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Alberto Sabio Alcutén: “Lo que más me gusta es la simbiosis de la gente con la tierra”

Nacido en Monzón, es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza y director del Instituto de Estudios Altoaragoneses

Alberto Sabio
Alberto Sabio
N. C.

Alberto Sabio Alcutén, nacido en la localidad altoaragonesa de Monzón, es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza y director del Instituto de Estudios Altoaragoneses, órgano científico que complementa la Comisión de Cultura de la Diputación Provincial de Huesca. Tiene numerosos trabajos publicados, aunque respecto a temas oscenses cabe señalar que ha escrito sobre los montes públicos, el paisaje pirenaico, los pueblos de colonización, el regadío, la transición de la dictadura.

¿Usted, que es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza, qué destaca del papel de la provincia de Huesca en la historia de Aragón?

—Estamos en tierra de frontera, desde el Aragón al Noguera Ribagorzana, con los Pirineos al fondo, que han sido una barrera a veces permeable y otras veces opaca. Desde Europa llegaron ideas democratizadoras a mediados del siglo XIX, antes que a muchas otras zonas de España, o innovaciones técnicas que desde el Alto Aragón irradiaron a otros territorios. Hay una indudable tradición liberal y aperturista, que intenta compaginar los cambios y la necesidad de abrirse al mundo con el respeto a las tradiciones más presentables.

¿Qué es el Alto Aragón, la provincia de Huesca, para usted?

—Soy feliz subiendo al Garmo Negro y a los granitos de Panticosa de hace millones de años o paseando por la ribera del Cinca en otoño. Pero lo que más me gusta es la simbiosis de la gente con la tierra, algo que ya subrayaba la Crónica medieval de San Juan de la Peña, o Jerónimo Zurita en el siglo XVI durante las Cortes de Monzón, o incluso Ignacio de Asso a finales del siglo XVIII.

El altoaragonés es…

—Pues supongo que hay altoaragoneses de distinto tipo y condición. No me seducen mucho los símbolos identitarios absolutos, y más si se enarbolan contra alguien.

Muchos altoaragoneses han demostrado ser innovadores y primeras figuras en sus disciplinas científicas, como Félix de Azara, Joaquín Costa, Ramón Acín o Cajal, que también tuvo infancia altoaragonesa y ya se sabe que la verdadera patria es la infancia.

¿El Instituto de Estudios Altoaragoneses (IEA), órgano científico complementario dentro del Área de Cultura de la Diputación Provincial de Huesca que usted dirige y que está vinculado al Consejo Superior de Investigaciones Científicas, qué hace en estos momentos para dinamizar la cultura altoaragonesa?

—Entendemos la cultura como un eje esencial de la democracia que ayuda a formar una sociedad de ciudadanos críticos. Y libres de pensar por sí mismos y de expresar su visión del mundo en el que viven. Esto es más necesario que nunca ante la velocidad de irradiación de los bulos. Por último, apostamos también por una visión de la cultura pegada a la vida social y económica de nuestra provincia y en la que las actividades culturales repercutan de forma positiva en materia de empleo, innovación y atracción de visitantes.

¿Cree que los altoaragoneses sabemos valorar y defender lo nuestro, el patrimonio histórico y natural que tenemos, nuestras tradiciones...?

—Si no lo defendemos los autóctonos, ¿quién lo va a defender? En estos tiempos de desasosiego, de pandemias, de guerras en Europa y de inflaciones ya casi olvidadas, tal vez debamos volver a la militancia cultural, al apego al territorio, al estudio microscópico pero sin olvidar el telescopio y la profundidad teórica. Me gusta particularmente la cultura engarzada en la tradición del municipalismo.

¿Cree que la falta de población es el gran problema de la provincia de Huesca?

—Somos pocos, pero nunca poco, dice el clásico. Poder teletrabajar con buena conexión desde el pueblo abre nuevas perspectivas. Se están haciendo cosas interesantes. Desconfío de algunos vendedores de mercancía averiada que tienen fórmulas mágicas para solucionar un tema tan complejo.

Tanto vertebrar bien el territorio como combatir la despoblación son asuntos del medio y largo plazo. Necesitamos ver más allá de la próxima elección. Es como en el ajedrez o en el dominó, que no se trata solo del próximo movimiento en la partida, sino de prever el siguiente y hasta el de más allá.

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