristeza por el fin de unas fiestas que han sabido a poco y la emoción de estar de nuevo ante el patrón de la ciudad.

Después de un día tranquilo que muchos habían dedicado a pasar en familia, y tras una multitudinaria ofrenda de flores que copó la principal arteria de la ciudad, ya de noche, bajo el manto de una luna menguante y las luces que decoran las calles, los oscenses se fueron acercando a al templo, algunos lo hacían con más de una hora de tiempo para vivir en primera fila este acto que cada año congrega a más personas.

Si la tónica de estos días ha sido la presencia masiva -incluso de récord- en gran parte de las actividades, anoche en el que es uno de los actos más multitudinarios no cabía ni una persona más, todos con gran emoción esperaron el momento en el que se abrió la puerta de la Basílica y junto a la parrilla que luce las flores y el albahaca de la ofrenda, se situó el busto de San Lorenzo.

Los oscenses, con las pañoletas en alto, han cantado el himno de la despedida al santo.
Los oscenses, con las pañoletas en alto, han cantado el himno de la despedida al santo.
Verónica Lacasa

Con emoción contenida y con un nudo en la garganta los oscenses alzaron su pañoleta y empezaron a entonar al unísono “Adiós San Lorenzo, adiós, las peñas están aquí...”, y mientras, más de una lágrima rodaba por sus mejillas y sentían un vuelco en sus estómagos.

La plaza se convirtió en una sola voz al tiempo que una marea verde ondeaba al ritmo de la música hasta el santo volvió al interior de la iglesia y los presentes alzaron su voz para corear esta vez un ¡Viva San Lorenzo!, y luego de manera ordenada abandonaron la plaza.  

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